
Una diferencia entre el último golpe de Estado y los anteriores fue que en 1976 los militares tuvieron mucho tiempo para preparar su retorno al poder impulsados por diversos grupos y a la vista de todos. Una muestra del alcance de la crisis política e institucional, que iba teniendo distintas manifestaciones conforme se acercaba la fecha decisiva. Por ejemplo, cincuenta años atrás, aquel 9 de marzo de 1976, las noticias principales pasaban por la economia doméstica: la escasez de productos básicos como carne, huevos, leche, azúcar y aceite, que provocaba largas filas de frustrados consumidores en las veredas frente a carnicerías y almacenes.
Aquel golpe de Estado fue organizado a la vista de todos durante nueve meses si partimos de las primeras conversaciones que el general Jorge Rafael Videla tuvo con civiles que querían conocer al nuevo jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, asumido el 4 de julio de 1975, pero que también tenían relación con el almirante Emilio Eduardo Massera, jefe de la Marina desde el inicio de los gobiernos peronistas, en 1973. Fue decisivo el discurso que Videla dio al tomar posesión de ese cargo, no muy importante en el plano formal, porque llamó la atención de los numerosos civiles que buscaban en los cuarteles un jefe que volviera a guiarlos al gobierno. Estaban convencidos de dos cosas: la presidente María Estela Martínez de Perón, Isabelita, no podía solucionar los problemas que afectaban al país y el peronismo era imbatible en las urnas. El “partido militar” volvió a ponerse en acción.
Pero, en forma orgánica la conspiración comenzó siete meses antes del 24 de marzo de 1976 si contamos desde que esos contactos con civiles se formalizaron, cuando Videla asumió como comandante en jefe del Ejército, el 28 de agosto de 1975. O bien, poco más de cinco meses antes si se considera el momento en que el golpe adquirió el impulso decisivo, a mediados de octubre de 1975, luego de una serie de eventos derivados del ataque de Montoneros a un cuartel en Formosa, el 5 de octubre de 1975, en el bautismo de fuego del llamado Ejército Montonero, que alarmó a los militares por su espectacularidad y la capacidad organizativa y de maniobra que había alcanzado la guerrilla.

Claro que hubo militares que, debido a su antiperonismo visceral, a su “gorilismo”, deben haber conspirado desde el mismo momento en que se conoció el resultado de las elecciones del 11 de marzo de 1973 o cuando el peronismo volvió a la Casa Rosada, el 25 de mayo de aquel año de utopías; más probable aún, desde la muerte del general Juan Perón, el 1 de julio de 1974, cuando fue sucedido por la vicepresidenta, su esposa, Isabelita, quien nunca pudo seducir a la “familia militar” y a los sectores políticos e ideológicos afines.
El Ejército no estaba solo en la conspiración y hasta es probable que la idea del golpe haya germinado primero en la cabeza de Massera, que tenía un claro proyecto presidencial desde hacía tiempo, que iba más allá de la plataforma de poder más bien escueta que podía ofrecerle la Armada.
Pero, el dato clave es cuándo se formó el consenso entre los oficiales superiores del Ejército, por lejos la fuerza decisiva entre los militares, sobre la inevitabilidad del nuevo golpe de Estado. En todo caso, entre enero y febrero de 1976 la suerte del gobierno parecía echada no sólo para los militares, que ya confeccionaban las listas de personas que serían detenidas.

“La planificación del golpe en forma orgánica comenzó cuando yo asumo la comandancia en jefe del Ejército —afirmó Videla en una de las entrevistas para mi libro Disposición Final—, pero la decisión sobre el golpe toma un impulso decisivo cuando el senador Ítalo Luder nos hace saber que él no aceptaba reemplazar a la Presidente, a la viuda de Perón. Cuando Luder viene con su negativa, pensamos con Massera: ‘Acá se acaba la línea legal; esto está perdido’. (El brigadier Orlando) Agosti no participaba en esta apreciación porque todavía no estaba al mando de la Fuerza Aérea; luego, sí participa”.
En aquel momento, Videla y Massera actuaban como si fueran una sola persona; en cambio, el jefe de la Fuerza Aérea, Héctor Fautario, estaba en contra del golpe. Los tres se conocían bien porque eran compañeros de promoción. Videla y Massera intentaron convencerlo por última vez el viernes 17 de octubre de 1975 al mediodía, durante un almuerzo por los canales del Delta, a bordo del lujoso yate Itatí, de la Armada. A treinta kilómetros, la Plaza de Mayo se iba llenando de peronistas dispuestos a escuchar el primer discurso de Isabelita luego de una licencia por enfermedad que había durado treinta y tres días; algunos grupos cantaban la consignan de la hora: “Si la tocan a Isabel, va a haber guerra sin cuartel”.
Fautario, un entrerriano de 51 años, manejaba con mano de hierro a la Fuerza Aérea desde 1970 y era el único comandante que, “sin ser peronista sino un profesional a las órdenes de la Constitución”, como le gustaba definirse, había sobrevivido a las gestiones de Héctor Cámpora, Raúl Lastini, Juan Perón e Isabelita, las cuatro presidencias peronistas entre 1973 y 1976. Pero ya se notaban algunas fisuras en la cúpula de la Aeronáutica. Fautario recordó que Massera y Videla le reiteraron los argumentos que habían utilizado cuatro días antes, durante una reunión para analizar los ascensos de fin de aquel año.

—Massera: Ya viste lo que pasa: los políticos no quieren hacerse cargo de la situación. Los tres nos reunimos con Lúder y con el ministro (de Defensa, Ángel) Robledo; cada uno de nosotros habló con (Ricardo) Balbín y con otros políticos. ¡El país se va a la mierda y ellos se hacen los boludos!
—Fautario: Me parece que ustedes se están apresurando. El año próximo hay elecciones y se termina el mito de que el peronismo no puede ser derrotado en las urnas. Dejemos que las cosas se solucionen como tienen que solucionarse. Nosotros no estamos preparados para gobernar.
Sostenía Fautario que Massera incluso le reveló la fecha del golpe: el 24 de marzo de 1976 dado que el Ejército y la Armada necesitaban algunas semanas para adiestrar a los conscriptos de la clase 1955, que se incorporaban a principios de 1976, pero que, al mismo tiempo, no podían demorar mucho porque debían anticiparse al inicio de la campaña electoral.
Fautario estaba convencido de que “el detonante del golpe fue el ataque de Montoneros en Formosa: murieron diez conscriptos, estúpidamente, y eso impactó mucho. A partir de ahí el golpe fue imparable; los políticos, en primer lugar, no lo pararon. Para el Ejército, el problema mayor pasó a ser que la subversión había salido de Tucumán”.

Videla y Massera ya recelaban de Fautario: consideraban que mantenía una actitud prescindente en la lucha contra la guerrilla en Tucumán. Esas diferencias se saldaron a fines de 1975, cuando Fautario fue reemplazado por el brigadier Agosti luego de una rebelión dentro de la Fuerza Aérea que comenzó el 18 de diciembre con la toma del aeroparque Jorge Newbery y duró cuatro días, encabezada por el brigadier Orlando Capellini. En un momento de la crisis, Fautario fue a la residencia de Olivos e intentó ver a la Presidenta, quien no lo recibió. Le envió entonces un mensaje a través del edecán de la Aeronáutica: “Cuídese, señora, porque a usted la van a echar en marzo”.
Videla dijo que con Massera apoyaron “por la pasiva” la rebelión contra Fautario y atribuyó la falta de apoyo al golpe por parte del brigadier entrerriano a su “marcado peronismo”: “La Fuerza Aérea no participaba en las conversaciones sobre el golpe por el marcado peronismo de su comandante, el brigadier Fautario. Se lo miraba con desconfianza. Cuando se produce el alzamiento de Capellini, nosotros lo apoyamos por la pasiva, demorando la represión. Era lógico que había que reprimir ese levantamiento, pero, por un lado, era otra fuerza y no quedaba nada simpático que saliéramos a tirar contra ellos; por el otro lado, sabíamos que Capellini había tomado esa actitud porque iba a ser pasado a retiro por Fautario y nosotros, con Massera, simpatizábamos más con Capellini que con Fautario. Al sucesor, al brigadier Agosti, lo considerábamos más confiable que Fautario desde todo punto de vista. Era mercedino, como yo, y había estado con Massera destinado en la Junta Interamericana de Defensa durante dos años, donde habían trabado una buena relación. Además, Agosti había estado preso cuatro años como consecuencia de la Revolución de 1951 (contra el presidente Perón)”.
Quedaba conformado el trípode para derrocar a la viuda de Perón, a la presidente constitucional. Tres meses después, Agosti sería el tercer hombre de la Junta Militar que tomaría el poder.
* Periodista y escritor, extraído del Capítulo 7 de Disposición Final.
Últimas Noticias
Un país sin rey, una traición y el nacimiento de un mito: la verdad detrás de William Wallace, el hombre que transformó la historia de Escocia
El destino de una tierra marcada por disputas internas y rivalidades externas encontró en la figura de un líder inesperado una esperanza renovada frente a la opresión y la incertidumbre del futuro. En qué se inspiró la película Corazón Valiente

El explosivo triángulo amoroso que hizo estallar el caso Profumo: un ministro británico, una modelo de 19 años y un espía soviético
John Profumo murió hace veinte años, el 9 de marzo de 2006, cuando tenía 91. Más de cuatro décadas antes había sido el protagonista de uno de los mayores escándalos de la historia británica. Era ministro de Guerra y una carrera política que podía llevarlo a lo más alto, pero un cóctel de sexo, mentiras y espionaje lo obligó a renunciar. Dedicó el resto de su vida a obras de caridad para tratar de redimirse

De Portugal a la Patagonia: Adelina, la abuela que cuenta su historia para resguardar la memoria de la familia
Los recuerdos de una infancia marcada por la migración cobran voz en un cuaderno. En ese relato, el dolor de la lejanía y la esperanza del reencuentro atraviesan generaciones

La victoria pírrica de Isabel, el congreso del “fiasco” y otros informes secretos en las vísperas de “acontecimientos sin retorno”
Documentos desclasificados de la embajada de Estados Unidos contribuyen a leer el panorama político del país a quince días de la “solución militar”. Mientras avanzaba la sombra del golpe, los alimentos escaseaban, los paros se acumulaban, el peronismo se fragmentaba y el gobierno pretendía mostrar un poder que ya no tenía. Crónica de los últimos esfuerzos por desanudar un futuro prácticamente sellado

¿Un piloto suicida y asesino?: el misterio del vuelo MH370, que hace 12 años desapareció sin dejar rastro con 239 personas a bordo
El 8 de marzo de 2014, un Boeing 777 de Malaysia Airlines se esfumó en pleno vuelo entre Kuala Lumpur y Beijing, sin emitir ninguna señal de socorro, ni reportes de mal tiempo ni de problemas técnicos. Cuando se comunicó por última vez tenía combustible para casi ocho horas de vuelo, más que suficiente para llegar a destino. Aún se siguen barajando muchas hipótesis, pero no hay ninguna certeza sobre el mayor enigma de la aviación comercial



