Cuando un trabajador "en blanco" cobra su sueldo cada mes, el recibo indica que por cada $100 del llamado "sueldo bruto" se le deduce aproximadamente $16 en concepto de aportes personales. Estos $16 son la suma de varios conceptos que incluyen el aporte para su jubilación, Obra Social y Sindicato.
Lo que el trabajador no ve en el recibo es que el empleador debe realizar a la AFIP un pago de $33 (aproximadamente) por cada $100 de sueldo bruto que recibe. Esos $33 son el famoso "Aporte Patronal". A veces se agrega la palabra "solidario" ya que no es un impuesto sino un aporte solidario. De lo contrario sería coparticipable entre Nación y Provincias. De ahora en más lo llamaremos APS (por Aporte Patronal Solidario).
O sea que, al empleador, el trabajador le cuesta $133 y no lo va a emplear a menos que éste le produzca por lo menos por ese monto. Si le aumentara el aporte de $33 a $66, el costo del empleado aumentaría a $166 y al empleador le convendría tener menos empleados ya que le cuestan más. Si la productividad del trabajador se mantiene en $133, la única alternativa es que primero baje el nivel de empleo y que finalmente baje el sueldo bruto a $67 (133-66).
Mucha gente piensa que, como no figura en el recibo de sueldo, el APS es un pago que sale de las ganancias del capitalista empleador y que no tiene nada que ver con su situación personal. ¡Nada más equivocado! Para explicarlo es útil hacerlo por el método del absurdo. Supongamos que por decreto se establece que el APS pasa a integrar el salario bruto con categoría de no-remunerativo (así no le cobramos encima Ganancias y aportes personales). Ahora el trabajador recibiría $133 por mes y lo vería en su recibo de sueldo.
Para el empresario este experimento sería un simple ajuste contable. En vez de pagarle a la AFIP, le paga al trabajador, o sea que le da exactamente lo mismo. Pero ahora hay que convencer a los trabajadores que solidariamente donen $33 a la AFIP para financiar Gasto Público igual que antes. Si lo hace, todo estaría solucionado: el trabajador sigue produciendo $133 y cuesta $133. El Gobierno recibe $33, esta vez de manos del trabajador en lugar de recibirlos de manos del empresario. Nada ha cambiado, excepto el agente de retención "solidario" de lo que yo llamo un Impuesto al Trabajo de $33.
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Por supuesto, nadie en su sano juicio espera que se produzca tal solidaridad por parte de los trabajadores. En cambio las empresas lo hacen porque están legalmente obligadas a ser "solidarias".
Lo descripto arriba es exactamente lo mismo que ocurre con el IVA -pero a la inversa. Cuando me dicen que mi compra en el almacén cuesta $121, lo pago; eso es lo que vale para mi (Carlos). Pero el productor (José) recibe solo $100, los otros $21 se los llevó el Gobierno. Piensen que Carlos es el empresario al que el trabajador le produce por $121 y José es el trabajador que recibe $100. La diferencia se llama impuesto.
Los APS existen porque el Sistema Previsional basado en aportes personales de trabajadores en blanco se fundió por múltiples razones, mayormente porque gran parte de los trabajadores lo hacen en negro y no aportan, pero la política hace que se jubilen igual. Y también se jubiló gente a la que jamás se le pidió que aportara. Y porque el Gobierno metió mano en la Caja de la ANSES para financiar otros gastos.
Problema: cuanto más trabajadores en negro, menos fondos para jubilaciones y mas necesidad de subir los APS. Pero suba de APS implica mayor costo de emplear, menos demanda por trabajadores en blanco y, por lo tanto, menos aportes. Un círculo vicioso en el que estamos hace décadas.
El Sistema de APS, además de vicioso, es injusto. Un trabajador que gana el sueldo mínimo, supongamos que es $100, en realidad produce por $133. Del bruto de $100 le sacan $16 de aportes personales y luego paga un 21% de IVA. O sea que le quedan $70 de verdadero poder adquisitivo. Produjo $133 y consume realmente $70. El impuesto que paga este trabajador con sueldo mínimo, en blanco es 47%, una cifra más que alta e injusta bajo cualquier punto de vista.
Los incentivos para trabajar en negro y evadir el IVA son más que obvios.
La única solución para salir de este círculo vicioso insostenible es bajar los APS y el IVA. Eso requiere bajar el gasto público que ambos impuestos financian. Hay tarea por delante. Así como la clase política subió el gasto público a un nivel socialmente infinanciable, deberán asumir la responsabilidad de bajarlo.
En 2016 el Gasto Público Nacional, como porcentaje del PBI, fue el doble de lo que era en la década del 90, cuando ya se decía que era mucho (datos oficiales del Ministerio de Hacienda). Hay mucho para hacer, sólo hace falta voluntad y liderazgo.
El autor es rector de la Universidad del CEMA.
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