
Emiliano Zapata Salazar fue asesinado el 10 de abril de 1919 al caer en una emboscada organizada por el general Jesús Guajardo, quien lo citó en la Hacienda de Chinameca, Morelos, para negociar su supuesta integración a la lucha revolucionaria del “Caudillo del Sur”.
Zapata acudió al lugar acompañado sólo por un reducido grupo de colaboradores. Al llegar el líder del Ejército libertador del sur, los soldados de Guajardo fingieron rendirle honores militares para asegurar su entrada al predio. Una vez cercado, los militares lo atacaron a balazos.
El líder revolucionario recibió múltiples disparos y murió en el lugar, por lo que su cuerpo quedó en manos del gobierno. Las fotografías de su cadáver constituyen la prueba de uno de los episodios más simbólicos de la Revolución mexicana, un movimiento caracterizado por las traiciones.
Años antes de caer en la trampa del general Jesús Guajardo, el caudillo del sur ya había sido víctima de varios atentados y tenía claro que desde el gobierno federal buscaban su muerte.
Previendo que las balas enemigas alguna vez cumplieran su cometido, en 1914 pidió construir un mausoleo en el antiguo convento de San Miguel Arcángel de Tlaltizapán.
El deseo de Emiliano Zapata era que llegado su momento, fuera sepultado en ese mausoleo junto a sus soldados más leales, sin embargo, su cadáver fue trasladado a Cuautla, donde fue exhibido, esto como una forma de confirmar su muerte, además de desmoralizar a los campesinos que lo seguían en la lucha por el derecho a la tierra.
Finalmente el cuerpo de Zapata fue sepultado en el panteón de Cuautla. En 1932, sus restos fueron trasladados a la Plaza Revolución del Sur, donde recibió homenajes póstumos.
A pesar de que el caudillo deseaba descansar en la parroquia que actualmente pertenece al municipio de Tlaltizapán de Zapata, sus restos permanecen en Cuautla. Resulta paradójico que el mausoleo que ordenó construir el general del Ejército libertador del sur se ubica justo al otro lado del monte en que se ubica Chinameca.
Una de las críticas vertidas por algunos historiadores es el abandono en que se encuentra la plaza donde reposa uno de los principales héroes de la historia nacional.
Aunque su muerte fue un duro golpe para su movimiento, su figura se consolidó como un símbolo de lucha social y resistencia en México, pues representa uno de los símbolos más importantes de la resistencia campesina en México.
Sus principales ideales giraron alrededor de la justicia social, libertad, igualdad, democracia social, respeto a las comunidades indígenas, campesinas y obreras.
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