El día que se fundó el movimiento de las Girl Scouts y se abrió un camino de independencia y liderazgo para las niñas

El 12 de marzo de 1912, en Savannah, Juliette Gordon Low fundó las “Girl Scouts of the USA”. Soñaba que cada niña descubriera su fuerza, su voz y su horizonte. Aquella noche nació otro cambió en la historia del liderazgo femenino

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Juliette Gordon Low (a la
Juliette Gordon Low (a la derecha) junto a integrantes de las Girl Scouts, entre ellas Elenore Putsske (al centro) y Evaline Glance (segunda desde la derecha)

En la primavera de 1912, la vida cotidiana de muchas niñas estadounidenses parecía escrita y nada vislumbraba sacarlas de allí: bordado, lecciones de etiqueta, práctica de piano y visitas sociales. En las ciudades del sur, pocas imaginaban que existía otro mundo por descubrir. Pero la imprevisible, apasionada y decidida Juliette Gordon Low estaba a punto de encender una chispa que iluminaría a generaciones.

Conocida como “Daisy”, regresaba de Inglaterra con una idea nueva. Allí había conocido al militar británico Robert Baden-Powell, creador del movimiento scout. Y ella solo tenía en mente las ideas que la habían convencido de algo simple y audaz para el género: el liderazgo, la cooperación, el espíritu de servicio y las habilidades de supervivencia no debían ser patrimonio exclusivo de los varones. Las niñas —pensaba— también podían aprender a orientarse en el bosque, encender fogatas, organizar grupos y hacer oír su voz en un mundo que las preparaba para quedarse en casa.

Cuenta la historia que, apenas llegó a Savannah, tomó el teléfono, llamó a una prima y dijo: “¡Tengo algo para las niñas de Savannah, de todo Estados Unidos y del mundo, y vamos a empezarlo esta misma noche!”. Así comenzó un movimiento que no solo enseñaría habilidades prácticas, sino que también abriría puertas que hasta entonces permanecían cerradas. Aquel 12 de marzo de 1912 no fue simplemente la fundación de una organización juvenil sino el inicio de una revolución: el liderazgo también podía llevar moños, trenzas y uniformes color arena.

Integrantes de las Girl Scouts
Integrantes de las Girl Scouts en Estados Unidos posan con sus uniformes y bandas repletas de insignias durante una actividad al aire libre

El origen de un sueño

Juliette Magill Kinzie Gordon nació el 31 de octubre de 1860 en Savannah. Desde pequeña fue conocida como “Daisy” (margarita), un apodo que surgió el mismo día de su nacimiento cuando un tío, al enterarse de que era niña, comentó que “seguro sería una margarita”.

Su infancia transcurrió entre las tradiciones del sur estadounidense, en el seno de una familia con fuerte presencia en la historia del país. Su padre había sido capitán del ejército confederado durante la Guerra Civil, mientras que su madre provenía de una familia con raíces en Chicago. Pero ese mundo familiar también estaba atravesado por la presencia de los pueblos originarios. Su abuelo paterno, John Kinzie, trabajaba como agente del gobierno en relación con comunidades nativas. La pequeña Daisy creció escuchando relatos de estas comunidades y compartiendo juegos con niños de esas culturas. Aquellas experiencias tempranas le enseñaron otras formas de entender la naturaleza, la vida en comunidad y el vínculo con el territorio.

En ese entorno, la niña desarrolló una curiosidad insaciable y un espíritu inquieto. Durante los años que vivió con sus abuelos paternos tuvo otro apodo: Little Ship (“barquito”), un sobrenombre que reflejaba su energía inagotable y su impulso aventurero, siempre dispuesta a avanzar como una pequeña embarcación impulsada por el viento.

Juliette recibió una educación poco común para una mujer de su época. Estudió en el Instituto Femenino de Virginia —hoy Stuart Hall School— y luego en una escuela francesa en Nueva York. A los 25 años sufrió una infección de oído tratada con nitrato de plata, que le provocó pérdida parcial de audición, dificultad que la acompañaría durante toda su vida.

Juliette coloca una insignia en
Juliette coloca una insignia en el uniforme de una integrante de las Girl Scouts, en una imagen histórica de la organización

En 1886 se casó con William Mackay “Willy” Low, hijo de un comerciante de algodón con negocios en Estados Unidos e Inglaterra. El matrimonio no tuvo hijos y Juliette quedó viuda en 1905. Desde ese momento, comenzó una etapa de viajes, nuevas inquietudes y descubrimientos. Durante su estancia en el Reino Unido, en 1911, conoció a Robert Baden-Powell, creador del movimiento scout, a su esposa Olave Baden-Powell y a su hermana Agnes Baden-Powell, pioneras de las Guías femeninas.

Inspirada por aquel movimiento educativo basado en el servicio, la aventura y la formación del carácter, Daisy comenzó a trabajar con grupos de Muchachas Guías en Escocia y Londres. La experiencia la convenció de que algo similar debía existir para las niñas de su país. Para entonces, Savannah, en la costa de Georgia, era una ciudad marcada por los ritmos apacibles del sur estadounidense: grandes casas de madera, plazas sombreadas por robles y una vida social profundamente conservadora. Allí, donde la tradición solía tener la última palabra, Daisy decidió desafiar las todas las expectativas.

Al regresar a Estados Unidos en 1912 fue cuando llamó a su prima Nina Anderson Pape, una reconocida educadora en Savannah y directora de la Pape School, una escuela privada para niñas muy innovadora para la época. Daisy sabía que necesitaba a alguien con experiencia en educación y acceso a niñas jóvenes para que su idea funcionara. Nina fue la aliada estratégica perfecta.

El 12 de marzo de 1912 reunió en su casa a 18 niñas de entre 10 y 17 años y fundó la primera tropa de lo que pronto se convertiría en las Girl Scouts of the USA. Su sobrina, Margaret “Daisy Doots” Gordon, tenía 11 años cuando firmó el registro número uno.

Inspirada por el ejemplo de Baden-Powell, Daisy invitó a aquellas jóvenes a imaginar un futuro en el que cada una pudiera valerse por sí misma. Les enseñó a leer mapas, a hacer nudos, a acampar y a trabajar en equipo. Les habló de autonomía, de confianza y de responsabilidad. Aquellas primeras niñas Scouts no solo aprendían a encender fogatas sino que aprendían a no pedir permiso para existir. Desde el principio, Juliette tuvo además una visión inclusiva para su época ya que buscó integrar a niñas de diferentes realidades sociales y, años después, impulsó la formación de tropas afroamericanas en un país que todavía vivía bajo la segregación racial, convencida de que las niñas podían hacer cualquier cosa.

Juliette junto a dos integrantes
Juliette junto a dos integrantes de la organización con el uniforme tradicional, en la década de 1920

La expansión del movimiento

Lo que comenzó en Savannah se propagó rápidamente por todo Estados Unidos. En 1913 la organización adoptó oficialmente el nombre de Girl Scouts y en 1915 se constituyó la estructura nacional. Para 1920 ya existían miles de tropas en decenas de estados, y Juliette Gordon Low había sido reconocida formalmente como la fundadora del movimiento.

El programa educativo combinaba actividades al aire libre, servicio comunitario y aprendizaje práctico. Las niñas participaban en campamentos, aprendían primeros auxilios, desarrollaban habilidades manuales y obtenían insignias que reconocían sus logros. Con el tiempo, la organización estableció sus distinciones más importantes: los premios Bronce, Plata y Oro, considerados los mayores honores dentro del movimiento.

En 1922 comenzó una de sus tradiciones más conocidas: la venta de las galletas de las niñas exploradoras, las Girl Scout Cookies. Lo que empezó como una forma de financiar actividades se transformó también en una herramienta educativa. Las niñas aprendían a organizar ventas, manejar dinero y trabajar en equipo, una temprana lección de emprendimiento en una época en la que muchas mujeres aún no tenían derechos políticos plenos.

Durante la Primera Guerra Mundial, las Niñas Scouts cosieron ropa para soldados, recolectaron alimentos y colaboraron en hospitales. Décadas más tarde, durante la Segunda Guerra, participaron en tareas de defensa civil, campañas de reciclaje y diversas iniciativas humanitarias. Para mediados del siglo XX, el modelo educativo impulsado por Daisy ya había cruzado fronteras. Numerosos países adoptaron organizaciones inspiradas en el mismo espíritu. Las Girl Scouts estadounidenses, además, se integraron a la red mundial de asociaciones femeninas de guías y scouts, la World Association of Girl Guides and Girl Scouts (WAGGGS).

Hoy, ese movimiento mundial reúne organizaciones en más de 90 países, todas inspiradas en la misma idea.

Juliette conversa con un grupo
Juliette conversa con un grupo de integrantes durante un campamento en la década de 1920

Durante más de un siglo, el movimiento se destacó por grandes logros. En la década de 1950, por ejemplo, un grupo de niñas en Missouri decidió que su comunidad necesitaba un lugar seguro para jugar. Organizaron una colecta, hablaron con autoridades locales y lograron construir un parque para el barrio. Tenían entre diez y doce años.

En los años setenta, cuando la exploración espacial comenzaba a inspirar vocaciones científicas en las mujeres, varias futuras astronautas habían sido Girl Scouts. Entre ellas se encontraba Sally Ride, quien años después se convertiría en la primera mujer estadounidense en viajar al espacio.

Con el paso del tiempo, el programa educativo evolucionó. Hoy incluye proyectos de ciencia, tecnología y robótica, programas de liderazgo digital, educación financiera y actividades vinculadas a las disciplinas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Grupos de todo el país impulsan proyectos para proteger polinizadores, diseñar estaciones de reciclaje, desarrollar filtros de agua caseros o crear campañas contra el acoso escolar. Pero el espíritu sigue siendo el mismo que en 1912: formar niñas que crezcan sabiendo que pueden transformar su entorno.

Moneda conmemorativa de 25 centavos
Moneda conmemorativa de 25 centavos emitida por la Casa de la Moneda de Estados Unidos en 2025, dedicada a Juliette Gordon Low, fundadora de las Girl Scouts of the USA

El legado luminoso de “Daisy”

Cuando Juliette Gordon Low murió el 17 de enero de 1927 en Savannah, el movimiento que había fundado contaba ya con más de 160.000 integrantes. En su funeral, las niñas formaron una larga guardia de honor con sus uniformes. Daisy había pedido ser enterrada con su medalla de Girl Scouts, y así se cumplió.

Con el tiempo, su figura fue ampliamente reconocida por su contribución al voluntariado y a la educación juvenil. En 2005 fue homenajeada en el monumento La Trayectoria del Voluntario ‘Points of Light’ de la Milla Extra, un paseo conmemorativo cercano a la Casa Blanca que celebra a figuras destacadas del servicio comunitario. Además, su antigua casa en Savannah se convirtió en museo y recibe visitantes de todo el mundo.

El 12 de marzo, aniversario de la primera reunión de 1912, miles de grupos celebran el Día de la Niña Scout, recordando que todo comenzó con una llamada telefónica y la determinación de una mujer que se negó a aceptar los límites que la sociedad imponía a las niñas y que se prometió darles la posibilidad de que otra vida era posible.

Actualmente, más de 2,5 millones de niñas y jóvenes en Estados Unidos, y cientos de miles más en asociaciones hermanas alrededor del mundo, forman parte de las Girl Scouts.

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