La ausencia de acuerdos, reglas y medidas estables genera incertidumbre, falla central de la Argentina. En estas circunstancias, convenir la renovación de las obligaciones con FMI podría dar certezas y confianzas.
Gran parte de los comentaristas, legisladores y funcionarios parecen no haber leído ni la Constitución Nacional ni a Adam Smith en “La riqueza de las naciones”. La riqueza es consecuencia de la competencia especializada en desarrollar las habilidades individuales de la población. Conocimientos. Competencia apoyada en un entramado de reglas estables, iguales para todos. Lo contrario a la receta reiterada de conceder privilegios a particulares, que siempre perjudican a los excluidos, anoticien legisladores. Cada privilegio, ventaja, concedida conlleva montones de excluidos. Competencia, justicia, eficiencia, estabilidad de precios, significan: reglas conocidas, estables e iguales para todos. Coordinación pública privada, merced a instituciones transparentes. En las naciones avanzadas los precios se acuerdan en las diferentes transacciones particulares. Los funcionarios carecen de conocimientos para imponer precios en cada trato singular. El Estado es necesario en su justa actuación para actividades eficaces. Acordando reglas estables, iguales para todos, avanzan las libertades, justicia y competencia.
La ausencia de reglas y medidas estables denuncia falta de información, ignorancia, el alimento de la pobreza. En efecto, los conocimientos que avanzaron a los países más prósperos son aplicados en desigual intensidad en el mundo. Eso explica las brechas de ingresos de los países.
Los argentinos deben decidir a la velocidad impuesta por la inflación, sin pautas seguras. Cada uno hace estimaciones propias, tan inciertas como la falta de acuerdos y de reservas internaciones para sostener valores. Nadie está seguro de las oportunidades de negocios, empleos, qué puede hacer, por cuánto tiempo. La inflación agudiza la inestabilidad, recortando los contratos. Los precios, tarifas públicas, normas, varían constantemente a su compás. ¿Qué confianza pueden merecer gobiernos que estafan a su pueblo, a cara descubierta, entregando billetes que se deprecian en el tiempo? ¿Cómo plantear políticas de largo plazo cuando la inflación hace inciertas las normas, proyectos? Todos los contratantes se deprimen ante la depreciación de la moneda. La inflación desordena y empobrece.
Empecemos por el principio. La Constitución determina los gastos del Estado se financien con los impuestos y créditos sancionados por el Congreso (art. 4). Entonces, la emisión monetaria no es para financiar gastos del gobierno. Para ordenar las actividades, el primer paso es eliminar el déficit fiscal o, por lo menos, contenerlo en el monto de la financiación genuina disponible. Segundo, convenir una regla monetaria para el peso o, en su defecto, sustituirlo por el dólar. Los dos pasos facilitarían un rápido acuerdo con FMI, que no exige cancelar toda la deuda si no renovarla en el tiempo. De tal modo, el acuerdo no tendría porqué ser contractivo. Al contrario, la mayor certeza favorecería la expansión de las actividades e ingresos.
Persiste una idea conflictiva del FMI, entidad con fines benéficos, de la que la Argentina es socia desde 1956, integrante de la ONU. Con el incentivo de facilitar créditos, conforma auditorías y enseñanzas. Principalmente busca coherencia en aspectos financieros. Un rol similar al ente que autoriza edificaciones particulares, en los municipios, revisa que los planos y construcciones cumplan las especificaciones técnicas. No obstante, en política económica, las desavenencias e ignorancias son enormes en los países en desarrollo. Que, por eso, actualmente son sus beneficiarios exclusivos. Los desarrollados superaron esos conflictos y tienen mejores mercados.
La expansión monetaria imprevisible, sin normas de emisión estables, espanta a la demanda y hace que el peso pierda valor. Cuando preguntan si el dólar está caro (precios de los bienes baratos en dólares) una respuesta sería: ¿con qué inflación, emisión monetaria, reglas? Peor, los gobiernos suman obstrucciones a las actividades con impuestos, cepos a la compra de divisas, normas diferentes y cambiantes para la producción y adquisición de bienes y servicios. Los precios en dólares de los activos miden expectativas; quienes compran empresas indican competencias de habilidades privadas o de amigos.

El combo de los dos pasos: déficit fiscal cero y regla monetaria estable, tendría tanto impacto que, de ser sostenible en el tiempo, el valor del dólar libre podría caer hasta $100, la paridad oficial actual. Especialmente si liberasen de trabas arbitrarias los contratos laborales y transacciones con el exterior.
En 2019, el déficit fiscal primario era 0,4% del PBI. No es imposible volver a esas magnitudes. Pocas veces como ahora, el panorama exterior parece tan favorable a la Argentina con tasas de interés bajas (bono del Tesoro EEUU a 10 años rinde menos de 1,6% anual) y precios de la soja (arriba de 450 dólares la tonelada) y de otras exportaciones elevadas.
En todos los aspectos de la vida las violaciones son perjudiciales. También en economía, las violaciones de derechos individuales a la vida y propiedad empobrecen. En cambio, las liberaciones de obstáculos enriquecen a personas y sus pertenencias. La experiencia internacional confirma: las sociedades mas libres de trabas son mas prósperas, proveen oportunidades e ingresos mejores. Libertad de trabas significa reglas iguales y estables para todos. Justicia, Eficiencia y Competencia son expresiones diferentes de lo mismo.
La inflación es un impuesto no legislado a las tenencias de pesos y activos nominales. Como toda imposición forzada, es una violencia a las personas y propiedades particulares. Contra eso, y reconociendo los conocimientos no son exclusividad de algunos, las naciones que avanzaron dividen y fortalecen los poderes del Estado en Ejecutivo, Parlamentos y Justicia para alentar las decisiones privadas aceptables. La decadencia argentina resulta de contrariar las voluntades individuales en favor de elegidos. Los negocios atraen irrupciones sorpresivas, de agentes y poderosos, convidados de piedra siempre presentes. Funcionarios e influyentes se abren paso a la oportunidad del reparto; alteran continuamente los contratos privados. Inseguridad mayúscula.
En contraste, las naciones avanzadas se interesan y relevan periódicamente los sentimientos de la población. Miden cuan satisfecha está la gente y valoran si protegen los derechos individuales. Conforme la encuesta Standard Eurobarometer, de junio-julio 2021, el optimismo y confianza respecto del futuro de la UE está al máximo desde 2009. Dos tercios de los europeos confía la UE tomará las decisiones correctas en el futuro contra la pandemia.
Las naciones con normas homogéneas albergan menos conflictos y su gasto público es mas satisfactorio. Se abren al comercio y reducen las trabas al mínimo. Por eso consiguen los mayores ingresos por habitante. Si todas las naciones sufriesen iguales trabas tendrían iguales PBI/h. De verdad, el acuerdo con FMI abre una oportunidad.
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