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“El tiempo de quien se jubila no vale menos”: la red social que desafía el aislamiento de los silvers

Cuando sus padres empezaron a decirle “gracias por venir” o “gracias por llamar”, Fernando Dellepiane entendió que la sociedad empuja a los mayores a sentir que su tiempo no tiene el mismo valor que el de los otros. De esa revelación nació Vermut, una plataforma creada para devolver el protagonismo a los adultos mayores a través del encuentro presencial

Diez personas adultas, hombres y mujeres, brindan con vasos blancos descartables alrededor de una mesa al aire libre, con una valla de caña de fondo
Vermut nació en Barcelona en 2020 para mayores de 55 años con el objetivo de combatir la soledad y el aislamiento con comunidad, actividades presenciales y herramientas digitales.
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Vermut nació para mayores de 55 años con una premisa que su cofundador Fernando Dellepiane resume en una impugnación al modo en que la sociedad mira la vejez: el problema no es la falta de ganas de vincularse, sino un sistema que empuja a que el tiempo de quien se jubila valga menos.

En diálogo con Infobae, el creado de la red social para silvers, habló sobre el origen y la expansión de la plataforma. El emprendedor sostuvo que esa pérdida de valor social explica buena parte de la soledad y del aislamiento que la aplicación busca combatir con comunidad, actividades presenciales y herramientas digitales.

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La definición más concreta del diagnóstico apareció al recordar una escena familiar durante la pandemia en España. “La primera vez que escuché a mis padres decirme ‘gracias por llamar’ o ‘gracias por venir’ fue cuando me di cuenta de que había una brecha y me obsesioné con el tema”, afirmó. Según explicó, ese agradecimiento revelaba una jerarquía asumida: “Sentían que el mío era más valioso que el de ellos”.

Grupo de personas adultas sonriendo y levantando los brazos en una sala luminosa. Muchos usan collares y diademas de flores coloridas
Vermut entrevistó a unas 300 personas y detectó aislamiento social, falta de herramientas para crear vínculos, tecnología sin empatía y estigma sobre envejecer.

Antes de lanzar el producto, Dellepiane y su socio Enric Duran Vallès entrevistaron a unas 300 personas para comprobar si esa percepción excedía su experiencia personal. De ese trabajo surgió, según relató, una combinación de aislamiento social, falta de herramientas para crear vínculos, tecnología diseñada sin empatía para quienes no crecieron con el celular y un estigma persistente sobre lo que significa envejecer.

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La startup fue creada en Barcelona en el verano de 2020 por dos ex-empleados de Glovo con un objetivo definido: abrir una puerta para que las personas mayores “se encuentren con otras personas en la vida real”. Ese punto, que hoy estructura el producto, también marcó una de las primeras discusiones de la compañía con sus potenciales financiadores.

Cuando buscaban capital para crecer, Dellepiane dijo que la mayoría de los fondos les pedía un modelo totalmente digital. “Todos los fondos nos decían que, para que Vermut fuera escalable, las actividades tenían que ser cien por cien online”, recordó.

La respuesta de la empresa fue rechazar esa receta. “Las pantallas están bien y pueden ayudar muchísimo, pero el vínculo se construye en la vida real. Eso un adulto mayor lo sabe perfectamente”, señaló. La tesis que sostiene a Vermut, según su fundador, es que el vínculo no se consolida en la pantalla sino en salidas grupales, paseos, talleres y encuentros cercanos a la ubicación del usuario.

Dellepiane atribuyó esa convicción a una experiencia biográfica que, según contó, venía de mucho antes de fundar la empresa. Al hablar de su abuelo materno y de su abuela paterna, planteó que el sesgo aparece cuando la edad desplaza a la persona. “De repente, mi abuelo pasaba a ser casi un discapacitado o un niño”, dijo al recordar cómo lo trataban en bancos o trámites, a pesar de que en su vida cotidiana era alguien activo, autónomo y con iniciativa.

Primer plano de dos hombres. Uno lleva camiseta gris y vaqueros, el otro camisa a cuadros. Fondo urbano con edificio cilíndrico y cielo azul
Fernando Dellepiane afirmó que la soledad en la vejez se vincula con una lógica social que hace sentir que el tiempo de las personas jubiladas vale menos.

El emprendedor sostuvo que ese tipo de trato no es un detalle cultural sino una señal de una idea más profunda sobre la vejez. “No creo que sea falta de inteligencia ni de interés. Creo que es un sesgo que nace del miedo a envejecer”, afirmó. Desde su perspectiva, la sociedad necesita imaginar a la persona mayor como alguien distante, dependiente y en retirada, y ese supuesto condiciona tanto el diseño de productos como las relaciones diarias.

La comunidad cambió el modelo cuando los usuarios pasaron a organizar actividades

El otro punto de inflexión llegó en 2022, cuando la empresa dejó de pensar que debía programar la vida social de sus usuarios y pasó a darles herramientas para que la organizaran ellos mismos. La escena, según Dellepiane, ocurrió con una mujer de Barcelona que insistía en proponer nuevas categorías y actividades desde los primeros meses del proyecto.

“¿Por qué no lo hacés vos?”, le dijo un día, después de admitir que el equipo no podía abarcar todo lo que ella sugería. Para el fundador, esa pregunta reordenó la lógica de la plataforma: “En ese instante entendí que la clave no era organizar la vida de nuestros usuarios. Era crear las herramientas para que ellos mismos fueran los protagonistas de la aplicación y de su comunidad”.

Captura de pantalla de un iPhone con interfaz de aplicación. Detalle de evento 'Psicología y Vida' con imagen de persona en la playa, fecha, hora y costo de 5 euros
La startup rechazó el modelo cien por cien online que proponían los fondos y sostuvo que los vínculos para personas mayores se construyen en la vida real.

El resultado de ese cambio, según relató, fue concreto. Esa usuaria gana dinero organizando actividades en Barcelona y reúne a cientos de seguidores dentro de la comunidad. La plataforma, que no se presenta como una aplicación de citas sino como una red de amistad y compañerismo, pasó así de ofrecer planes a facilitar que los propios mayores creen los suyos.

Dellepiane sostuvo que esa decisión también alteró la relación de la empresa con su base de usuarios en momentos sensibles, como cambios de modelo o de precios. “La comunidad siempre se quedó a nuestro lado porque sabe cuánto trabajamos para que Vermut crezca sin perder su esencia”, dijo.

La inteligencia artificial debe aumentar la participación

La expansión de la inteligencia artificial abrió otro frente de definición para la compañía. Dellepiane aseguró que la usan desde su aparición y que la consideran “probablemente la tecnología más accesible que haya existido”, pero fijó un límite: “Que no reemplace, ni por asomo, algo que podría ser humano”.

La aplicación ya incorpora un asistente que ayuda a crear actividades en cada ciudad. Según explicó, el sistema puede tomar gustos del usuario, proponer ideas, buscar qué ocurre cerca e incluso cargar la actividad dentro de la plataforma. El criterio para medir si sirve, dijo, no es el tiempo que una persona pasa hablando con una máquina, sino si más usuarios se animan a dar el paso inicial.

Dellepiane puso un ejemplo numérico para definir esa frontera: “Si gracias al asistente pasamos de tener un 10% de usuarios creando actividades a un 15%, porque más personas se sienten seguras y acompañadas para dar el primer paso, genial”. Acto seguido rechazó el escenario opuesto: inflar sesiones dentro de la app con conversaciones largas con una IA cuando el objetivo es que la gente conozca personas de carne y hueso en su barrio.

Reveló que la tensión central no está en enseñar tecnología a los mayores, sino en revertir una lógica social que los empuja a creer que su tiempo vale menos y a depender de soluciones pensadas para la pasividad, no para el encuentro.

Un grupo de doce personas, once de pie y una sentada con férula en la pierna, sonríen en una habitación blanca con techo decorado y suelo gris
En 2022, Vermut cambió su modelo para que los usuarios organizaran sus propias actividades y se convirtieran en protagonistas de la comunidad.

El caso de Ana muestra que el objetivo no es sumar planes, sino sostener una red

Entre las historias que la empresa usa para medir impacto, Dellepiane eligió la de Ana, una usuaria de Barcelona que había sido prejubilada de un hotel cinco estrellas donde trabajó en relaciones públicas. Con alrededor de 60 años, comenzó a organizar caminatas para otros miembros de la comunidad a partir de su gusto por recorrer la ciudad y de su conocimiento de cada barrio.

La experiencia no quedó en una actividad recreativa. Según contó, Ana empezó a ganar dinero con esas caminatas, mientras mantenía una vida más ordenada alrededor de su relación de pareja. La situación cambió con la muerte de su marido, un episodio que, según el fundador, lo hizo temer que se alejara de la plataforma y dejara de participar.

Ocurrió lo contrario. Dellepiane relató que siguió al frente de caminatas y creó una propuesta titulada “Lo que no te cuentan de quedarse viuda”, pensada para compartir su experiencia con otras personas en la misma situación. “Siempre dice que las dos cosas más importantes que tiene son su familia y Vermut”, afirmó.

Ese caso, según planteó, define el alcance que busca la empresa: no solo anotar usuarios en una actividad, sino construir una comunidad capaz de acompañar procesos de viudez, jubilación o reconfiguración de la vida cotidiana.

Una mujer de cabello blanco y gafas ríe con las manos unidas, sentada junto a otras mujeres y hombres adultos en un salón interior
La expansión de Vermut se enfoca en la rentabilidad en España, una prueba en Filadelfia y una idea de jubilación que no excluya producir, aprender y aportar.

La expansión apunta a España, Filadelfia y un modelo que desafíe la idea de jubilación

En la etapa actual, la compañía fijó tres prioridades empresariales: alcanzar la rentabilidad en España, convertir la plataforma en un producto nativo en inteligencia artificial y probar que el modelo funciona en una ciudad de Estados Unidos, con inicio en Filadelfia. Dellepiane aclaró que no buscan una llegada superficial al mercado de Estados Unidos, sino concentrarse en una ciudad, lograr densidad y comprobar que los usuarios no solo se registran, sino que se conocen, vuelven, crean actividades y forman vínculos.

La expansión internacional también está ligada a la idea de comunidad entre ciudades y países. En una encuesta hecha en España, cerca del 80% de los usuarios dijo que le gustaría recibir a personas de otros lugares y mostrarles cómo se vive en su ciudad, una práctica que ya ocurre entre las principales ciudades españolas y que la empresa quiere llevar a escala internacional.

Aunque actualmente Vermut opera solo en España y en Miami tras un piloto realizado el año pasado, la aplicación sigue activa en Argentina por un deseo personal de su fundador, cuya familia reside allí. Por ahora existe un alcance mínimo, pero la expectativa es de progreso en el futuro.

Nacido en Santa Cruz e hijo de un oficial retirado de la Fuerza Aérea, Dellepiane vivió en varias provincias argentinas antes de mudarse a España hace ocho años. Allí se alió con el catalán Enric Duran Vallès para dar vida al proyecto.

El planteo final de Dellepiane fue político además de empresarial. “Tenemos que dejar de pensar la jubilación como una frontera después de la cual una persona deja de producir, aprender o tener algo valioso que aportar”, sostuvo.

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