
Desde que se conoció la noticia de que la firma australiana Fortescue realizaría una inversión por más de USD 8.400 millones en nuestro país, el hidrógeno verde se posicionó como uno de los temas del momento. Es importante entender bien de qué se trata y cuál es su potencial como para comprender aún más los beneficios que conlleva.
El hidrógeno verde es aquel que se obtiene a partir de alguna fuente de energía renovable. Su producción representa un gran potencial para nuestro país, ya que puede hacer un aporte significativo a la descarbonización de los procesos industriales, en el transporte terrestre, marítimo o aéreo. Por lo que, siguiendo este camino, podría sustituir paulatinamente a los combustibles fósiles.
En la Argentina contamos con una gran cantidad de recursos energéticos renovables con capacidad para producir hidrógeno a gran escala. Así se ve una gran oportunidad, dado que el excedente de producción podría exportarse, transformando una necesidad global en una posibilidad de desarrollo nacional. A priori, esto podría traducirse en puestos de trabajo calificado, capacitación a personal y producción de bienes de alto valor agregado.
¿Cuáles son las opciones que tenemos como país para exportar? Son distintas formas de exportación del hidrógeno según cada proceso. Un ejemplo de ello es que este gas puede ser utilizado para fabricar combustibles sintéticos. Así, en lugar de exportar el hidrógeno directamente, se lo puede combinar con dióxido de carbono obtenido de la atmósfera para fabricar un combustible como el metanol. O bien se puede fabricar amoníaco, que es la base de muchos fertilizantes y que también puede ser enviado a otros mercados. Todo dependerá de cuál sea el medio de transporte y del cliente que esté dispuesto a comprarlo.
Es imprescindible tener en cuenta que para producir hidrógeno hace falta energía eléctrica y agua. El punto de partida se centra en contar con energía renovable disponible en gran cantidad para producir electricidad y usarla en la electrólisis, por lo que la energía eléctrica tiene que ser principalmente de origen eólico o solar. Luego, en grandes plantas electrolizadoras se separan las moléculas del agua en hidrógeno y oxígeno.
En cuanto a los métodos de almacenamiento del hidrógeno, por ahora los principales a considerar son dos: a presión o de forma criogénica, licuándolo y llevándolo a una temperatura muy baja para transformarlo en líquido y transportarlo. Después habrá que hacer la logística para el transporte de la producción, que puede ser mediante hidroductos o bien mediante transporte terrestre.
Hoy hay muchas universidades en el mundo involucradas en investigaciones para el desarrollo de las tecnologías del hidrógeno. Desde hace algunos años en los laboratorios del ITBA se llevan a cabo iniciativas relacionadas con la producción de hidrógeno por electrólisis a alta presión sin uso de compresores con la intención de mejorar la eficiencia, simplificar las instalaciones y reducir los costos de inversión. Si bien el proceso productivo es muy conocido, no existen antecedentes en el mundo a esta escala, por lo que estamos frente a un desafío tecnológico inédito.
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