
Peaky Blinders Estos son los verdaderos Peaky Blinders. La serie de la BBC ha puesto de moda a los pandilleros de Birmingham. Aquí descubrimos quiénes fueron en realidad.
La serie homónima de la BBC, estrenada en 2013 y con tres temporadas a sus espaldas, ha puesto de moda a las pandillas en el Reino Unido. Las ciudades del norte reivindican a sus gánsteres, si bien la denominación que recibió la banda de Birmingham se ha convertido en un genérico para definir a los pandilleros de la época. Su nombre está sujeto a interpretaciones, en las que la leyenda se confunde con la realidad. Peaky aludiría a las gorras con visera que usaban sus miembros y Blinders (del verbo cegar) Las viseras escondían unas hoja de afeitar con las que rajaban la cara de sus oponentes, cegados por la sangre derramada.
Tommy Shelby regresa de la Gran Guerra y lidera a una familia de gánsteres de poca monta que regentea un local de apuestas en Birmingham. El ambicioso maleante, interpretado por Cillian Murphy —el lisérgico Espantapájaros de la saga Batman—, no duda en emplear la fuerza para expandir su área de influencia, aunque tendrá que enfrentarse a un implacable inspector de policía recién llegado de Belfast con el objetivo de limpiar las calles de indeseables.

En realidad, la banda de Shelby —que no se llamaba así y cuyo personaje bebe de otras figuras históricas— actuó en la última década del siglo XIX y en la primera del XX. Tras el ocaso de los verdaderos Peaky Blinders, fue el turno de los temidos Birmingham Boys —también conocidos como los Brummagem Boys—, cuyas fechorías se corresponden en el tiempo con las de la ficción televisiva, que se desarrolla en los años veinte.
Y antes de los Peaky Blinders estaban los Sloggers, o sea, los Luchadores o Combatientes. Otro genérico que deriva de los Cheapside Sloggers, que hace referencia a la calle que dominaban. En el caso de los Peaky Blinders, controlaban la calle Adderley y, por extensión, los barrios de Bordesley y Small Heath, suburbios pobres y obreros de la grisácea Birmingham. Sus miembros, algunos jovencísimos, fueron arrestados por hurtar bicicletas y robar tiendas, pero también pudieron estar involucrados en el negocio de las apuestas ilegales, así como en la extorsión y el chantaje.
Algunos eran muy violentos y pegaban palizas a los incautos que se atrevían a pedir una cerveza de jengibre en el pub. En 1890, Thomas Mucklow mandó tres semanas al hospital a George Eastwood por esa razón. Fue condenado a nueve meses de trabajos forzados por romperle la cabeza y por instigar a sus secuaces para que se ensañasen con la víctima. Días después de la agresión, un periódico local publicaba la carta de un lector que afirmaba que el "asalto homicida" había sido obra de los "Peaky Blinders de Small Heath". Era la primera vez que la prensa registraba las fechorías de una banda llamada así, aunque obviamente ya habían cometido otros delitos atribuidos a delincuentes concretos.

El historiador Carl Chinn cree que, más que una poderosa mafia, los Peaky Blinders podrían ser varias pandillas callejeras que se unían cuando la ocasión lo requería, sobre todo para actuar fuera de Birmingham. Atraído por el pasado de su familia, empezó a investigar sobre ellos en los años ochenta. Si bien sabía que su padre y su abuelo habían sido corredores de apuestas ilegales en el barrio marginal de Sparkbrook, terminó descubriendo que su bisabuelo había sido un miembro de la banda. Se llamaba Edward Derrick y le pegaba a su mujer
El líder en la ficción, Tommy Shelby, podría inspirarse en Billy Kimber, el gánster más poderoso de Inglaterra. Curiosamente, este personaje aparece en la serie como un rival que controla las carreras de caballos que los Peaky Blinders televisivos tratan de controlar. Líder de los Birmingham Boys, Kimber dominó las apuestas en las Midlands y en el norte del país, aunque sus tentáculos llegaron a Londres, donde montó una sucursal. Sin embargo, Shelby fue un héroe de la Gran Guerra, de la que regresó traumatizado, mientras que Kimber desertó durante la contienda, según el citado historiador.

Brutos, sí, pero con mucho estilo. Vestían chaquetas con botones de latón, pantalones acampanados, gorras ladeadas, corbatas ajustadas, pañuelos de seda en sus cuellos y botas con puntera de acero. Las mujeres, por su parte, destacaban por los flequillos que les tapaban la frente, y por el derroche de perlas.
Licencias artísticas al margen, la serie trasciende el modus operandi de los delincuentes, pues sobre ella planea la sombra del anarquismo, el comunismo y el IRA. También las míseras condiciones de vida y trabajo de la clase obrera, la mayor parte de los exteriores fueron grabados en Manchester, Leeds, Bradford y, sobre todo, en Liverpool.
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