
Cada camión que ingresa a la Patagonia, cada carga que atraviesa un paso terrestre y cada mercadería que llega por un puerto o un aeropuerto forma parte de un sistema de control que resulta clave para proteger uno de los principales activos productivos de la región. En su última publicación, el SENASA pone en valor el funcionamiento de ese esquema de fiscalización y recuerda que la preservación del estatus sanitario patagónico depende tanto de los controles oficiales como del compromiso de quienes participan en la circulación de mercaderías.
La Patagonia, integrada por Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego, el sector antártico e Islas del Atlántico Sur, además del sur de la provincia de Buenos Aires, concentra una producción agropecuaria y pesquera de alto valor estratégico.
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La región se destaca por la producción de peras, manzanas, cerezas, cebolla, carne ovina, lana, bovinos, salmónidos y productos de la pesca marítima, cuya competitividad depende, en gran medida, de conservar un estatus sanitario que le permite acceder a mercados internacionales de alta exigencia.
Controles sobre la logística de cargas
El sistema de protección se apoya en la denominada barrera zoofitosanitaria patagónica, un esquema que fiscaliza el ingreso de mercaderías tanto comerciales como transportadas por particulares. Los controles alcanzan a vehículos, rutas, puertos, aeropuertos y equipajes, con el objetivo de impedir el ingreso de plagas y enfermedades ausentes en la región.
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La infraestructura destinada a esta tarea comprende 12 puestos terrestres fijos, 3 puestos móviles y controles permanentes en terminales portuarias y aeroportuarias. Además, incorpora tratamientos específicos para frutas y otras mercaderías consideradas de riesgo, reduciendo la posibilidad de introducir organismos que puedan comprometer la producción regional. En términos logísticos, el control comienza mucho antes del destino final de la carga y acompaña toda la circulación de productos hacia la Patagonia.

Un requisito para sostener las exportaciones
La importancia de este sistema trasciende la sanidad animal y vegetal. Gracias a estas medidas, la Patagonia mantiene desde 2002 el reconocimiento de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) como zona libre de fiebre aftosa sin vacunación, además de conservar áreas libres de plagas como las Moscas de la Fruta y Lobesia botrana.
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La región también cuenta con una zona libre de enfermedades de los salmónidos, declarada ante la OMSA, y permanece exenta de otras patologías presentes en distintas partes del país, como la anemia infecciosa equina, la brucelosis caprina y, en Tierra del Fuego, la tuberculosis y la brucelosis bovina. Estos reconocimientos representan una ventaja para la logística exportadora, ya que habilitan el ingreso de los productos patagónicos a mercados que exigen elevados estándares de trazabilidad y sanidad.
Una producción respaldada por el control sanitario
Las cifras certificadas por el SENASA reflejan la magnitud de la actividad productiva regional. Durante 2025, la Patagonia exportó 337.835 toneladas de peras, 91.547 toneladas de manzanas y 5.295 toneladas de cerezas, productos cuya comercialización internacional depende del mantenimiento de las condiciones sanitarias de la región.
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En el caso de la cebolla, el sur de Río Negro y el sur de la provincia de Buenos Aires concentran el 56% de la superficie nacional destinada a ese cultivo, generan alrededor del 50% de la producción argentina y representan prácticamente el 100% de las exportaciones nacionales de cebolla.
La producción pecuaria también presenta indicadores relevantes. La Patagonia cuenta con más de 6,5 millones de ovinos, destinados principalmente a la obtención de lana y carne. En 2025 se certificaron 9.609,7 toneladas de carne ovina, de las cuales 4.766,7 toneladas tuvieron como destino mercados internacionales. A ello se suman alrededor de 28.000 toneladas anuales de lana certificada, donde la exportación ocupa un rol central.
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En el extremo sur bonaerense, el partido de Patagones posee aproximadamente 270.000 cabezas bovinas, mientras que la actividad pesquera constituye otra de las principales cadenas productivas regionales. Durante 2025 se certificaron 380.000 toneladas de productos pesqueros, entre ellos langostino, calamar, merluza hubbsi, merluza negra y centolla, destinados tanto al mercado interno como a la exportación.
Una responsabilidad compartida
Para conservar este estatus sanitario diferencial, el SENASA trabaja junto con los gobiernos provinciales, la Fundación Barrera Patagónica (FUNBAPA) y el sector privado, coordinando acciones de prevención, control y fiscalización sobre el movimiento de mercaderías. El objetivo es impedir el ingreso de plagas y enfermedades que podrían afectar la producción y comprometer el acceso a mercados internacionales.
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En ese contexto, el organismo remarcó que la preservación de este sistema también depende de quienes circulan por la región. Por ello, recordó que existen productos de origen animal y vegetal cuyo ingreso a la Patagonia está restringido y recomendó a los viajeros, transportistas y operadores informarse antes de emprender el viaje. El cumplimiento de estas medidas no solo contribuye a proteger la sanidad regional, sino que también ayuda a sostener la competitividad de una de las principales plataformas exportadoras del país.
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