
Esta azafata serbia protagonizó en enero de 1972 una de las historias de la aviación mundial más increíbles que se conocen hasta la fecha: sobrevivió a una caída de más de 10.000 metros del avión en el que trabajaba como parte de la tripulación y que sufrió un accidente que solo ella pudo contar. Vulović tenía 22 años y era una de las tres azafatas del vuelo 367 de las Aerolíneas Yugoslavas JAT que aquel 26 de enero cubriría el trayecto Estocolmo – Belgrado. En el avión, un McDonnell Douglas DC-9, viajaban 28 personas, 23 pasajeros y cinco miembros de tripulación entre los que no debería haber estado Vesna Vulović, que fue incluida por error como azafata en ese avión por una coincidencia de nombres entre empleados de la JAT.
El avión sufrió una explosión en su parte delantera que provocó que se partiese en dos y se precipitase desde una altura de 10.000 metros sobre una ladera nevada de Kamenice, en la actual República Checa. Milagrosamente, Vesna Vulović sobrevivió a aquella caída. Fue la única superviviente y su historia incluso está en el Guinness de los Récords como la superviviente a la caída de mayor altura sin paracaídas.

¿Cómo pudo sobrevivir? Vulović sufrió fractura de cráneo, de ambas piernas y de tres vértebras, y una importante hemorragia cerebral. Las diferentes versiones explican que ella se encontraba en la zona final (otras dicen que en la media) del avión. En el momento de la explosión, quedó en una pared de la cola del avión por un carro de catering. La cola del avión fue la única parte del McDonnell Douglas DC-9 que quedó intacta en el accidente y cuya caída se produjo de forma menos brusca, debido a que el aire frenó en parte la aceleración de esa parte del avión que, además, cayó con un ángulo que hizo que resbalara y "amortiguara" en cierto modo el golpe. Es decir, un cúmulo de coincidencias que llevaron a la joven azafata a poder contarlo… o no, puesto que uno de los efectos secundarios de aquella caída fue que le borró de la memoria todo lo ocurrido.
La probabilidad de sobrevivir, según diferentes estudios elaborados con posterioridad a la historia de Vesna Vulović, son ínfimas, pero existe una mínima probabilidad. En todo esto, hay que añadir otro factor clave. La presencia de Bruno Henke. Fue el primero en llegar al lugar del accidente y sus conocimientos en medicina sirvieron para atender de urgencia a la joven azafata que gritaba de dolor.

Henke fue una de las personas que contradijeron la versión oficial asegurando que Vulović se encontraba en la zona media del avión (que iba bastante vacío ese día). La azafata, con la que mantuvo amistad de por vida, no recordaba nada pero creía a Henke, un antiguo médico que había servido a la Wehrmacht en la II Guerra Mundial y que hasta su muerte mantuvo que Vulović tenía el cadáver de una de sus compañeras sobre ella cuando la encontraron.
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