
La redacción con inteligencia artificial funciona así: el profesor solicita la tarea “Problemas durante la Reforma en México”, un alumno le pide a la aplicación que escriba sobre eso, y manda por correo el texto generado automáticamente. El profesor ve que en el trabajo hay una idea interesante del tema y, al no encontrar faltas de ortografía ni copy-paste, califica con 10 el ensayo.

El alumno no aprende nada y el maestro deja de tener eficacia, esa es la tragedia que preocupa a muchas personas al inicio del 2023. Por el contrario, en el mundo profesional, esta nueva tecnología de redacción se ve como una gran oportunidad: comunicación más clara, instrucciones más precisas y mayor eficiencia del tiempo, pues, por ejemplo, un correo que antes llevaba 30 ó 40 minutos, se podrá terminar en 3 minutos o menos. Veamos el siguiente párrafo hecho con Rytr, una página gratuita a la que se puede ingresar muy fácilmente con la cuenta de Google:
Hay quienes comparan la ‘redacción inteligente’ con las calculadoras, en el sentido de que mientras en un principio estas se prohibieron en la escuela, se volvían indispensables para el desempeño profesional. Mucho se discutió sobre cómo afectarían la capacidad de cálculo de los estudiantes y de que, si se seguía así, al final terminaríamos dependiendo de las máquinas como un cuerpo en estado vegetal. Se exageró sin duda y se desaprovechó en su momento la oportunidad de integrar este dispositivo en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Ahora el desafío es mayor, porque la IA es algo cualitativamente distinto a la calculadora, pues colabora con o sustituye procesos intelectuales.

Cuando un maestro deja una tarea como la del primer párrafo, cuenta con que el alumno busque fuentes de información, las lea con detalle, seleccione de ahí algunas ideas, sintetice y, al final, revise y corrija la ortografía y la sintaxis. Ahora las herramientas de IA buscan en un mayor número de fuentes, proponen una síntesis clara y gramaticalmente correcta y, además, no son detectados por programas antiplagio tradicionales. Todavía más, como el profesor sabe que muchos alumnos tienen baja capacidad de lectura y de expresión escrita, en múltiples ocasiones se ha visto obligado a conformarse con textos simples, sin citas, en los que no se distingue entre las ideas de los demás y las propias, es decir, peores escritos que los que se generan automáticamente.
Vale la pena aclarar que la problemática que la redacción con IA plantea a las escuelas y universidades no es con trabajos académicos de alto nivel, sino con las tareas que comúnmente saturan las tardes de los estudiantes cumplidos. La aplicación de IA no da la idea inicial, no está entrenada para distinguir la verdad (pensamiento crítico), no tiene un marco de valores que le permita tomar decisiones racionales, no cita sus fuentes, no es capaz de argumentar de manera fundamentada y tampoco evalúa integralmente el resultado final de un escrito.
Por eso, si los profesores conocen las limitaciones y posibilidades de las herramientas de IA, podrán diseñar actividades que desarrollen tanto los aprendizajes como la profesionalización necesaria para el hoy-futuro. Así como antes el maestro consideraba que los alumnos podrían utilizar para la tarea la información disponible en internet, ahora hay que tener en cuenta que los alumnos pueden utilizar este asistente inteligente que les ofrece una lluvia de ideas, ejemplos de redacción en diferentes tonos (asertivo, enfático, informal, etc), ayuda para ampliar o sintetizar párrafos y la posibilidad de mejorar la ortografía y la sintaxis.

David Kelly explica que en el futuro la resolución de nuestros problemas no los dará una IA, ni tampoco un ser humano, sino que serán equipos híbridos, de humanos e IA los que tendrán el mejor y más adecuado desempeño. Con la ‘redacción inteligente’ se tiene la oportunidad de iniciar ya en la escuela una de las competencias de interacción con la IA que serán indispensables en pocos años, pero requiere del trabajo en equipo de profesores, pedagogos, tecnólogos y directivos.
Por lo tanto, más que una problemática, las herramientas de IA representan un reto a la educación. Si antes se hablaba de un hipermundo, remarcando que en la realidad ya resultaba indisociable la presencialidad de la virtualidad, ahora ya estamos en el umbral de algo de mayor complejidad, de una red en la que será cada vez más difícil distinguir cuál información proviene de las personas y cuál de la IA, un mundo (¿neuromundo? ¿simbiosis digital? ¿post noósfera?) en el que resultará vital para el bien común la filosofía4 para reflexionar y tomar las decisiones educativas y éticas más adecuadas para la humanidad.
Mauricio Miranda es director de la Biblioteca Ibero León.
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