El día que se estrenó Expedientes X: el fenómeno que convirtió las conspiraciones, los ovnis y lo inexplicable en un culto televisivo

La serie creada por Chris Carter tuvo su primera emisión el 10 de septiembre de 1993 y enfrentó a un creyente en lo paranormal con una científica escéptica, una fórmula que cambió la televisión. Con 11 temporadas y 218 episodios mezcló terror y ciencia ficción y marcó a toda una generación

Expedientes X
Expedientes X revolucionó la televisión de los años 90 combinando la mitología conspirativa, el terror de sus "monstruos de la semana" y una química inigualable entre sus protagonistas
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Una luz blanca y cegadora perfora la oscuridad del Bosque Nacional de Oregón. Una adolescente en camisón corre desesperada entre la maleza, perseguida por una fuerza invisible. Cae. Una silueta se para frente a ella; un resplandor casi enceguecedor deja la pantalla en blanco. Así, sin preámbulos ni explicaciones, comenzó, el viernes 10 de septiembre de 1993, el episodio piloto de Expedientes X. Nadie lo sabía en ese momento, pero esos primeros minutos de suspenso y tensión estaban fundando una de las series de televisión más importantes de los años noventa.

Creada por Chris Carter para la cadena Fox, The X-Files (su nombre original) partía de una premisa tan simple como poderosa: dos agentes del FBI destinados a investigar los casos que escapaban a toda explicación racional. Fox Mulder, interpretado por David Duchovny, era un investigador obsesionado con lo paranormal y convencido de que el gobierno ocultaba información sobre vida extraterrestre. Dana Scully, encarnada por Gillian Anderson, era su contrapunto: médica y científica, escéptica y rigurosa, había sido asignada para observar y cuestionar las teorías de su compañero. Juntos recorrían una galería de fenómenos inexplicables —abducciones, criaturas, conspiraciones, apariciones y experimentos secretos— mientras intentaban descubrir qué había detrás de los llamados “expedientes X”, los casos archivados por el FBI que nadie más quería investigar.

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La serie combinaba casos independientes —criaturas, abducciones, fenómenos paranormales y experimentos secretos— con una historia mayor sobre la conspiración extraterrestre y el gobierno. Esa fórmula, sumada a la relación entre Mulder y Scully, hizo de Expedientes X en un fenómeno televisivo que, con el paso de los años, se convirtió en una serie de culto. Tuvo nueve temporadas consecutivas entre 1993 y 2002, antes de regresar con dos temporadas más entre 2016 y 2018. En total fueron 11 temporadas y 218 episodios, y el 21 de marzo de 2018 Fox emitió su último capítulo.

Mark Snow creó el célebre tema musical de Expediente X: la melodía y silbido se convirtieron en una de las firmas sonoras más reconocibles de la televisión de los 90
Esta escena, que forma parte del episodio piloto de "Expedientes X", de Chris Carter, introduce el tema de los extraterrestres en la serie de ciencia ficción

Un escritor de comedias que quería dar miedo

Chris Carter, creador y ocasional director de Expedientes X, no llegó a la serie como un especialista en ciencia ficción. Había trabajado para Disney y venía de escribir comedias para televisión, pero deseaba hacer algo diferente. Entre sus principales influencias estaba Kolchak: El acosador nocturno, una serie de los años 70 en la que un periodista investigaba vampiros, monstruos y otros fenómenos que el resto prefería ignorar. También lo marcó la película El silencio de los inocentes, que le mostró que una investigación policial podía convertirse en una historia oscura y que una mujer podía ocupar el centro de ese universo.

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A principios de los 90, Carter leyó sobre un estudio según el cual millones de estadounidenses creían haber sido abducidos por extraterrestres. El dato le llamó la atención no porque se empeñara (por propia ideología) demostrar que los ovnis existían, sino porque encontraba ahí una pregunta que podía sostener una serie: ¿Qué pasa cuando alguien está convencido de haber visto algo imposible y no puede demostrarlo? A eso le sumó una idea que encajaba con la cultura de la desconfianza en la política y el poder: ¿Qué pasaría si el gobierno supiera algo que el resto de la sociedad ignora?

Expedientes X
Chris Carter, creador y ocasional director de Expedientes X (Beth Dubber/FOX)

De esa combinación nació la serie: Carter imaginó a dos agentes del FBI destinados a investigar los casos que no encontraban una explicación lógica y convencional. Uno debía estar dispuesto a creer; el otro, obligado a exigir pruebas.

En 1992 escribió el guion del piloto y comenzó a proponer el proyecto a los directivos de Fox. Aunque la cadena dudó inicialmente del concepto y rechazó la propuesta, la insistencia de Carter logró que finalmente le dieran luz verde. El rodaje comenzó a principios de 1993 en Vancouver (Canadá), una locación ideal por sus bosques y clima lúgubre. Para entonces, la serie ya tenía definida su esencia: el choque que se produce cuando lo inexplicable aparece frente a personas cuya tarea consiste, precisamente, en encontrar una explicación.

El personaje de Dana Scully se convirtió en una referencia para mujeres interesadas en la ciencia y la medicina. El fenómeno fue bautizado como “efecto Scully” años después del estreno de la serie
Desde el primer episodio, la pareja de investigadores se convirtieron en los favoritos de la cadena Fox # Expedientes X - Mulder & Scully

Mulder y Scully: creer contra demostrar

Como toda buena historia, esta también necesitaba dos protagonistas antagónicos capaces de sostener el conflicto episodio tras episodio. Fox Mulder (David Duchovny) era un agente del FBI brillante pero considerado excéntrico por sus colegas. Había dedicado buena parte de su carrera a los llamados expedientes X y estaba convencido de que detrás de algunos de ellos había fenómenos que la ciencia todavía no podía explicar, en particular la existencia de vida extraterrestre. Su obsesión tenía un origen personal: la desaparición de su hermana Samantha cuando ambos eran niños. Mulder estaba convencido de que había sido abducida y convirtió esa sospecha en una búsqueda que terminaría dominando su vida.

Dana Scully (Gillian Anderson) era su opuesto. Médica y científica, llegó a los Expedientes X para aportar una mirada racional a las investigaciones de Mulder. También había una razón menos evidente para su presencia: evaluar el trabajo de su compañero y cuestionar sus conclusiones. Carter había diseñado deliberadamente una relación que invertía los roles habituales de la televisión: el hombre era quien creía en lo extraordinario y la mujer era quien exigía pruebas.

Para Carter, Scully tenía que ser lo suficientemente rigurosa como para que Mulder pudiera partir de una base científica sólida y llevar la investigación hacia terrenos cada vez más difíciles de explicar. Pero, creó un fenómeno que se le fue de las manos y el personaje terminó teniendo un impacto que nadie podía prever en 1993. Años después comenzó a hablarse del “efecto Scully”, la influencia que tuvo sobre mujeres interesadas en la ciencia, la medicina, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. Un estudio realizado en 2018 por el Geena Davis Institute y 21st Century Fox encontró que el 63% de las mujeres familiarizadas con Scully decía que el personaje había aumentado su confianza para desempeñarse en una profesión dominada por hombres. Así la racional médica dejó de ser solamente el contrapunto de Mulder y se había convertido en un modelo profesional para las espectadoras.

Expedientes X
Mulder, el creyente impulsivo, y Scully, la científica escéptica: una dinámica perfecta que redefinió los roles de género en las series de investigación policial y cosechó decenas de premios internacionales

Aunque la construcción de Scully fue fundamental, el personaje estuvo a punto de ser muy diferente. Cuando llegó el momento del casting, Fox quería una actriz con más experiencia y una imagen más cercana a los estándares de la televisión de la época. Carter, en cambio, insistió con Gillian Anderson, entonces de 24 años y con mucha más experiencia en teatro que frente a las cámaras. Dejarla fue una decisión fundamental. Guillian construyó una Scully que no era simplemente la mujer que acompañaba a Mulder: tenía sus propias convicciones, conocimientos y dudas. Junto con David Duchovny encontró además una química que permitió que la relación entre ambos creciera sin convertirse inmediatamente en un romance.

Esa tensión se convirtió en uno de los motores de Expediente X. Mulder quería creer; Scully necesitaba pruebas. Pero la serie no los mantenía siempre en el mismo lugar. Un caso podía comenzar con Mulder convencido de haber encontrado una explicación paranormal y terminar enfrentando a Scully con algo que no podía explicar. O podía ocurrir exactamente al revés. La incertidumbre permitía que los personajes pusieran a prueba sus propias certezas y convertía cada investigación en algo más que la búsqueda de un culpable o una explicación. También era un enfrentamiento entre dos maneras de entender el mundo.

Carter no quería que la relación entre Mulder y Scully desplazara los casos. Durante las primeras seis temporadas se mantuvieron como compañeros profesionales, se trataban por sus apellidos y dejaron la tensión romántica en segundo plano. La relación fue avanzando lentamente hasta convertirse en una pareja en las temporadas siguientes, pero nunca dejó de estar subordinada a la historia principal.

Expedientes X
Los agentes Mulder descubren las trampas y secretos ocultos en la granja de la infame familia Peacock durante el legendario episodio Home (1996)

La fórmula: conspiración y monstruos

Los primeros capítulos dejaron claro que Expediente X no iba a contar siempre la misma historia. “Garganta Profunda”, el segundo capítulo, introdujo al misterioso personaje que le entregaba a Mulder información sobre investigaciones militares y fenómenos que el gobierno negaba. Era una de las primeras piezas de una conspiración que con el tiempo iba a ocupar un lugar cada vez más importante. Pero Chris Carter entendió que la serie no podía depender únicamente de los extraterrestres y sus secretos.

Así apareció una de las grandes fórmulas de Expediente X: el llamado “monstruo de la semana”, episodios centrados en un caso independiente que podía comenzar y terminar sin depender de la trama principal. En el episodio Muere escabulléndose, por ejemplo, Mulder y Scully perseguían a Eugene Tooms, un hombre aparentemente común capaz de estirar su cuerpo hasta límites imposibles. En Cuerpos de hielo, los agentes quedaban aislados en una estación científica de Alaska junto a un parásito extraterrestre capaz de alterar el comportamiento de quienes lo portaban, desatando una paranoia extrema que los obligaba a desconfiar el uno del otro por primera vez. Eran historias de terror y ciencia ficción, pero también podían funcionar como policiales o thrillers y, sobre todo, podían verse sin conocer la trama general de la serie.

Expedientes X
El actor Chad Donella interpreta a Rob Roberts en Hungry, el tercer episodio de la séptima temporada de Expedientes X, emitido en el año 2000

Uno de los episodios que llevó esa fórmula al extremo fue “El hogar”, de la cuarta temporada, emitido en 1996. Mulder y Scully investigaban la muerte de un bebé en un pequeño pueblo de Pensilvania y terminaban enfrentándose a los hermanos Peacock, una familia marcada por la violencia y el incesto.

Fue tan perturbador que Fox no volvió a emitir el episodio durante tres años. Cuando regresó a la pantalla, en 1999, fue presentado con una advertencia sobre su contenido y se convirtió en el único capítulo de la serie que recibió la clasificación TV-MA en Estados Unidos, que equivale a “apta para mayores de 18 años”. Con título original Home, mostró que el terror de Expediente X no necesitaba extraterrestres ni fenómenos sobrenaturales sino que a veces podía surgir de los rincones más oscuros de la propia sociedad.

La serie también podía darle la vuelta a su propia fórmula. En Hambriento, tercer episodio de la séptima temporada, emitido originalmente el 21 de noviembre de 1999, la historia sigue a Rob Roberts, un empleado de un restaurante de comida rápida que intenta controlar su necesidad de alimentarse de cerebros humanos. Mulder y Scully investigan los asesinatos, pero el episodio está contado en buena medida desde la perspectiva del propio monstruo. Escrito por Vince Gilligan, mucho antes de crear “Breaking Bad”, Hungry (titulo original) demostraba que la serie todavía podía encontrar nuevas formas de contar una historia que el público ya conocía.

Expedientes X
Los agentes Mulder y Scully investigan un misterioso símbolo vudú pintado en un árbol durante el episodio Fresh Bones (Temporada 2, 1995)

La otra parte de la fórmula era la llamada “mitología”: la historia que seguía las investigaciones de Mulder sobre la desaparición de su hermana Samantha, los extraterrestres y la conspiración dentro del gobierno. Mientras esos capítulos dejaban pistas que podían tardar años en encontrar una respuesta, los casos independientes permitían empezar de cero cada semana.

Esa combinación fue una de las claves de la duración de Expediente X: podía avanzar lentamente una historia que llevaba años construyéndose y, al episodio siguiente, presentar una nueva criatura, una leyenda o una pesadilla completamente distinta.

En 2018, Expediente X llegó a su fin, cerrando un ciclo televisivo que también dejó su marca en Argentina. La serie había desembarcado en Telefe en enero de 1995, bajo el título Código X, y desde entonces Mulder y Scully se convirtieron en parte del imaginario televisivo argentino. Más de tres décadas después de aquel estreno, la serie ahora de culto que comenzó en un bosque de Oregón sigue disponible para nuevas generaciones de espectadores en algunas plataformas.

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