El buen vecino que elegía a mujeres conocidas para violarlas y matarlas: los 12 años de terror que terminaron en la casa de su jefe

Nacido en Clinton, Montana, el 18 de octubre de 1955, Wayne Nathan Nance empezó a violar y matar poco después de terminar la escuela secundaria. Trabajador empeñoso y ciudadano amable, perpetró su raid de abusos y muertes sin que la policía pudiera identificarlo. Su carrera terminó abruptamente de un balazo que le disparó en la cabeza un hombre al que creía haber matado

Wayne Nance el destripador de Missoul
Durante años, Wayne Nance se mantuvo alejado de toda sospecha bajo la fachada de buen vecino
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A Wayne Nathan Nance le gustaba violar y matar, un goce que cultivó durante más de una década sin que nadie lo descubriera. No elegía sus víctimas al azar, sino que prefería a mujeres conocidas, algunas de ellas casadas, en cuyos casos también mataba a sus maridos si se presentaban como un obstáculo. Precisamente eso intentó hacer la noche del 3 de septiembre de 1986, cuando entró en la casa del jefe de la mueblería donde trabajaba y todo le salió tan mal que marcó el final de su carrera de asesino en serie y también de su vida.

Hacía rato que había oscurecido y Doug Wells y su esposa Kris acababan de cenar cuando Nance llamó a la puerta de su casa en Missoula, Montana. Doug no desconfió nada al toparse con su empleado Wayne y escucharlo decir que necesitaba ayuda porque no le arrancaba la camioneta. Seguía confiado cuando se dio vuelta para buscar su caja de herramientas y recibió un violento golpe en la nuca que lo desmayó. Con el dueño de casa inconsciente sobre el piso del living, Wayne irrumpió en la cocina y redujo sin dificultad a Kris, la ató y la amordazó. Después arrastró a Doug al sótano, lo ató y lo acuchilló en el pecho, a la altura del corazón. Se fue creyéndolo muerto y volvió a la cocina para violar a la mujer. No tuvo tiempo, porque aun herido y con el cuerpo cargado de adrenalina, Doug logró desatarse, tomó un rifle de casa que guardaba cargado en un armario del sótano, subió las escaleras, entró a la cocina y le disparó en la cabeza. El disparo resonó en todo el barrio y los vecinos llamaron a la policía, que encontró a Kris todavía atada, a Doug herido pero consciente y a Wayne Nance agonizando en el piso con la cabeza destrozada. El violador murió mientras lo llevaban al hospital, en cambio Doug Wells se recuperó de la herida y vivió para contarlo.

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Wayne Nance el destripador de Missoul
Doug Wells, el jefe del asesino serial y su esposa Kris fueron sus objetivos: buscaba personas conocidas

En un primer momento, la policía pensó que se trataba de un caso aislado, provocado por una insana atracción que Wayne Nance había sentido por la esposa de Doug Wells, pero cuando por rutina se comparó el ADN del agresor muerto con muestras obtenidas en los cuerpos de las víctimas los asesinatos no resueltos de los últimos años se comprobó que coincidían. Wayne Nance era un asesino en serie, el primero de la historia criminal del estado de Montana. “Era algo difícil de creer, porque las personas que lo conocían lo tenían como un hombre encantador. No solo era amable, también era guapo, muy guapo”, dijo la detective Marta Timmon de la Oficina del Sheriff del Condado de Missoula para explicar su desconcierto. Los medios lo bautizaron de inmediato como “el asesino de Missoula”.

Un criminal precoz

Wayne Nathan Nance nació el 18 de octubre de 1955 en Clinton, Montana, hijo de una madre empleada de comercio y un padre camionero. Poco se sabe de su infancia, pero sí que en la adolescencia sus compañeros de la secundaria lo veían como un “bicho raro”, que se autolesionaba, se jactaba de practicar el satanismo y prometía que mataría a alguien antes de cumplir los veinte años. Nadie tomaba muy en serio esas cosas, porque en la escuela y en el barrio donde vivía con su familia se lo tenía como un joven inteligente, buen estudiante, amante de los deportes, servicial y atlético.

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Por eso nadie sospechó de él entre 1974 y 1986, cuando Missoula dejó de ser una comunidad tranquila, donde casi no se cometían delitos, para convertirse en escenario de crímenes violentos y desapariciones misteriosas. La policía no conectaba los asesinatos entre sí y tampoco los relacionaba con las desapariciones. Los detectives creían que se trataba de casos aislados, cometidos por diferentes delincuentes que luego de perpetrarlos huían para no volver.

Wayne Nance cometió su primer asesinato a los 18 años, poco después de graduarse en la secundaria. El 11 de abril de 1974 irrumpió en la casa de Harvey Pounds, diácono de la Iglesia Bautista Bethel, a la que Nance asistía como feligrés. Por eso Donna, la esposa del párroco, no desconfió cuando al abrir la puerta se encontró frente a ese joven amable, al que conocía muy bien. Le dijo que su marido no estaba, pero de todos modos lo invitó a pasar. Una vez adentro, el chico simpático se convirtió en una bestia salvaje. Le apuntó a Donna con una pistola Luger, la obligó a ir al dormitorio y la violó. Después, siempre a punta de pistola, la llevó al sótano y la mató de cinco tiros en la cabeza.

La policía encontró ropa interior ensangrentada en la casa, no se pudo identificar su procedencia, ya que había sido lavada. De repente, Harvey Pounds se convirtió en sospechoso del asesinato de su propia esposa, una acusación que se vio agravada porque pronto se supo que el bueno del párroco mantenía una relación extramatrimonial. El caso fue finalmente archivado por falta de pruebas.

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El párroco Harvey Pounds y su esposa Donna

Con todas las miradas puestas en el párroco Punds, la policía no tuvo siquiera en cuenta el comentario de un vecino que les dijo a los agentes que ese día había visto a Wayne Nance cerca de la casa del religioso y su mujer. Ni siquiera se tomaron el trabajo de como testigo. Poco después Nance se incorporó a la Armada, donde permaneció tres años hasta ser dado de baja por mala conducta en 1977, luego de que sus superiores encontraran en su poder una serie de artículos robados a otros soldados, LSD, marihuana y una navaja mariposa, que por entonces se consideraba un arma ilegal. Durante los años que Nance estuvo en las filas no hubo violaciones seguidas de asesinato en Missoula.

Asesino en serie

Luego de su baja, Nance visitó Seattle, en Washington, en julio de 1978, al mismo tiempo que desapareció Devonna Louise Nelson, una joven de 15 años que se había escapado de casa. El 27 de febrero de 1980, su cuerpo en avanzado estado de descomposición fue descubierto por la tripulación de un tren de carga que circulaba lentamente en un terraplén cerca de la Interestatal 90 en la ciudad de Missoula. Debido al estado los restos, la joven no fue identificada hasta el 16 de febrero de 1985. No llevaba zapatos ni ropa interior y su vestido estaba subido hasta el cuello. Había sido apuñalada en el pecho. Antes de que se confirmara su identidad, fue apodada “Betty Beavertail” por el cercano Parque Estatal Beavertail Hill. Demasiadas coincidencias con los movimientos de Wayne Nance, pero nadie las tuvo en cuenta.

Aunque se cree que perpetró otros asesinatos después matar a Devonna Nelson, el siguiente crimen comprobado de Nance fue el de Marcella Bachmann, también conocida como Robin. Corría 1984 y Wayne trabajaba como portero en el bar Cabin de Missoula cuando se puso de novio con la chica, que solo tenía 16 años. En septiembre de ese año, la pareja anunció que se iba de la ciudad para empezar de cero en otro lugar. Tres meses después, el cuerpo de una joven apareció en un bosque de Missoula. El patólogo forense pudo determinar que había muerto de tres disparos en la cabeza unos noventa días antes. Como no se pudo establecer su identidad, la policía la bautizó como “Debbie Deer Creek” por el lugar donde se encontró el cadáver. Nadie relacionó a la joven muerta con Nance hasta 2006, cuando una prueba de ADN determinó que se trataba de Marcella Bachmann.

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Marcella Bachmann, otra de sus víctimas, era su novia

En septiembre de 1985 apareció otro cadáver sin identificar. “Christy Crystal Creek”, como la llamó la policía, había recibido dos disparos en la cabeza y su cuerpo había sido abandonado en el bosque. Por entonces, los medios ya hablaban de un “destripador” de los bosques, pero nadie podía identificar al asesino. Mientras tanto, Wayne Nance continuaba con su vida normal sin despertar sospechas.

Volvió a matar la noche del 12 de diciembre de ese año. Mike y Teresa Shook acababan de cenar con sus tres hijos pequeños cuando Nance golpeó la puerta de su casa. Mike no alcanzó a pronunciar una sola palabra antes de ser brutalmente apuñalado con un cuchillo de carnicero. Murió sin siquiera gritar. Una vez dentro de la casa, Nance redujo a Teresa y encerró a los tres chicos en una habitación. Después llevó a la mujer al dormitorio matrimonial y la violó. Cuando terminó, la mató de una puñalada en el corazón. Antes de irse, prendió fuego dentro de la casa para matar a los niños, que se salvaron gracias a la rápida intervención de unos vecinos que entraron a la casa cuando vieron el incendio. La policía trató de que dieran una descripción del asesino, pero no logró nada.

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Mike y Teresa Shook junto a sus tres hijos, quienes pudieron salvar sus vidas gracias a sus vecinos

Cuando mató al matrimonio Shook, Nance ya trabajaba en la empresa de mudanzas Conlin. Cebado por sus éxitos, pronto eligió a su siguiente víctima: Kris, la mujer de su jefe Doug Wells. Lo intentó la noche del 3 de septiembre de 1986, pero esa vez todo le salió mal y su carrera como violador y asesino terminó abruptamente cuando recibió un disparo de rifle en la cabeza. En su billetera, la policía encontró varias fotos que le había tomado a Kris en la calle y en la puerta de la casa sin que la mujer se diera cuenta.

En el allanamiento de la vivienda y la camioneta de Nance, los investigadores encontraron mechones de pelo, joyas grabadas y ropa interior de las mujeres que llevaban años desaparecidas. Las pruebas de balística, los “trofeos” encontrados en la casa y una serie de pruebas de ADN lo vincularon con la muerte de Donna Pounds en 1974 y el brutal asesinato de los Shook. También permitieron resolver los casos de las tres jóvenes halladas en los bosques cercanos a Missoula, cuyas pertenencias estaban escondidas en el dormitorio del asesino.

Wayne Nance está enterrado en el Cementerio de Missoula. Sus crímenes son utilizados por los instructores del FBI como modelo del comportamiento de los asesinos seriales que se esconden detrás de la fachada de buenos vecinos. Entre el material de estudio se utiliza un libro de investigación escrito por el periodista John Coston cuyo título describe a la perfección el accionar de Nance: Matar y volver a matar: La aterradora historia real del asesino sexual en serie con cara de niño de Montana.

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