Desde aquel joven estudiante seducido por una madura y atractiva Ann Bancroft en El Graduado (1967) hasta el patético Héroe accidental en la genial sátira de Stephen Frears, Dustin Hoffman ha protagonizado una larga serie de extraordinarias películas durante la segunda mitad del siglo pasado.
El tsunami del MeToo también lo salpicó, porque la radicalización del feminismo impidió la distinción entre un comportamiento inapropiado, una desubicación y el abuso sexual. La famosa liberación de la palabra llevó a una maratón de exposiciones públicas de cualquier roce con un colega en el set o desinteligencia de pareja, elevados a la categoría de crímenes de lesa humanidad.
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Pasaron diez años de esos episodios, que no pasaron del plano mediático —no hubo ninguna consecuencia judicial—, y ahora Hoffman vuelve con El afinador, una película de suspenso del cineasta canadiense Daniel Roher, recientemente estrenada y de momento con buena crítica. El filme reúne a tres generaciones de actores: Dustin Hoffman, Jean Reno y Leo Woodall. La película trata de un afinador de pianos (Woodall) que accidentalmente descubre que tiene el don de abrir cajas fuertes, de lo que se derivarán una serie de enredos. En el reparto también aparece el israelí Lior Raz, conocido por su papel en la serie Fauda.

A la espera de esta película, hay que decir que los mayores éxitos de Hoffman se sitúan todos en las décadas de los 60 a los 90 y no son para nada menores.
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Junto con Al Pacino y Robert de Niro, ocupó el podio de actores extraordinarios de los Estados Unidos de aquellos años, dejando caracterizaciones en películas que no envejecen y en roles muy variados, que confirman la versatilidad de este intérprete genial. Al punto de encarnar un personaje femenino en Tootsie (1982), historia de un actor desocupado recurre al extremo de disfrazarse de mujer para conseguir un papel en una sitcom y el engaño prospera a tal punto que luego se le vuelve casi imposible deshacerlo.

Paradójicamente, Tootsie es una película que defiende y reivindica a la mujer, mucho más que otras pretendidamente feministas. Y, más paradójicamente aun, Tootsie es un alegato y denuncia contra esa costumbre por mucho tiempo tolerada que años más tarde pondría en el tapete el caso Weinstein: las libertades que se toman ciertos varones con las mujeres en el trabajo.
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También fue un profesor serio y reconcentrado que descubre la violencia de que es capaz en una situación límite, en Perros de paja (1971) de Sam Peckinpah.

O el joven maratonista que se ve involucrado en la persecución a un nazi en Marathon man (1976) de John Schlesinger, en la que compartió cartel ni más ni menos que con Laurence Olivier. De ese encuentro intergeneracional quedó una anécdota graciosa. Es sabido que Dustin Hoffman era de la escuela de Lee Strasberg y el Actors Studio, cuyo método consistía en que el actor debía vivir las mismas experiencias que el personaje para poder transmitir mejor los sentimientos y emociones del caso. Por lo tanto Hoffman se dedicó a correr durante las semanas previas al rodaje ya que encarnaba a un maratonista aficionado y pasó noches en vela porque eso padecía el personaje. Cuando Laurence Olivier se enteró, le preguntó: “¿Por qué no intentas simplemente actuar?” Dos escuelas distintas, pero dos actores geniales.
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Dos años despues de El Graduado, la fama ya lograda por Dustin Hoffman se consolidó con Cowboy de Medianoche (1969), de John Schlesinger, junto a John Voigt (el padre de Angelina Jolie), sobre dos marginales que se buscan la vida en Nueva York.

En 1994, La Biblioteca del Congreso de los EEUU declaró a la película Midnight cowboy, “cultural, histórica y estéticamente significativa y la seleccionó para su preservación en el National Film Registry.
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Su físico alejado de los estereotipos del Hollywood clásico no dejó de ser una ventaja en un cine que empezaba a revolucionarse. Así, en 1970, llegaba Pequeño Gran Hombre, en la que con su 1,67 de estatura encarnó a quien llevaba ese sobrenombre por ser valiente aunque pequeño, La película, en ruptura con los westerns clásicos, relataba aventuras y desventuras de un hombre tironeado por dos lealtades, a las tropas del general Custer en su campaña de exterminio aborigen y a los indígenas con los que había convivido mucho tiempo.

En 1974, deslumbró en Lenny, la biopic del comediante Lenny Bruce, dirigida por Bob Fosse. Un showman, lo que hoy llamaríamos un standupero, que trabajaba en clubes nocturnos pero se fue haciendo una fama. Las autoridades los persiguieron e incluso cancelaron por obscenidad.
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En 1979, coprotagonizó Kramer vs Kramer junto a Meryl Streep, sobre una separación y pelea por la tenencia de un hijo; hoy podríamos verla como adelantada a su tiempo ya que fue realizada varios años antes de la actual epidemia de divorcios y litigios en tribunales de familia con los menores como víctimas. Habría que ver también cuál sería la reacción del feminismo ante una película en la que la “mala” es ella.

En 1982, la ya nombrada Tootsie y, en 1988, Rain man junto a Tom Cruise, en la que Dustin Hoffman encarna al hermano autista de un joven ambicioso, papel inolvidable y novedoso.
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Billy Bathgate es una extraordinaria película de 1991 que no tuvo toda la fama que merecía. Dirigida por Robert Benton, aquí Hoffman comparte cartel con Nicole Kidman y Bruce Willis. Ambientada en los años 20, es una historia de mafia vista desde el punto de vista de un joven (protagonizado por Loren Dean). Hoffman encarna a Dutch Schultz, un jefe mafioso poderoso y cruel.

La ya nombrada Héroe accidental, de 1992, es una genialidad de Stephen Frears, que muestra cómo la televisión, el aventurerismo y la falta de escrúpulos pueden construir una ficción y estafar al público en su credulidad. El reparto se completa con otros grandes nombres: Geena Davis, Andy Garcia, Chevy Chase y Joan Cusack.
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Wag the Dog (que en Argentina se tituló Mentiras que matan) fue la ocasión de ver juntos a Dustin Hoffman y Robert de Niro. El género satírico suaviza lo que es en realidad una brutal denuncia de ciertos mecanismos de los círculos más elevados del poder, donde quienes lo ejercen son capaces de todo —hasta de generar una guerra de la nada— para ocultar sus escándalos y conservar sus prebendas. Wag the Dog tiene el tono de comedia negra pero todo lo que muestra sucede o ha sucedido alguna vez en la realidad. Imperdible.

La enumeración, no exhaustiva, concluye aquí, no porque Dustin Hoffman no haya seguido filmando sino porque sus siguientes producciones no alcanzaron las cimas de las nombradas hasta ahora.
No perdamos la esperanza de volverlo a ver participar de una joya del cine como las comentadas. Pero cabe dudar que El afinador sea mucho más que un entretenimiento olvidable en comparación con los éxitos protagonizados en el pasado por este actor fuera de serie.
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