
El aumento del precio del petróleo, provocado por la crisis en Medio Oriente, comenzó a trasladarse con rapidez al sector del transporte por carretera y a las cadenas logísticas globales. Frente a este escenario, la organización mundial que representa a la industria del transporte carretero (IRU) respaldó la liberación de reservas estratégicas de petróleo y reclamó medidas urgentes para frenar el impacto del encarecimiento del combustible.
El conflicto en la región, particularmente en torno al Estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más relevantes del mundo, ha generado interrupciones en el suministro de petróleo y una fuerte volatilidad en los mercados internacionales. Como consecuencia, el precio del barril de Brent experimentó un salto significativo en pocos días.
Antes del inicio de las tensiones, el crudo se ubicaba en torno a los 70 dólares por barril. Sin embargo, el 9 de marzo su valor casi se duplicó hasta acercarse a los 120 dólares, lo que generó un aumento inmediato en los precios del combustible que pagan los operadores de transporte.
El combustible presiona los costos del transporte
Desde la industria advierten que este tipo de variaciones impacta directamente en el funcionamiento de las redes logísticas. El transporte por carretera depende en gran medida del combustible para sostener su operación diaria y cualquier alteración en los precios energéticos se traslada rápidamente a la estructura de costos del sector.
En este contexto, la organización internacional que agrupa al transporte por carretera manifestó su apoyo a las medidas destinadas a estabilizar los precios mediante la liberación de reservas estratégicas de petróleo. Además, pidió a los gobiernos que analicen reducciones temporales de impuestos al combustible, ya que en muchos países esos tributos representan una parte considerable del precio final en los surtidores.
El impacto es particularmente sensible para las empresas de transporte, ya que la mayoría de los operadores del sector son PYME, que trabajan con márgenes operativos extremadamente ajustados. En muchos casos, la rentabilidad del transporte carretero se ubica apenas entre el 1% y el 2%, lo que limita la capacidad de absorber incrementos abruptos en los costos.
Esta situación también complica la posibilidad de trasladar inmediatamente los aumentos a los clientes. Los contratos logísticos y de transporte suelen tener condiciones previamente establecidas, por lo que el incremento del precio del combustible muchas veces debe ser absorbido por los operadores durante períodos prolongados.

Impacto potencial en la economía y las cadenas de suministro
Desde el sector señalan que el transporte comercial por carretera cumple un rol central dentro del sistema logístico global. Es el modo que conecta todos los demás sistemas de transporte y el que permite el funcionamiento de las cadenas de suministro en la primera y última milla.
En términos operativos, los camiones, furgonetas y otros vehículos comerciales garantizan el abastecimiento de bienes esenciales, desde alimentos y productos de consumo hasta insumos industriales y equipamiento sanitario. Por ese motivo, cualquier alteración en los costos del transporte puede terminar trasladándose al precio final de los productos.
El secretario general de la organización del transporte por carretera advirtió que, si no se toman medidas para frenar el aumento del combustible, el impacto terminará repercutiendo en toda la economía global. Según explicó, el transporte comercial constituye la base que permite el funcionamiento de las redes logísticas que abastecen a la sociedad.
La preocupación del sector no se limita únicamente al transporte de mercancías. El aumento del combustible también afecta a servicios de movilidad comercial como autobuses, autocares, taxis y vehículos de reparto, que dependen del diésel o la gasolina para sostener su actividad diaria.
Las tensiones energéticas también generan preocupación en Europa, donde diversos organismos advierten sobre el impacto económico que podría tener un nuevo ciclo de encarecimiento del petróleo.
Según estimaciones difundidas por una organización ambiental vinculada al transporte, los ciudadanos europeos podrían gastar alrededor de 150 millones de euros diarios adicionales en combustibles si el precio del barril supera los 100 dólares.
El antecedente más reciente se registró en 2022, cuando el precio del petróleo superó ese umbral en medio de la crisis energética global. En ese período, el diésel llegó a aumentar alrededor de un 45% y la gasolina cerca de un 36%.
Como resultado, los consumidores europeos desembolsaron aproximadamente 55.000 millones de euros adicionales en combustible durante ese año. Incluso con reducciones fiscales aplicadas por varios gobiernos, el impacto económico fue significativo.
En términos concretos, llenar un depósito de 50 litros llegó a costar entre 24 y 31 euros más que antes del inicio de la crisis energética.
Este tipo de fluctuaciones evidencia el peso que tiene el combustible dentro de la economía del transporte y de las cadenas logísticas. Cuando el petróleo se encarece, no solo se ven afectados los operadores de transporte, sino también el costo de movilizar materias primas y productos a lo largo de los corredores logísticos.
Por ese motivo, el sector del transporte por carretera insiste en la necesidad de adoptar medidas inmediatas para estabilizar el mercado energético y evitar una escalada en los costos de distribución.
Mientras tanto, la organización internacional del transporte carretero anticipó que continuará monitoreando la evolución de los precios del combustible y promoviendo acciones para reducir el impacto sobre los operadores logísticos y, en última instancia, sobre el funcionamiento de las economías.
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