Las pymes generan habitualmente el 77% de los puestos de trabajo privado de todo el país, en tanto que las grandes empresas absorben el 23% restante de los puestos de trabajo.
Y a febrero último presentaron declaraciones juradas de pagos de aportes y contribuciones patronales a la Anses 541.871 empresas, de las cuales 486 empresas eran estatales y el resto privadas. Es decir, estaban al día con sus obligaciones previsionales 541.385 establecimientos particulares en comparación con las 609.000 que fuero censadas dos años antes.
Tomando como referencia los datos precedentes del Censo de 2017, solo los rubros: comercio, restaurantes y hotelería y construcción, que se sabe están seriamente golpeados por la crisis de la COVID-19, representan el 46,4% del total de las empresas. Es decir, aun tomando los datos más optimistas, cuando se suman otras compañías del sector industrial que no trabajan, como por ejemplo la rama terminal automotriz y de autopartes, y otros servicios, más del 50% de las firmas se quedaron sin resto económico–financiero para poder sobrevivir mucho tiempo esta cuarentena.
Sin facturación no hay ingresos que permitan pagar los salarios, los impuestos y los alquileres de las oficinas y de los locales. Y si eso no ocurre el dueño o accionista pasa a tener problemas económicos insuperables.
En base a datos del Ministerio de Trabajo, en enero había 6 millones de personas trabajando en el sector privado en relación de dependencia. Claramente, el comercio es el que más puestos de trabajo genera.
Ahora, si se toman los rubros más comprometidos por causa de la pandemia, como la actividad comercial, hoteles, restaurantes, inmobiliaria, construcción, parte del transporte (aviación, micros de larga distancia, remiserías, etc.), parte de la industria, explotación de minas y canteras y pesca, se llega a casi dos tercios del total con serios problemas para que los empleados puedan cobrar en tiempo y forma la totalidad de sus sueldos de continuar la cuarentena.
En realidad, se trata de un dato optimista, porque al caer el ingreso o puestos de trabajo, los sectores que hoy tienen actividad perderán parte de ella en la medida que la economía siga contrayéndose por efecto de cierre de empresas o de mora de quienes no pueden pagar los sueldos por falta de ventas. En términos de valor agregado o producto bruto, no menos del 50% de la economía está comprometida.
Si bien se puede entender la cuarentena desde el punto de vista de la prevención sanitaria, al hacerla tan estricta, sin margen para que la mayoría de las empresas puedan vender, se puede llegar a tener por delante un serio problema social que se sume a la ya alta y creciente pobreza.
Pero no solo las empresas no van a poder pagar los sueldos, sino que en muchos casos puede ocurrir que tengan que cerrar y, se sabe, que compañía que muere luego no solo es muy difícil revivirla, sino que, además, el sector público se va a quedar sin combustible de impuestos para financiar sus gastos y toda la ayuda que pueda ofrecerle al sector privado, más el financiamiento que tenga para sus sueldos y planes sociales, saldrá de la emisión monetaria, lo cual llevará a otro problema, una llamarada inflacionaria de proporciones con fuerte aumento de la pobreza.
A nivel nacional el IVA, el impuesto más relevante, va a caer brutalmente, como lo mostrarán los datos de abril, porque todo el mes gran parte del país y de las actividades estuvieron vedadas por la cuarentena.
Pero las provincias tienen otro problema, no solo recibirán menos recursos monetarios por la coparticipación federal de impuestos, dada la caída de la recaudación impositiva a nivel nacional, sino que además acusarán el efecto del deterioro de sus propios.
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