
El gobierno de México anunció este viernes que prohibirá la importación de mercancías elaboradas bajo trabajo forzoso, incluyendo el infantil.
A través de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) y la Secretaría de Economía, publicó en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el Acuerdo que establece el mecanismo para restringir el ingreso a territorio nacional dichos productos.
En el documento se señaló que gracias al esfuerzo coordinado por los miembros del T-MEC (Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá) se consolida como una de las regiones que han fijado estándares más altos para restringir el arribo de mercancías producidas con trabajo forzoso.

Sin embargo, la prohibición entrará en vigor a los 90 días naturales siguientes a la fecha de su publicación.
El trabajo forzoso, definido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como una forma de esclavitud moderna, es una realidad inaceptable y dolorosa, por lo que el papel de nuestro país en su erradicación no solo responde a un compromiso internacional, sino también a un deber ético.

“De esta manera, el Gobierno de México reafirma su compromiso por dignificar el trabajo dentro y fuera del país, contribuyendo a la erradicación del trabajo forzoso en las cadenas globales de suministro”, apunta la dependencia que encabeza Raquel Buenrostro.
Explotación infantil en la industria de la moda
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por sus siglas en inglés) calcula que unos 150 millones de niños de entre 5 y 14 años, o casi 1 de cada 6 niños en este grupo de edad, son víctimas del trabajo infantil.
No es ningún secreto que las grandes marcas textiles explotan a sus trabajadores en sus fábricas ubicadas en países subdesarrollados. Aunque hayan tratado de ocultarlo durante años, cada vez se hace más evidente y es más conocido por todos la situación que viven sus trabajadores que, a menudo, son niños.

La explotación infantil en la industria textil es algo de lo que la mayoría de la población es consciente, el problema viene cuando las marcas involucradas son esas marcas lowcost las cuales cuentan con las prendas favoritas esta temporada.
Hace unos dos años, nació en Nueva Zelanda una organización sin ánimo de lucro con el objetivo de crear una etiqueta que acredita a las prendas que no han sido fabricadas por mano de obra infantil. Para ello, estas marcas deben someterse a una auditoría que garantice este hecho. Una vez confirmado, la prenda llevará una etiqueta en la que puede leerse “Child Labor Free” (libre de trabajo infantil).
Sólo el 3% de la ropa americana se hace en Los Estados Unidos; el otro 97% se subcontrata en países en desarrollo alrededor del mundo, donde los salarios suelen ser muy bajos. Sin duda, mujeres y niñas son las más afectadas.
Así, por ejemplo, según la Bangladesh Manufacturers Association, se estima que la industria textil emplea a unos cuatro millones de trabajadores, de los cuales son mujeres alrededor del 80%, que llegan a trabajar hasta 60 horas semanales, con un salario extremadamente bajo, con horas extras no remuneradas, perteneciendo a sindicatos con poder muy limitado y experimentando violencia de todo tipo en sus centros de trabajo.
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