Nicolás se sienta frente a la pantalla de su celular, se acomoda el cuello de la camisa blanca y sonríe. Es temprano, tiene 24 años y no es su estilo andar en camisa, pero acaba de volver de una entrevista en una radio local y todavía está que no lo puede creer. Es que, hasta hace pocos días, su historia era una historia mínima: la vida privada de un joven trans rosarino que, a lo largo del último año y medio, había dado los pasos definitorios de su transición para dejar de ser Nicole y ser, por fin, Nicolás.
Pero si ahora está sentado frente a la pantalla conversando con Infobae fue por algo que empezó como un juego con su hermanita de 7 años, a la que le gusta hacer coreografías con él para subirlas a la red social Tik Tok. El 21 de septiembre, Nicolás publicó un video en el que mostró fotos de su adolescencia —en bikini en la playa— que se funden en “el ahora” —en cuero, después de haberse hecho la mastectomía para sacarse las mamas—. El video dura menos de 10 segundos, tiene 4.500.000 de reproducciones y comentarios de usuarios de toda América Latina.

Hace dos semanas subió otro en el que está bailando —se escucha el tema “Que digan lo que quieran de mí”— con la misma sonrisa con la que ahora mira a cámara. Después, aparece una foto de él en el secundario, con pollera y aros perla, cuando todavía era, al menos para el resto, “Nicki”. El video tiene 4.000.000 de reproducciones y 10.500 comentarios.
“Nunca voy a ocultar mi pasado, porque mi pasado es parte de lo que soy hoy”, dice a Infobae Nicolás Romano. “Pero también cuento que en esas fotos van a ver a una Nicole muy femenina que parece contenta. Bueno, la verdad es que no era feliz, para nada”.

Hay un recuerdo de su infancia que cobró sentido hace poco, cuando Nicolás empezó a preguntarse cuándo fue que empezó a desear ser varón. “Yo jugaba con las pastillitas Tic Tac, tenía 8 años más o menos. Me tomaba una pastilla y me transformaba en Nicolás y me comportaba como un nene. Pero era un secreto y, antes de que alguien se diera cuenta, me tomaba otra para volver a ser Nicole”.
Era el año 2005 y nadie a su alrededor sabía nada acerca de los hombres transgénero. De hecho, fue recién en 2011 que, mirando Gran Hermano, muchos argentinos conocieron por primera vez la historia de un hombre trans. Era Alejandro Iglesias, un joven trans que contaba que quería ganar el juego para pagarse la mastectomía y la faloplastia (la creación quirúrgica de un pene).
“Yo tampoco sabía lo que era un hombre trans. Imaginate que cuando era chiquito pensaba ‘me voy a otro país, hago como que me morí acá y un día vuelvo siendo otra persona’. Mirá mi cabeza”. Estaba en la infancia y ya pensaba en la muerte como salida.

“Después, a los 12, 13 años, lo recontra re mil reprimí. Pero fue porque mi papá era bastante cerrado de cabeza. En las fotos vas a ver que yo era demasiado femenina y era por eso, porque en mi casa me decían ‘mirá lo que van a decir de vos’, ‘vestite como una mujer’. Yo quería andar con zapatillas y ropa deportiva pero si yo no salía mínimo con vestido o pollera y zapatos mi casa era un caos”.
La regla tácita era ser “una mujer como corresponde” —heterosexual y cisgénero (“si tiene vagina, ovarios, útero es mujer")— pero, para empezar, "a mí siempre me gustaron las mujeres. Estuve con chicos mientras era Nicole, tenía novio, pero no me gustaban los varones. Era más una pantalla que otra cosa”.
A los 18 Nicole se enamoró de una amiga “y fue una catástrofe”, recuerda Nicolás. Dice que en su casa hubo un sopapo y varias sentencias cuando se enteraron —”sos una vergüenza”, “qué decepción”—, y la Nicole que se ve sonriente en las fotos era una flor de plástico: en apariencia vital, pero ficticia.

“Empecé a tener una especie de anorexia nerviosa. Dejé de comer, bajé muchísimo de peso. Me acuerdo que me mandaban al psicólogo y mi papá venía a mi pieza y me preguntaba ‘¿se te pasó?’, como si fuera un resfrío”. Como le gustaban las mujeres, Nicole creía que era lesbiana aunque en el fondo sabía que tampoco ahí terminaba de sentirse a gusto. “Todos los años lloraba, no quería vivir más”.
En el año 2017 le detectaron una arritmia. Nicole estaba disociada de su cuerpo y la ignoró pero al año siguiente, la advertencia volvió. “Lo que terminaron encontrando fue una comunicación interauricular, o sea, un agujero en el tabique que separa las aurículas”.
Tenía 21 años cuando le dijeron que tenía que operarse de urgencia del corazón. “Ya tenía hipertensión pulmonar, sangre en los pulmones, por dentro era un desastre”, cuenta. Por fuera, nada: inalterable, ningún dolor, la flor de plástico.

“Me dijeron ‘un año más, o tal vez menos, te ibas a dormir y no te despertabas más’”. Nicole salió viva de la operación pero la situación límite ya la había arrinconado: ¿y si hubiera muerto sin haber sido quien quería ser? “Pensaba todo el tiempo: ‘No puedo seguir viviendo así, no puedo seguir forzando algo que no soy, fingiendo, no me siento cómodo en este cuerpo’. Evidentemente había vivido más de 20 años con un agujero en el corazón”.
Para ese entonces la transición ya había comenzado, sólo que nadie había logrado ponerlo en palabras. Nicole ya no usaba bikinis sino tops deportivos, se había cortado el pelo, había dejado de usar bombacha para usar boxers, de usar shorcitos ajustados y cortos para usar bermudas.

“Y un día, llorando, se lo dije a mi hermana. ‘No me siento bien conmigo así como soy, me siento Nicolás’”, pronunció. Dana (22) no se sorprendió y terminó desmalezándole el camino.
"Habíamos ido a lo de mi abuela y yo estaba todo vestido de Rosario Central. Y mi papá me vuelve a decir ‘vestite como una mujer’. Yo me fui para adentro. Ellos después se fueron en el auto y mi hermana le dijo “papá, Nicole no se siente Nicole, quiere que le empecemos a decir Nicolás. Y mi papá frenó el auto, casi se muere. “¿Qué?”, le dijo. Al otro día fui yo y pude hablar con ellos”.

Nicolás le tenía terror a ese momento por la reacción que habían tenido cuando creyeron que era lesbiana. “Pero no. Se ve que se dieron cuenta de lo que habían hecho y cuando lo conté reaccionaron totalmente distinto. Es más, con el tiempo mi papá dijo que el día de la operación de corazón murió Nicole y nació Nicolás. Y hace poco me pidió disculpas por todo lo que había hecho. Creo que se dio cuenta de que si tardé tanto tiempo fue prácticamente por él”.
El camino de la testosterona

Nicolás se arremanga la camisa y se ve. Tiene una jeringa tatuada en el antebrazo, la fórmula de la testosterona y el rosa y el celeste de la bandera trans: los colores que se suelen usar para distinguir a las nenas de los nenes según sus genitales al nacer.
Y quien ahora se suma a la entrevista es Bárbara Maciel Bozikovic (27), su novia, la joven correntina con la que se iba a casar en octubre pero: pandemia. Aunque hay quienes creen que las personas trans sólo se relacionan con personas trans, lo cierto es que se relacionan con personas, a secas. Bárbara, de hecho, es una mujer cisgénero, lo que significa que su sexo biológico coincide con el género con el que se identifica.

“Lo conocí cuando todavía era Nicole”, cuenta ella a Infobae. “Yo vengo de una provincia muy cerrada, ortodoxa católica, llena de monumentos de Jesús, la Virgen está por todos lados, fui a un colegio católico toda mi vida. Así que cuando llegué a Rosario no sabía ni que existían chicas a las que les gustaban otras chicas, imaginate. Fue catastrófico para mí cuando me empezó a gustar una chica. Pensé ‘mi mamá no me va a hablar nunca más’”, se ríe.
No estaban formalmente de novios cuando Nicole le contó que no era lesbiana sino un varón trans y le anunció que iba a iniciar la hormonización para experimentar ciertos cambios en su cuerpo. Quería tener barba, bigote, la cara más cuadrada, la voz más gruesa, todo un paso a paso que arrancó en febrero de 2019 y que Nicolás fue mostrando en sus historias de Instagram.

Pocos días después comenzaron a estar juntos, por lo que Bárbara lo acompañó en su transición. Al mes siguiente cambió el nombre de su DNI y, a los ocho meses de iniciada la hormonización, Nicolás se hizo la mastectomía para sacarse las mamas (eso también lo mostró en Tik Tok).
“Lo apoyé desde el primer momento y transité todo al lado de él”, dice ella. Era claro que se había enamorado de la persona y no del género.
“No tengo problema en mostrar las fotos porque me sirve para comparar con quien soy hoy, todo lo que estoy logrando”, se despide él. Su fama repentina hizo que recibiera un aluvión de comentarios, desde los de maestras, madres, padres y chicos trans que preguntan, piden ayuda y agradecen por mostrar alegría al final del túnel, hasta los desubicados, los del morbo, los que no buscan información sino saber cómo son sus genitales, si se va a operar, “preguntas que yo no le haría a nadie”, aclara.

A su lado, Bárbara suspira y lo abraza. “Creo que la sociedad, el mundo, la gente estaría mejor si hubiese más personas como él. Yo también fui criada con muchos prejuicios y él, aún habiendo crecido con esos prejuicios, con ese ‘¿qué van a decir?’, es la persona más libre que existe”.
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