
Cada año, entre los meses de febrero y abril, México se convierte en un escenario natural único gracias a la floración de las jacarandas. Este fenómeno, que tiñe de tonos lilas y violetas las calles y avenidas de la capital, no solo es un deleite visual, sino también un recordatorio de la historia y los beneficios que este árbol ha aportado al entorno urbano. Según informó Ciencia UNAM, la temporada alcanza su punto máximo en marzo y abril, cuando las jacarandas florecen en todo su esplendor.
La llegada de las jacarandas a México se remonta a principios del siglo XX, cuando el jardinero japonés Tatsugoro Matsumoto introdujo esta especie al país. Este árbol, originario de regiones subtropicales de Sudamérica como Argentina, Brasil y Uruguay, fue elegido como una alternativa al cerezo japonés, cuya adaptación al clima mexicano resultó inviable. Desde entonces, las jacarandas se han convertido en un símbolo de la primavera en la capital mexicana, pues adornan sus principales avenidas y parques.

Dónde disfrutar de los mejores paisajes de jacarandas en la CDMX
La Ciudad de México ofrece múltiples espacios donde se puede apreciar la belleza de las jacarandas en su máximo esplendor. Entre los lugares más destacados se encuentra la Alameda Central, un parque histórico ubicado en el corazón de la capital, que se transforma en un oasis de color durante esta temporada.
Otro punto emblemático, cercano al anterior, es el Paseo de la Reforma, una de las avenidas más icónicas del corazón de la República, donde las jacarandas enmarcan el paisaje urbano con su característico tono lila.
Por su parte, el Parque México, situado en la colonia Condesa, es otro sitio popular para disfrutar de este espectáculo natural. Este espacio, rodeado de arquitectura art déco, se convierte en un lugar ideal para pasear bajo la sombra de estos árboles.
Por último, el Bosque de Chapultepec, uno de los parques urbanos más grandes del mundo, superando al Central Park de Nueva York, también ofrece vistas impresionantes de jacarandas en flor que combinan naturaleza y cultura en un solo lugar.

Cómo han impactado las jacarandas al paisaje urbano
Además de su atractivo visual, las jacarandas aportan importantes beneficios al entorno urbano. Según explicó Ivonne Guadalupe Olalde Omaña, especialista en árboles del Instituto de Biología de la UNAM, citada por Ciencia UNAM, estos árboles contribuyen a la estabilidad del suelo al actuar como amortiguadores durante las lluvias, lo que reduce la erosión de los mismos. Sus raíces también ayudan a conservar la tierra de las plantas circundantes, mientras que su copa proporciona sombra, regula la temperatura y actúa como barrera contra el viento.
Otro aspecto relevante es su capacidad para capturar carbono, un contaminante que las jacarandas utilizan para su crecimiento. Este proceso no solo mejora la calidad del aire, sino que también contribuye a mitigar los efectos del cambio climático.
Además, la presencia de áreas verdes, como las que crean estos árboles, tiene un impacto positivo en la salud mental de las personas, al ofrecer un entorno más agradable y relajante en comparación con los espacios dominados por concreto.
A pesar de su popularidad, las jacarandas no están exentas de controversia. Como especie exótica, su presencia en México ha generado ciertos problemas ecológicos. Según explicó Olalde Omaña, estos árboles pueden alterar las dinámicas de los ecosistemas locales, lo que afecta a animales, insectos, bacterias y hongos que forman parte de la biodiversidad nativa.
Además, al ocupar espacio físico, las jacarandas limitan el crecimiento de árboles autóctonos, lo que representa una pérdida tanto para la biodiversidad como para la cultura mexicana.
Otro desafío asociado a las jacarandas es su impacto en la infraestructura urbana. Sus raíces, al ser robustas, suelen dañar banquetas y otras superficies, mientras que su gran altura puede ocasionar problemas con cables eléctricos. A pesar de estos inconvenientes, la falta de información sobre especies nativas ha llevado a que las jacarandas y otras plantas exóticas sean preferidas en viveros comerciales, lo que contribuye a la disminución de la vegetación autóctona.

La temporada de jacarandas no solo es un espectáculo visual que embellece los paisajes de México, sino también un recordatorio de la compleja interacción entre naturaleza, historia y urbanismo. Aunque su presencia plantea desafíos ecológicos, su impacto positivo en el entorno y en la calidad de vida de los habitantes de la ciudad es innegable, lo que las ha consolidado como un símbolo de la primavera en la capital mexicana.
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