Hace unas décadas, incluso siglos, los ancestros acostumbraban a nombrar a sus hijos con el nombre del santo del día en que nacieron, no en vano en las famosas “Mañanitas” hay una estrofa que dice: “Hoy por ser día de tu santo te las cantamos aquí…”.
El onomástico es el día en que se festeja algún santo, aunque es común que mucha gente lo use como sinónimo de cumpleaños, lo cual es erróneo, pues al hablar de él sólo se alude al listado de los nombres del santoral.
Como todos los días del año, este 18 de agosto también se conmemora a las mujeres y hombres que destacaron por tener conexiones especiales con las divinidades, que hicieron buenas acciones por el prójimo, y que tenían una elevada ética y moral, motivos que los llevaron a ser canonizados o beatificados y formar parte del santoral.
Santo del día
Flavia Julia Helena, mejor conocida como Santa Elena de Constantinopla o Santa Elena de la Cruz, madre del emperador Constantino que fue ingresada al santoral tanto para la Iglesia católica como la luterana y ortodoxa por su interés en ayudar a los pobres y su poderosa fe.
Durante su juventud fue testigo de las persecuciones más sangrientas que se vivieron en Roma en contra de los cristianos, quienes eran torturados, encarcelados, quemados vivos o arrojados a las fieras.
En el año 326 Elena organizó una peregrinación a todos los Santos Lugares por lo que hizo historia al ser la primera mujer en desplazarse a Tierra Santa.
Elena dedicó gran tiempo a la búsqueda de la Santa Cruz en donde habría sido clavado Cristo hasta que se encontró a una persona que le reveló que las tres cruces habían sido enterradas por quienes buscaban privar de su símbolo a la comunidad cristiana.
Las excavaciones fueron exitosas y lograron hallar las cruces. Fue el obispo Demetrio quien además le ayudó a realizar una procesión solemne en donde se hicieron plegarias y cantos.
Para saber cuál de esas cruces había sido crucificado Cristo, los creyentes llevaron a una cristiana moribunda que al ser colocada sobre la tercera cruz se recuperó milagrosamente.
La cruz se dividió en tres partes: una fue trasladada a Constantinopla, otra quedó en Jerusalén y la tercera llegó a Roma donde se conserva y venera en la iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén.
Aunque se desconoce la fecha en la que murió Santa Elena, su hijo Constantino llevó sus restos a la Ciudad Eterna, parte de ellos se conservan en la Iglesia Aracoeli, en donde se le venera. Fue canonizada en el siglo IX.
Junto a esta santa hay más personajes que también son celebrados en este día como los siguientes:
San Agapito de Lacio
San Alberto Hurtado
San Eonio de Arlés
San Fermín de Metz
Santa Juana de Chantal
San León de Licia
San Macario de Bitinia
Beato Antonio Banassat
Beato Francisco Arias Martín
Beato Leonardo de Cava
Beato Martín Martínez Pascual
Beato Nicolás Factor
Beata Paula Montaldi
Beato Reinaldo de Concorégio
Beato Vicente María Izquierdo Alcón
El proceso de canonización
La Iglesia Católica y ortodoxa usan la canonización para declarar como santo a una persona ya fallecida, lo que implica incluir su nombre en el canon (lista de santos reconocidos) y el permiso de venerarla, reconociendo su poder ante Dios.
Durante el Cristianismo, las personas eran reconocidas como santas sin necesidad de un proceso formal; sin embargo, ello cambió en la Edad Media.
En el caso del catolicismo, la Iglesia debe hacer una investigación exhaustiva de la vida de la persona a santificar y existen cuatro formas de lograr el nombramiento: la vía de las virtudes heroicas; la vía del martirio; la de las causas excepcionales, confirmadas por un culto antiguo y fuentes escritas; y la del ofrecimiento de la vida.
Además, se considera si la persona vivió las virtudes cristianas en un grado heroico o si sufrió martirio a causa de su fe, asimismo, es requisito indispensable que haya hecho al menos dos milagros (o uno en el caso de ser mártir).
La canonización se hace en una solemne declaración papal y se le asigna un día de fiesta para la veneración litúrgica.
No hay un periodo establecido para realizar la canonización de un personaje, pues incluso hay casos como el de San Pedro Damián que fue canonizado hasta 756 años después de su muerte o, por el contrario, el caso de San Antonio de Padua que fue nombrado hasta 352 días después de su deceso.
La última canonización tuvo lugar en octubre de 2019, cuando el Papa declaró santos al cardenal John Henry Newman y a la hermana Dulce, de Brasil.
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