
Tras el golpe electoral sufrido por el oficialismo en las PASO y la posterior semana de parálisis, intriga y fuego amigo, el Gobierno se ha reagrupado tras un nuevo plan. El leitmotiv de la nueva estrategia se llama “poner platita en el bolsillo de la gente”.
No sólo será plata, sino también todo tipo de otras prestaciones. Hemos visto autoridades regalando heladeras, cocinas, bicicletas y otros enseres, que algunos son rápidamente ofrecidos por internet. También se ha lanzado un programa para pagar hasta el 50% del sueldo de las empleadas domésticas. Esto es absurdo. ¿Quién llegó a la conclusión que una familia con capacidad para tener una empleada doméstica necesita más asistencia que otra familia que no la tiene? En esta línea, una medida mucho más inteligente sería reducir los impuestos laborales para todos los trabajadores.
Antes de repasar los problemas económicos que este accionar traerá es bueno analizar estos programas desde un punto de vista ético. El gobierno está haciendo campaña a favor de sus candidatos utilizando los recursos del Estado. Descaradamente. El uso de recursos oficiales en beneficio de objetivos propios es ilegal, sería bueno que la justicia investigue e inicie acciones sobre el uso de estos fondos.
Pasando a la faceta económica, el aluvión monetario puesto en marcha no se debe a que la gente demanda pesos, al contrario, huye de ellos. Como el Gobierno no tiene crédito, la fuente de estos pesos no es otra que la emisión sin control de dinero. Lo que se logra con esto es poner más pólvora en una bomba inflacionaria con la esperanza, bastante probable, de poder pasar las elecciones de noviembre antes de la explosión. Después se verá.
Existen dos caminos frente al tsunami de pesos, aunque ambos nos conducen al precipicio. Uno es retirar los pesos excedentes mediante la emisión de letras, que irremediablemente generarán más déficit cuasifiscal fomentando el círculo vicioso. El otro es no retirarlos de circulación, pero como la gente no quiere pesos los utilizará para comprar dólares u otros bienes, lo que alimentará la inflación. La elección es entre una inflación retardada y luego explosiva o una aceleración inflacionaria más inmediata quizás combinada con una corrida cambiaria. ¿Qué es mejor? ¿El cáncer o la leucemia? A ningún político se le ocurre que para poder ser un país serio es hora de que probemos haciendo vida (economía) sana.
Es hora de que empiecen a hacer las cuentas ya que la solución a los problemas económicos no son el papel y la tinta. Si así fuera, la pobreza habría sido desterrada de la faz de la tierra desde la invención del papel moneda. Que aprenda la clase política que el nuevo fenómeno resultante de este invento fue la inflación y no la riqueza ilimitada.
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