
El gobierno de Alberto Fernández sigue desplegando políticas económicas que contribuyen a dañar al sector productivo, volviendo a identificar al sector agropecuario como un enemigo de la ciudadanía. Mientras los grandes mercados demandan los productos del campo argentino, nosotros cerramos exportaciones y desincentivamos las inversiones que tanto necesita el sector para poder desplegar todo su potencial.
No puede sorprender a nadie la reciente decisión del gobierno de prorrogar hasta el 31 de octubre las restricciones a las exportaciones de carne vacuna. Y quién sabe hasta cuándo se seguirá prorrogando. Las falsas promesas y la improvisación han sido rasgos distintivos de esta administración, desde que asumió el poder en 2019.
El daño que se ha hecho con estas medidas es enorme, justamente en momentos que la economía del país atraviesa uno de los peores ciclos de su historia. Según un completo informe del Instituto de Estudios Económicos de la Sociedad Rural Argentina (SRA), la cadena del sector cárnico perdió unos USD 1.084 millones de dólares desde el cierre de exportaciones, o sea, unos USD 8 millones por día.
La reacción del sector, anunciando nuevas medidas de fuerza, es totalmente lógica y comprensible. No podemos seguir tolerando estos atropellos, sobre todo por medidas que no han servido para nada: los precios de la carne en el mercado interno no sólo no bajaron, sino que continuaron aumentando, al ritmo de una inflación sin freno. Las cuotas de exportación y la intervención de los mercados no sirven para nada, sobre todo cuando se trata de productos que mayormente no se consumen en el mercado interno, como son los cortes cárnicos que vendemos a China y otros países. Esto hace también que seamos cada vez menos confiables para nuestros socios.
Para resolver los problemas de la Argentina, en lugar de estas medidas destructivas, debiéramos en cambio estar todos sentados en una misma mesa de diálogo, pensando en cómo aumentar nuestras ventas al exterior y ver en simultáneo cómo resolver el gravísimo tema de la inflación. Pero el Gobierno volvió a elegir el intervencionismo y la imposición, creando supuestos enemigos donde no los hay.
¿Hasta cuándo van a insistir atacando al sector productivo, principal fuente generadora de divisas genuinas para el país? El campo siempre ha sido el principal motor de la economía argentina y, durante esta pandemia, prácticamente ha quedado como el único sostén, en medio de la peor caída de nuestra historia. No caben dudas de que la única salida para esta tremenda crisis que atraviesa el país es con un sector agropecuario apuntalado por buenas políticas y que sea parte de un sano diálogo constructivo con las autoridades. Lamentablemente, lo que estamos viendo nada tiene que ver con eso. Volvieron peores y el sector agropecuario lo está sufriendo.
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