
La abrupta suba del tipo de cambio blue de los últimos días parece haber sorprendido a más de uno, cuando en realidad, si se siguen los datos de emisión monetaria, que en realidad reflejan la destrucción del valor del peso, no debería llamar la atención.
Se sabe que Argentina hace rato se quedó sin moneda, entendiendo como tal una mercadería que es aceptada ampliamente como medio de intercambio y reserva de valor, porque no cumple con ninguno de esos requisitos básicos, sólo se la utiliza para pequeñas transacciones.
Se argumenta que tanto en junio como en diciembre son meses en que aumenta la demanda de moneda. Sin embargo, si se acepta que eso significa que la gente quiere tener inmovilizada en su bolsillo mayor cantidad de pesos que lo habitual, por si acaso, entonces, no hay forma de medir cómo evoluciona la demanda de moneda, aunque se puede percibir.
Por ejemplo, cuando hay un aumento en la emisión de moneda y los precios suben, eso significa que está cayendo la demanda de moneda. Es el efecto de producir más pesos de los que la población quiere retener. O bien, que la oferta de pesos crece más rápido que la del resto de los bienes y servicios del conjunto de la economía.
En Argentina se da la particularidad que suele aumentar la oferta de moneda, caer la demanda de moneda y, al mismo tiempo, disminuir o crecer muy poco la oferta de bienes y servicios. En ese escenario es cuando se dispara la inflación y llega a niveles como los que tenemos actualmente o tal vez más altos en un futuro no muy lejano.
En diciembre 2021 se batió récord de emisión monetaria para financiar al Tesoro, pero solo mirando la base monetaria y tomando el promedio diario del mes la base monetaria y comparándolo con el promedio diario de noviembre se observa un crecimiento del 8,6%, algo que se refleja en la inflación núcleo como puede verse en el gráfico precedente.
Y cuando se miran los datos de los primeros 19 días de enero y se comparan con los de igual período de diciembre, se advierte una aceleración de ese proceso a 11,2%. De manera, que no debe llamar la atención que la inflación esté en niveles cada vez más altos y con tendencia a la suba y las cotizaciones de los tipos de cambios alternativos al oficial se disparen, porque responden a un escenario macroeconómico caótico y un contexto político que agrega más leña al fuego en términos de incertidumbre.
Ante semejante emisión de unos papeles pintados que nadie quiere y en este contexto de incertidumbre económica y política, la suba del blue hasta parece suave.
Así, la emisión del BCRA para financiar al Tesoro se consolida como el principal ingreso de la Administración Central y da lugar al llamado impuesto inflacionario, seguido por el IVA, Contribuciones Patronales, Aportes Personales, etc.
En otros términos, en diciembre, por cada peso de impuestos tradicionales que recibió el Tesoro para atender sus gastos, financió casi otro tanto con emisión monetaria -fue equivalente al 86% de los ingresos tributarios-.
La culpa es del Fondo
Mientras se observa este desmadre fiscal y monetario, el Presidente se ocupa de responsabilizar el acuerdo con el FMI de 2018 por todos los dramas económicos del país, y por tanto asegura que “no va a sacrificar el crecimiento por el ajuste que pide el FMI”. La realidad es que el ajuste lo está haciendo cuando autoriza aumentar por debajo de la tasa de inflación los salarios públicos y las jubilaciones.

Pero la pregunta que surge, ante tanta insistencia de gradualismo que quiere aplicar el gobierno para reducir el déficit, es la siguiente: ¿Cómo piensa financiar el Tesoro el déficit fiscal de aquí al 2027 que es cuando quiere llegar al equilibrio fiscal de acuerdo con los dichos del ministro Martín Guzmán?
Considerando que no hay margen para obtener muchos más recursos exprimiendo a los contribuyentes y que el mercado financiero internacional está cerrado para la Argentina con un índice de riesgo país de casi 2.000 puntos básicos, las únicas dos opciones que le queda para aplicar el gradualismo fiscal con que fracasó Cambiemos, son: 1) tomar más deuda interna en el mercado local, desplazando al sector privado del escaso crédito que queda, ya que entre el BCRA y el Tesoro se llevan lo poco que hay de ahorro interno y; 2) acudir a la “maquinita”, acelerando el proceso inflacionario.

Cualquiera de las dos opciones que elija, emitir o endeudarse en el mercado interno, conducirán a más inflación con más ajuste para el sector privado vía licuación del ingreso real o más gasto público por los intereses que habrá que pagar por el mayor stock de deuda. Mayor stock de deuda que se transformará mañana en un default o en una fenomenal emisión monetaria para pagarla.
En síntesis, con semejante expansión de la cantidad de dinero por sobre la demanda de los agentes económicos no debe sorprender que la cotización del dólar blue se haya disparado y que se dilate el acuerdo con el FMI considerando la tara ideológica que el kirchnerismo tiene con dicha institución.
El kirchnerismo subordina el bienestar de la población a mantener el discurso anti FMI que le gusta escuchar al núcleo duro de la coalición gobernante. Prevalece el discurso político de barricada por sobre la conveniencia de poner orden a la economía con o sin acuerdo con el Fondo Monetario.
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