El médico polaco que “inventó” una epidemia para salvar la vida de 8.000 judíos durante el Holocausto nazi

Eugeniusz Łazowski creó un sistema que hacía que las personas dieran falso positivo de tifus. De esta manera, la Gestapo no se acercaba al pueblo polaco en el que vivía el doctor

Guardar
Google icon
Fotografía en blanco y negro del Dr. Eugeniusz Łazowski sosteniendo varios gatos a la izquierda; a la derecha, una señal de advertencia de tifus con una calavera
Entre 1942 y finales de 1943, Łazowski y su colega el doctor Stanisław Matulewicz fabricaron una epidemia de tifus que nunca existió

Llevaba una pastilla de cianuro en el bolsillo cada vez que salía a visitar pacientes. No era un soldado ni un espía. Era un médico de pueblo en la Polonia ocupada por los nazis. Sabía que si lo descubrían, lo fusilarían en el acto. Eugeniusz Łazowski eligió ese riesgo con deliberación. Su arma era una jeringa y el miedo irracional del Tercer Reich a una bacteria.

Entre 1942 y finales de 1943, Łazowski y su colega el doctor Stanisław Matulewicz fabricaron una epidemia de tifus que nunca existió. Lo hicieron en silencio, inyectando a miles de aldeanos polacos una sustancia que los hacía dar positivo en las pruebas diagnósticas nazis sin enfermarlos. El resultado fue que más de 8.000 personas de 12 guetos de la región escaparon de la deportación a los campos de exterminio. El mundo no se enteró hasta 1977.

PUBLICIDAD

Foto en blanco y negro de dos hombres; uno toca un acordeón y el otro, sonriente, está sentado a una mesa con una bebida
Eugeniusz Łazowski eligió ese riesgo con deliberación. Su arma era una jeringa y el miedo irracional del Tercer Reich a una bacteria

La ocupación que convirtió Polonia en un matadero

El 31 de agosto de 1939, un comando de las SS atacó una emisora de radio alemana en Gliwice, cerca de la frontera polaca, haciéndose pasar por rebelde. Leyeron en polaco una proclama violenta contra el Tercer Reich. Era una operación diseñada por Reinhard Heydrich para fabricar el pretexto que Adolf Hitler necesitaba para invadir Polonia. Al día siguiente comenzó la guerra.

Lo que siguió fue una ocupación sistemática y letal. El 20% de los polacos murió durante el conflicto. Miles de personas fueron ejecutadas, muertos de hambre, sometidos a trabajos forzados o exterminados en alguno de los seis campos de exterminio instalados en territorio polaco: Chelmno, Belzec, Sobibor, Majdanek, Treblinka y Auschwitz-Birkenau. La Gestapo combinaba sus redadas con el arrasamiento de aldeas enteras para reclutar mano de obra para fábricas y minas.

PUBLICIDAD

Desde octubre de 1941, una ordenanza nazi estableció la pena de muerte para cualquier polaco no judío que ayudara a una persona de origen judío. Polonia fue el único país de la Europa ocupada donde esa norma se aplicó con ese alcance. Se perseguía a quien les daba comida, los transportaba o gestionaba sus bienes.

Imagen en blanco y negro: Heinrich Himmler y oficiales nazis cerca de un prisionero sin camisa, demacrado, detrás de una valla de alambre de púas
Desde octubre de 1941, una ordenanza nazi estableció la pena de muerte para cualquier polaco no judío que ayudara a una persona de origen judío

Eugeniusz Łazowski: médico, teniente y prisionero fugado

Łazowski nació en 1913 en Częstochowa, Polonia. Obtuvo su título de médico en la Universidad Józef Piłsudski de Varsovia en 1940, el mismo año en que Alemania completaba la ocupación del país. Al comenzar la guerra sirvió como teniente segundo del Ejército polaco en un tren de la Cruz Roja, atendiendo soldados heridos en el frente. Cuando la resistencia militar organizada se derrumbó, muchos de sus compañeros pasaron a la clandestinidad armada.

Łazowski tomó otro camino. Tras pasar un tiempo en un campo de prisioneros de guerra, se reunió con su esposa y su hija pequeña y se trasladó a Rozwadów, una localidad a 250 kilómetros de Varsovia donde ejerció la medicina con la Cruz Roja Polaca. Allí reencontró a Stanisław Matulewicz, su amigo de la facultad. Juntos comenzaron a atender a la población civil, incluyendo a pacientes judíos del gueto local, en un momento en que hacerlo equivalía a firmar la propia sentencia de muerte.

Łazowski era consciente de cada milímetro del riesgo que corría. Por eso llevaba siempre encima la pastilla de cianuro. Si la Gestapo lo capturaba, prefería no llegar vivo a un interrogatorio.

Imagen en blanco y negro de cientos de personas sentadas o de pie en una plaza de tierra. Al fondo se ven edificios europeos de dos y tres pisos con ventanas. Hay bultos y enseres dispersos
El 20% de los polacos murió durante el conflicto. Miles de personas fueron ejecutadas, muertos de hambre, sometidos a trabajos forzados o exterminados en alguno de los seis campos de exterminio

El tifus que los nazis no podían tocar

El Tercer Reich tenía un talón de Aquiles microbiológico. Las autoridades sanitarias alemanas habían logrado erradicar por completo el tifus de su territorio mediante estrictas medidas de higiene, pero ese éxito tuvo un costo. La población alemana no había desarrollado los anticuerpos necesarios para resistir nuevos brotes. Cualquier reinfección podía convertirse en una catástrofe para las tropas. Por esa razón, el protocolo nazi ante un brote sospechoso era inmediato y no negociable. Se hacía cuarentena de la zona afectada, suspensión de deportaciones y reclutamiento, y prohibición de que ningún alemán pisara el territorio declarado contaminado.

Las zonas bajo cuarentena recibían la denominación Fleckfieber (zona de tifus) y los soldados las evitaban con la misma determinación con que evitaban el fuego enemigo. Era, en términos militares, un escudo invisible.

El diagnóstico se realizaba con la prueba de Weil-Felix, un método que detectaba infecciones causadas por bacterias del tipo Rickettsia, el agente causante del tifus. La bacteria se transmitía principalmente a través de los piojos, parásitos abundantes en las condiciones de hacinamiento y falta de higiene de la guerra.

Fotografía en blanco y negro que muestra a cinco hombres trabajando en la construcción de un muro de ladrillos, con andamios de madera a la izquierda
Cuando Łazowski se enteró de que la Gestapo lo vigilaba y conocía sus vínculos con la resistencia, huyó de Rozwadów con su familia

El hallazgo que cambió todo

Fue Matulewicz quien hizo el descubrimiento clave al inyectar a personas sanas bacterias muertas de Rickettsia prowazekii, estas daban positivo en la prueba de Weil-Felix sin desarrollar ningún síntoma de la enfermedad. Un falso positivo perfecto, indetectable, inofensivo para el paciente y aterrador para el laboratorio nazi que recibía la muestra.

La primera prueba real llegó en las Navidades de 1941, cuando Łazowski atendió a un aldeano con fiebre alta, jaqueca, escalofríos, dolores corporales y manchas rojas por todo el cuerpo excepto en la cara, las palmas de las manos y las plantas de los pies. Tomó una muestra de sangre y la envió al laboratorio alemán, como exigía su obligación como médico encargado del control epidemiológico de la zona.

Aquella muestra le dio la idea. Antes de enviar el resultado, inyectó la bacteria al aldeano que le había pedido ayuda para evitar su deportación. Cuatro horas después, la prueba dio positivo. A los seis días, seguía positivo. El hombre no presentaba ningún síntoma.

Dos días más tarde llegó un telegrama rojo del laboratorio nazi. “¡Peligro, tifus! Aislen al paciente, imposible que pise suelo alemán”, advertían.

La arquitectura de un engaño

Łazowski y Matulewicz no actuaron de forma impulsiva. Lo primero fue calibrar el ritmo de los falsos contagios para que imitaran el comportamiento de una epidemia natural. Demasiados casos de golpe levantarían sospechas y muy pocos no bastarían para sostener la cuarentena.

Matulewicz preparaba las muestras en el laboratorio. Łazowski recorría los pueblos buscando pacientes con gripe, fiebre, dolor abdominal, tos o náuseas y les aplicaba la inyección bajo el pretexto de que era un tratamiento para aumentar su resistencia. Luego tomaba las muestras y las enviaba al laboratorio alemán. Nadie supo jamás lo que le habían inyectado.

Cuando los números de infectados alcanzaron cierta masa crítica, las autoridades alemanas declararon la cuarentena sobre Rozwadów y los pueblos cercanos. Las deportaciones se detuvieron. La Gestapo dejó de entrar en la zona.

Grupo de hombres sonrientes y jubilosos, algunos con uniformes a rayas de prisión, levantando los brazos y botellas en celebración, en blanco y negro
Cuando los números de infectados alcanzaron cierta masa crítica, las autoridades alemanas declararon la cuarentena sobre Rozwadów

El banquete con vodka que salvó la operación

Las primeras sospechas llegaron cuando los médicos nazis repararon en una incongruencia estadística. los casos de tifus en la zona aumentaban mes a mes, pero el número de muertos era llamativamente bajo. Una epidemia real no se comportaba así. Enviaron un equipo de inspección compuesto por un médico veterano, dos enfermeros jóvenes y un grupo de soldados armados.

Łazowski los recibió a las afueras de la ciudad. Sabía que si los dejaba trabajar con frialdad profesional, encontrarían el fraude.

Organizó un banquete con los mejores productos de la región y vodka en cantidades generosas. El médico veterano y los soldados quedaron tan afectados por el alcohol que no pudieron continuar la inspección. Solo los dos enfermeros jóvenes, visiblemente nerviosos ante la posibilidad de contagiarse, acompañaron a Łazowski en el recorrido por las instalaciones sanitarias.

Łazowski los guió por el sanatorio, donde les mostró numerosas muestras de sangre. Los enfermeros realizaban el paseo con más ganas de terminar que de examinar nada. El momento decisivo llegó cuando Łazowski les presentó el cadáver del “último muerto por tifus”. Era un anciano que en realidad había fallecido de anemia. Los dos enfermeros quedaron tan impresionados que declararon terminada la inspección en ese mismo instante.

Al día siguiente, toda la región amaneció cubierta de carteles de territorio contaminado de tifus.

Eugene Lazowski, un anciano con gafas y camisa de vestir clara, hablando con varias personas, incluyendo niños y adultos, al aire libre
Eugene Lazowski murió en el 2006 en Estados Unidos

La pastilla de cianuro y el final del engaño

La operación duró más de dos años. Durante ese tiempo, Łazowski y Matulewicz no contaron nada a sus familias, a sus vecinos ni a los propios pacientes que inoculaban.

A finales de 1943, la Gestapo comenzó a sospechar. Los agentes sabían que Łazowski había estado atendiendo a miembros de la resistencia polaca, pero habían tomado la decisión de mantenerlo vivo para que siguiera “controlando” la epidemia. Cuando Łazowski se enteró de que la Gestapo lo vigilaba y conocía sus vínculos con la resistencia, huyó de Rozwadów con su familia.

Después de la guerra: el silencio y el exilio

Polonia cayó bajo control comunista en 1948. Łazowski sabía que entre la población había colaboradores del régimen anterior, personas que podrían denunciarlo o usarlo como moneda de cambio. No habló de lo que había hecho en Rozwadów mientras permaneció en el país.

En 1960, con una beca de la Fundación Rockefeller, emigró a Estados Unidos. En 1976 se convirtió en profesor de pediatría en el Centro Médico de la Universidad de Illinois. Publicó más de cien artículos científicos en polaco y en inglés. En 1991 publicó sus memorias: Private war: Memoirs of a doctor soldier, 1933-1944, donde relató por primera vez con detalle la operación de Rozwadów.

Los padres de Łazowski también formaron parte de la historia del rescate. Su padre, Kazimierz Łazowski, y su madre, Zofia Łazowska, escondieron familias judías en su casa de Varsovia durante la ocupación. Yad Vashem, la autoridad israelí de la memoria del Holocausto, los reconoció como Justos entre las Naciones.

El documental que devolvió a Łazowski a Polonia

En 1998, Łazowski contactó a Ryan Bank, un estudiante de cine de 17 años, para proponerle hacer un documental sobre su historia. El proyecto, titulado A Private War, incluyó un viaje de 16 días a Polonia. En Rozwadów lo esperaban los descendientes de las familias que él había salvado.

Bank describió así lo que Łazowski le dijo sobre su decisión de actuar. “Dijo que había jurado como médico ayudar a las personas, y que ese juramento no diferenciaba entre unas y otras. No había otra opción para él, no hubo proceso de deliberación sobre si debía o no debía hacerlo”.

Eugeniusz Łazowski murió el 16 de diciembre de 2006 en Eugene, Oregón, donde vivía junto a su hija.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

Últimas Noticias

Una cámara rescatada del lavarropas, las últimas imágenes de la víctima y las tres versiones que la asesina inventó ante el jurado

Hace 18 años Jodi Ann Arias mató a Travis Victor Alexander después de que él la dejara y huyó. Un grupo de peritos recuperó fotos con reactivos químicos y hallaron rastros clave en el pasillo. La acusada cambió su relato más de una vez. El caso terminó convertido en un espectáculo judicial seguido en vivo

Una cámara rescatada del lavarropas, las últimas imágenes de la víctima y las tres versiones que la asesina inventó ante el jurado

Una furgoneta, un botón activado por pacientes y el vacío legal que le permitió al “Dr. Muerte” practicar su primera eutanasia

El 4 de junio de 1990, Jack Kevorkian asistió la muerte de Janet Adkins, una mujer de 54 años diagnosticada con Alzheimer en etapa temprana que ya no quería vivir. Ideó un polémico mecanismo para esquivar las leyes, ayudó a morir a más de 130 enfermos terminales y terminó pagando su cruzada tras las rejas

Una furgoneta, un botón activado por pacientes y el vacío legal que le permitió al “Dr. Muerte” practicar su primera eutanasia

La decidida activista británica que murió atropellada por el caballo del rey y le dio un impulso clave a la lucha por el voto femenino

El 4 de junio de 1913, Emily Davison saltó a la pista del hipódromo de Epson para colgarle una bandera en el cuello del caballo favorito de Jorge V. El jockey no pudo frenarlo y terminó pisoteada por los cascos del animal. El episodio marcó hito en el reclamo de las mujeres por el derecho al voto. Las versiones sobre un posible suicidio y la verdad que reveló un siglo después el análisis de tres filmaciones de la carrera

La decidida activista británica que murió atropellada por el caballo del rey y le dio un impulso clave a la lucha por el voto femenino

Fue medallista paralímpico y hoy se prepara para vivir en órbita: por qué la misión de John McFall es más que un viaje espacial

El lanzamiento previsto para 2027 evaluará las capacidades físicas del exatleta británico y el rendimiento de las prótesis modernas en un entorno de microgravedad hasta ahora inexplorado

Fue medallista paralímpico y hoy se prepara para vivir en órbita: por qué la misión de John McFall es más que un viaje espacial

Cruzó el Mekong bajo fuego, recibió la Medalla de Honor y se convirtió en película: la historia real detrás de Forrest Gump

A pesar de las graves heridas sufridas en Vietnam, el soldado que inspiró el filme protagonizado por Tom Hanks pidió permiso para continuar junto a su unidad, un gesto que resumió el mismo espíritu plasmado en la gran pantalla

Cruzó el Mekong bajo fuego, recibió la Medalla de Honor y se convirtió en película: la historia real detrás de Forrest Gump