Abrazos, café y mate fueron los primeros antídotos al viento y el frío de esta típica tarde otoñal en Buenos Aires, mientras sonaba Sobreviviendo, de Víctor Heredia. Esa era la imagen que se vio al llegar a la terraza del Complejo Art Media, en Chacarita, para la presentación del libro Cuando el amor vence al odio, de Victoria Donda. También fueron parte del paisaje los pequeños grupos que charlaban y que se reconfiguraban a medida que llegan los invitados.
“Quiero hacerlo rodeada de las personas que marcaron mi camino”, decía la invitación a la presentación del segundo libro de la hija de desaparecidos, militante y actual subsecretaria de Análisis y Seguimiento Político Estratégico de la Provincia de Buenos Aires. Y eso fue lo que hizo: saludar, abrazar, agradecer y sacarse selfies con sus compañeros de militancia de siempre. Con los acordes de fondo de Puente, de Gustavo Cerati, Donda recibió a los invitados como quien abre las puertas de su casa para una celebración, en un clima íntimo y político.
La cita era a las cinco de la tarde para escuchar las palabras de la autora junto a la periodista, detenida y secuestrada en la ESMA durante la dictadura militar, titular de la Defensoría del Público y prologuista del libro, Miriam Lewin, y el economista, asesor político y académico español Alfredo Serrano Mancilla. Entre los que esperaban sentados en las mesas de colores estaban Patricia Vaca Narvaja, directora del Consejo Económico y Social de la Secretaría de Asuntos Estratégicos; Walter Correa, ministro de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires; Gustavo Menéndez, Presidente del Grupo BAPRO e intendente de Merlo en uso de licencia, Agustina Vila, presidenta de la Fundación Banco Provincia y funcionaria de Axel Kicillof; María Laura Leguizamón, ex senadora nacional y también en representación de Laboratorios Richmond; Mariana Gras, titular del Consejo Nacional de las Mujeres; Gerardo y Sebastián Ferreyra, familia militante de los 70; y el periodista Daniel Tognetti, entre otros.
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Pero si hubo un momento de calidez fue el del abrazo de su hija Trilce -a quien conocimos cuando la amamantó cuando en una sesión del Congreso-. La niña saltó desde una de las sillas cuando la vio ingresar y la sonrisa de Donda se iluminó. “Lo personal es político” es una de las grandes ideas del libro Cuando el amor vence al odio. Esta escena fue solo el inicio.
“Este libro no empezó desde el amor sino desde el odio, después que me hicieran una de las campañas de fake news más fuertes que recibí y que más me dolieron”, dijo Donda sobre su segundo libro -diez años después del primero titulado Mi nombre es Victoria- y contó que la polémica en torno a tu empleada doméstica la hizo cuestionar si debía seguir militando.
“Hay que acordarse de donde uno viene”, continuó, “y entender que en este país, en este pueblo, necesitaron ejércitos, balas, botas, aviones y tirar gente viva de sus aviones para hacernos callar y así y todo no lo lograron”, para referirse a la última dictadura militar, un período que atraviesa su historia personal. “Van a necesitar muchísimas más tapas de diario, redes sociales, fallos del partido judicial para hacernos callar y aún así tampoco lo van a lograr. De eso se trata el libro”, subrayó Donda.
“Cuando el amor vence al odio es un espacio para compartir y abrir mil ventanas, con mucha intensidad, mucha historia, mucha vida, con muchas aristas, con muchas contradicciones”, señaló Serrano Mancilla. Pronto su infancia será el tema en torno al que girará el encuentro.
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En Cuando el amor vence al odio Donda cuenta por primera vez -y acompañada por las potentes ilustraciones de Ignacio Minaverry- la historia completa de su vida: la de su apropiación, el difícil reencuentro con su hermana biológica y el camino de su militancia por los Derechos Humanos.
“Me crié en el Conurbano, en la zona sur, que te acerca a la injusticia de ese conurbano de los 90, que si no venías de una familia politizada, el único destino que tenían era estar sentados en una esquina tomando una cerveza y cada tanto ser víctimas de las razias de la policía”, relató la militante y funcionario y recordó el caso Bulacio. “La política la vivíamos desde esa injusticia y la desigualdad”, rememoró.
La historia de una identidad
El relato de su infancia devino, indefectiblemente, en la reflexión sobre la identidad y la verdad. Un silencio rotundo y respetuoso se apoderó de la tarde ventosa en la terraza. Y la memoria, también. Luego fue el turno de las palabras de Lewin, quien contó que sabía de la existencia de Victoria desde la ESMA y habló de la búsqueda de justicia para referirse al juicio en curso a Adolfo Donda, militar condenado por delitos de lesa humanidad, en el que Victoria declaró en contra de su tío. “Parecía increíble que un hermano haya tolerado el asesinato de su hermano y de su cuñada y que regalaran a su sobrina, sangre de su sangre”, siguió la periodista.
La atención era total. Lewin detalló cómo conoció la historia de Victoria cuando, a principios de los 2000, llegó el caso a un organismo de Derechos Humanos, del que también formaba parte otra sobreviviente, Lidia Vieyra, quien, además, había participado del parto de Donda en la Escuela de Mecánica de la Armada. Varios elementos coincidían y daban con una nueva verdad: Analía ya no sería su nombre y sería una de las nietas restituidas por Abuelas de Plaza de Mayo. La autora de Putas y guerrilleras contó que los caminos que la unen a Donda son varios y manifestó tener una larga relación, un cariño incondicional, a pesar de las diferencias. Ninguna quiso evitar el abrazo.
¿Cómo era esa chica que Lewin visitó en Dock Sur cuando hacía Telenoche Investiga? “Me impresionó la forma de hablar y de moverse, las cualidades de líder que tenía Victoria” y profundizó en cuestiones concretas: “La vi sacarle piojos a los nenes en un comedor, meter las patas en el barro, tocar las puertas de las casas, preguntarle a la gente si los nenes y nenas estaban vacunados. Vi cómo todo el mundo la seguía naturalmente”. Hoy, confesó que la admira por su “lucha por ampliar derechos, el compromiso con el otro, con lograr una patria más justa”.
Serrano Mancilla volvió sobre un detalle del libro, un “acto fallido”, un “mientras tanto”, como definiría Pepe Mujica: cuando Victoria olvidó el DNI el día que se iba a hacer la prueba de ADN.
Donda comenzó con el relato y marcó la fecha exacta en que todo en su vida comenzó a cambiar: el 28 de junio de 2003, el día en que se enteró que su padre era, en realidad, su apropiador. Así empezó la búsqueda de su verdadera identidad. Sin embargo, dijo, que le costó mucho tomar la decisión de hacerse el ADN. También mencionó la importancia de la ley del examen obligatorio de ADN, sancionada en 2009.
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Es que el libro Cuando el amor vence al odio parte de la historia particular de Victoria para construir colectivamente una histoira de miles. Donda también recuerda con dolor la contradicción de querer a su apropiador y acusarlo: “si hay algo que no podemos hacer como sociedad y como pueblo es pedir impunidad para los delitos que se cometieron en esta sociedad en nombre de cosas que no conocen como el honor, la república, la patria y el pueblo”, sentenció y pidió “recontar la historia todas las veces que sea necesario”.
Y contó, mientras su hija pasaba por delante del escenario y le tiraba besos, cómo eran sus padres biológicos, cómo se acercó a sus familias y el increíble parecido a su madre en todo sentido; le costó un poco más acercarse a la historia de su padre.
Ser sobreviviente
Pero Donda también habló de los que están y saben del terror de Estado en carne propia: “Todos los sobrevivientes merecen un lugar en la historia que está reservado, así como les reservamos un lugar a las Madres y a las Abuelas, a quienes ponen el cuerpo para que hoy sea justicia”, destacó y remarcó que la justicia sin sobrevivientes no sería posible.
Lewin retomó estas palabras para decir que “es nuestra responsabilidad mientras nos de la fuerza física y la lucidez mental hacer memoria, de compromiso” en nombre de esos sobrevivientes que fallecieron y de los juicios que quedan pendientes, como los de violencia sexual en centros clandestinos de detención.
“Victoria es una mujer que venció la oscuridad, es luminosa, un pedazo de memoria”, cerró Lewin con un aplauso de los presentes, mientras Serrano Mancilla alentó a leer el libro y pensar en la lucha.
Tras las últimas palabras de los oradores, Victoria cerró con agradecimientos y arengó “por un proyecto político que muestre que el amor siempre va a vencer al odio”. Los aplausos no tardaron en llegar, el café ya estaba listo en la barra y el clamor de las marchas por la memoria y la justicia cerró la presentación: “¡30.000 compañeros detenidos-desaparecidos, presentes! ¡Ahora y siempre!” Los abrazos siguieron, ahora y siempre.
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