Ragnhild sabía que no sería la reina de Noruega. Tenía el linaje, era la primogénita, pero nació en una época en la que las mujeres no tenían los mismos derechos sucesorios que los varones. Por eso, cuando llegó el momento, la corona pasó a su hermano Harald, siete años menor.
La princesa Ragnhild Alexandra, hija del rey Olav V de Noruega y de su esposa, la princesa Märtha de Suecia, podría haber tenido un reino como su prima segunda, Isabel II del Reino Unido, pero vivió en un plano secundario por otra razón. En 1953 se casó por amor con Erling Sven Lorentzen, un hombre rico, pero plebeyo, a principios de la década del 50 y dejó sus privilegios para vivir una vida burguesa en Río de Janeiro, donde formó una familia. Él era nada menos que su guardaespaldas.
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Ragnhild murió el 16 de septiembre de 2012 a los 82 años en su casa de Río de Janeiro, por un cáncer de pulmón. Ocho días más tarde, su cuerpo fue recibido en Oslo por su hermano, el rey Harald V, y su hermana la princesa Astrid. Sus restos fueron sepultados en la iglesia de Asker, la misma en la que dio el ‘sí quiero’ a Lorentzen, quien la sobrevivió 8 años y murió a los 98.
A partir de la reforma de la Constitución noruega del 29 de mayo de 1990, la primogenitura pasó a ser absoluta, por lo que el hijo mayor, con independencia de su sexo, tiene prioridad sucesoria. Sin embargo, la modificación no se aplicó de manera retroactiva a Ragnhild, que había nacido bajo las reglas anteriores y no tenía derechos sucesorios por ser mujer. La historia volvió a repetirse con su sobrina Märtha Louise, que quedó detrás de su hermano menor el rey Haakon VIII, quien accedió al trono el 28 de agosto de 2026. Aunque la norma sí se aplicará a la nueva generación con Ingrid Alexandra, la hija mayor de Haakon y Mette-Marit.
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Un nacimiento histórico
Si bien la primogénita de Olav V de Noruega no tuvo una vida de cuentos, príncipes y castillos, sí tuvo una vida muy interesante, llena de elecciones personales junto al hombre que amaba.
Nació el 9 de junio de 1930, cuando sus padres eran príncipes herederos del trono noruego. Su llegada al mundo tuvo una particularidad histórica: fue la primera princesa noruega en nacer en suelo noruego después de 629 años. La última había sido Ingeborg, hija de Haakon V, nacida en 1301. Tras la muerte de Haakon VI, en 1380, Noruega quedó vinculada a la corona de Dinamarca y posteriormente a la de Suecia, hasta recuperar su propia monarquía en 1905.
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La disolución de la unión con Suecia en 1905 dio paso a una monarquía constitucional propia. El Parlamento ofreció el trono al príncipe danés Carl, quien adoptó el nombre de Haakon VII. Su hijo, el futuro Olav V, había nacido en Inglaterra en 1903. Ragnhild nació en el Palacio Real de Oslo.
Los primeros años de su vida, una década aproximadamente, vivió y creció en la residencia real de Skaugum, en Asker, al oeste de Oslo, pero todo cambió en 1940, cuando su familia se vio obligada a trasladarse a Washington D.C. Vivió en el exilio junto a su madre y sus hermanos como consecuencia de la invasión alemana, durante la Segunda Guerra Mundial. Su padre y su abuelo, el entonces rey Haakon VII, establecieron un gobierno noruego en el exilio en Gran Bretaña.
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Con el final de la guerra, la princesa, ya con quince años, regresó a su tierra. Fue también entonces cuando conoció a Erling Sven Lorentzen, su guardaespaldas, un veterano de guerra seis años mayor que ella. Este había integrado la unidad de resistencia de élite Compañía Independiente Noruega 1, dedicada a operaciones especiales, y provenía de una familia acaudalada, propietaria de una naviera, pero burgués al fin.
El joven veterano de guerra le dio clases de navegación. No pasó mucho tiempo para que ella quedara encandilada por ese hombre, y la familia, que al principio no prestó demasiada atención, pronto comenzó a preocuparse. Por más rico que fuera, no tenía títulos nobiliarios, por lo que su abuelo el rey, y la madre de la princesa tuvieron motivos suficientes para desalentar esa relación que no iba a ningún puerto.
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Ragnhild no hizo caso y se empecinó con esa relación, que la llevó al altar el 15 de mayo de 1953. A diferencia del rey Eduardo VIII, que había abdicado por amor pocos años antes, ella no estaba destinada a ocupar el trono noruego. Por decisión del rey Haakon VII, pasó de ser “su alteza real” a “su alteza, la princesa Ragnhild, señora Lorentzen”.
La boda fue en la Iglesia de Asker, cerca de Oslo. Según las crónicas de la época, unas 200 mil personas se acercaron para seguir el cortejo por las calles. La novia llevó un vestido de satén color marfil, con escote palabra de honor, acompañado por un abrigo al tono. Lo lució con un collar de perlas, una diadema de encaje con velo y un ramo con orquídeas y lirios del valle. Erling se vistió con un sobrio esmoquin. No faltaron a la cita la princesa Margarita de Gran Bretaña, la princesa Ingeborg de Suecia, abuela materna de Ragnhild; su abuelo, el rey Haakon VII; el rey Federico IX y la reina Ingrid de Dinamarca, y otros miembros de las casas reales de Europa.
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Después de pasar la luna de miel en Italia, la pareja viajó a Río de Janeiro, un lugar muy diferente a la fría Escandinavia. En esa tierra soleada donde Erling tenía negocios, pensaban quedarse por poco tiempo, pero allí se establecieron de por vida. En Brasil nacieron sus tres hijos: Haakon (1954), Ingeborg (1957) y Ragnhild (1968).
La realeza noruega fue pionera en cuestiones de amor con plebeyos. Y Ragnhild fue la que abrió la puerta. Su hermana, la princesa Astrid, se casó con el medallista olímpico Johan Martin Ferner en 1961. Y fue más allá: él estaba divorciado. Astrid murió hace pocos días, el 11 de septiembre de 2026, apenas catorce días después de su hermano menor, el rey Harald V.
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El rey, igual que sus hermanas, se casó con alguien que no era noble. Su elegida, Sonja Haraldsen, había sido desaprobada para un compromiso matrimonial. El príncipe heredero estuvo a punto de renunciar a sus derechos al trono si no era aceptada. Finalmente, la relación fue aceptada y fue reina consorte durante 35 años. Tras la muerte de Harald V, el gobierno noruego se refiere a ella como reina Sonja. Mantiene el título de reina, sin tratamiento de Majestad. Dejó de ser la reina consorte, ya que ese lugar pasó a Mette-Marit como esposa del nuevo rey Haakon VIII.
Ragnhild nunca fue reina ni vivió rodeada de los rituales de una corte. Eligió casarse con el hombre que amaba, dejó atrás los privilegios de la familia real y encontró en Río de Janeiro el lugar donde construir su propia vida. Allí, lejos de Noruega y de las obligaciones de la corona que nunca le correspondió, vivió durante casi seis décadas junto a Erling Lorentzen y formó la familia que había elegido.
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