
Etérea como una bailarina, cuesta adivinar a simple vista la fuerza interpretativa de Paula Reca. Y la de sus convicciones. Una sola cosa se negará a confesar: su edad, y explica por qué: "Acá no importa, pero mi manager en Los Ángeles, donde me hicieron visa de artista, quiere eliminar mi edad de Internet.
Me dijo: 'Hay directores de castings que no te van a querer, porque pensarán que sos más grande o más chica de lo que necesitan'". Si menciona a L.A. es porque vive casi con un pie en cada hemisferio. En el Norte, antes de su paso por la escudería de Cris Morena –para la que hizo Casi Ángeles y Aliados– estudió Arte Dramático en la Tisch School of Arts de la New York University, y en la Royal Academy of Dramatic Arts de Londres. Y en California producirá una película, Venecia. Allí conoció a su último novio, "pero no hay nada desde hace casi un año. Soy una romántica total, pero si no aparece el amor, que no haya nada", sentencia.
Hoy está en Buenos Aires, protagonizando desde el 12 de abril la comedia musical Once, una vez en la vida (teatro Metropolitan Sura), para la que aprendió a tocar el piano con Nico Di Lorenzo.

–Vivís viajando. ¿Dónde ubicás tu domicilio cuando llenás el formulario de Migraciones?
–Pongo "Buenos Aires, Argentina". Mis cosas están acá. Viajo muy livianita.
–En tu familia son seis hermanos, todos relacionados con el arte. ¿Cómo se dio?
–Mi papá (Guillermo Reca, dueño de Central Puerto, empresa generadora de energía eléctrica) nada que ver, pero mi madre fue profesora de Bellas Artes. Desde niños, nuestro entretenimiento tuvo que ver con el arte. No veíamos televisión, estaba prohibida. Jugábamos a interpretar una película o cantar, hacer armonías…
–¿Nada de televisión?
–Mamá tenía como un trauma con eso. Mis compañeras hablaban de la novela de Cris Morena y yo sabía quién era, pero no veía Chiquititas ni Verano del '98. Igual no me hacía problema. Con mis hermanos íbamos mucho al cine y al teatro.

–Pero terminaste en la tele, y con Cris Morena.
–¡A quien amo! Incluso en un momento pensamos hacer Once juntas. Fue loco lo que pasó. Terminé el secundario y decidí ser actriz, estudiar Arte Dramático. Y que lo iba a hacer en Nueva York.
–¿Si tuvieras hijos harías lo mismo?
–Es que no sé si quiero ser madre. Nunca lo supe, ni de niña. Mi sueño era ir a Nueva York y filmar películas. Tendría que ser el resultado de un gran amor, pero no me imagino buscando la maternidad.
–¿Cómo llegaste a Once…?
–Ví la película hace mil años, antes de que ganara el Oscar por Mejor Canción, y me impactó. Además, la protagonista de la versión que se hizo en Broadway fue compañera mía en la Universidad, se formó conmigo. Yo la quería hacer… Y que la haya traído Pablo del Campo para la primera versión en español, y que yo audicione y me elijan… ¡ésas son magias! Después de hacer Mamma Mia (por la que ganó el ACE) me ofrecieron otros musicales, y dije que no porque quería hacer Once.

–¿Rechazaste varias obras?
–Sí, pero jamás te diría cuáles. Fue o porque no veía que era el director adecuado, o… (se interrumpe). Mirá, el teatro musical es muy complejo. Es como si los yanquis quisieran hacer tango. En Nueva York, Arte Dramático son cuatro años: empezás por Oscar Wilde, en tercer año Shakespeare, y recién al final cursás Musical.
–Tenés una mirada crítica. ¿Cómo ves la escena local en cuanto a musicales?
–Hay un talento increíble en los actores, cantantes y bailarines. A la par de cualquier país. Pero en producción y dirección no estamos igual. Ojo, de vez en cuando se alinean los planetas. Que haya aparecido alguien como Julio Panno para dirigir Once es una gran noticia para la comedia musical argentina. Él, como Vero Pécollo y Sebas Mazzoni (coreógrafa y director de voces) son obsesivos, tienen buen gusto. Y Eliseo Barrionuevo (el coprotagonista) ¡no sabés lo que es! Tiene un alma muy linda, y como actor siento infinita admiración por él. Un talento zarpado. ¡Tengo suerte, jaja!
–¿Allá hiciste algo?
–No, sólo estuve formándome. Ahora llevé un proyecto de cine a Los Ángeles, Venecia, que acá se hizo en teatro con libro de Jorge Accame, y están comprando los derechos.
–Para cine es la Meca.
–Sí. Venecia, para que salga bien, no se puede producir con el presupuesto del INCAA. La hace Hollywood o nadie.
–Acá produjiste una película, "Tampoco tan grandes"…
–Sí, quedé satisfecha con el aprendizaje y el equipo. Pero es muy duro depender de los primeros cuatro días de exhibición para saber si seguís en cartel. Es cruel y difícil de entender. ¡¿Cómo cuatro días, nada más?! Igual ganamos como Mejor Película en Mar del Plata, nos fue genial en Santa Bárbara…

–Supongo que el momento del país influye.
–Sí, es el peor. Veo a la gente muy triste. Pero en lo mío la podés remar, por ejemplo presentando la película en Netflix.
–¿Allá es igual? ¿Si en cuatro días no la rompés la sacan?
–Es más amable, pero no tienen el INCAA. Acá en un año hicimos una película. Allá la gente tarda ocho años en filmar, es todo financiamiento privado. Y cien veces más caro.
–Pero en nuestro país, si no existiera el Estado, ¿qué pasaría?
–En Argentina, sin el Estado, sin el INCAA, el cine desaparece, pienso yo.
–Viviste mucho tiempo en Estados Unidos. ¿Se emparentan el #MeeToo, que empezó por los abusos sexuales del productor Harvey Weinstein, y lo que promovió Actrices Argentinas, con eje principal en las denuncias contra Juan Darthés?
–Es parecido. Acá abarcan muchos temas, como que el feminismo y las mujeres pelean por más cosas. Allá lo hacen para que no haya abusos, y para que la mujer gane lo mismo que el hombre. Es más directo y puntual.
–¿Tuviste alguna situación de acoso?
–Nunca, nada. Siempre me tocaron hombres que me trataron como a una princesa. Tuve experiencias muy buenas, y no me puedo imaginar algo así.
–¿Harías televisión acá, una tira?
–Hoy no. Te roba mucho tiempo. Lo hice y lo pasé increíble. Tendría que ser algo de Netflix o HBO, o un unitario muy bien escrito. Una tira diaria hecha así nomás, donde el director de fotografía no tiene ni tiempo de iluminar, no.
–Hoy, los dos canales líderes tienen ficciones en competencia. Una, de producción nacional; otra, una lata turca. Y hay quejas por el costo de cada cosa. ¿Vos cómo lo ves?
–Para mí, los canales tendrían que estar obligados a producir ficción nacional. No sé si se puede imponer, pero al menos que tengan un porcentaje. Y otra cosa: deberían difundir todos los trailers de las películas del INCAA. ¿Está mal? n
por Hugo Martin
fotos: Fabián Uset
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