Hallaron muerto en prisión a Richard Buchanan, señalado por el FBI como miembro de la mafia mexicana que controlaba pandillas desde su celda

El recluso de 72 años cumplía cadena perpetua en una penitenciaría de California por secuestro y narcotráfico

Un hombre con gorra deportiva, anteojos de sol y camiseta blanca estampada posa frente a una pared de ladrillos pintados de blanco
Buchanan estuvo preso desde 2004 y, pese a ello, las autoridades federales lo vincularon con operaciones criminales activas en el sur de California hasta al menos 2024 (U.S. District Court)
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Richard Buchanan no era un preso común. Desde su celda en California, el hombre que las autoridades federales identificaron como integrante de la mafia mexicana orquestó durante dos décadas un entramado de extorsiones, apuestas ilegales, narcotráfico y conspiraciones de asesinato que se extendió por todo el sur del condado de San Diego.

El martes por la mañana, los guardias de la prisión estatal de Kern Valley lo encontraron sin signos vitales. Tenía 72 años.

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La oficina forense del condado de Kern será la encargada de establecer la causa del deceso, informó Terri Hardy, vocera del Departamento de Correcciones y Rehabilitación de California (CDCR), en declaraciones recogidas por el Los Angeles Times.

Buchanan creció en los barrios de San Ysidro y Otay Mesa, al norte de la frontera entre Estados Unidos y México, tal como consta en una declaración jurada del propio recluso. Aunque negó cualquier vínculo con la organización, un funcionario penitenciario testificó que fue identificado como miembro en 1989.

Vista aérea por satélite de un complejo penitenciario con un marcador rojo y la etiqueta Kern Valley State Prison, rodeado de campos agrícolas
La penitenciaría, ubicada en el condado de Kern, alberga a reclusos clasificados como de alta seguridad dentro del sistema penitenciario de California (Google Earth)

Los orígenes violentos de un ascenso criminal

Las autoridades sostuvieron que Buchanan ganó su lugar en la organización tras apuñalar a Manuel Rebeles, exintegrante de la Nuestra Familia —pandilla rival—, en una cárcel del condado de San Diego.

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Rebeles levantaba pesas en el patio de ejercicios de la azotea cuando recibió tres puñaladas en el pecho, de acuerdo con un informe de los investigadores al que accedió Los Angeles Times. La víctima sobrevivió al ataque.

Los fiscales argumentaron que la agresión fue ordenada por dos miembros de la agrupación radicados en National City: Ronaldo y Héctor Ayala. Buchanan no fue condenado por ese hecho, pero pasó gran parte de las dos décadas siguientes en prisión por robo, fuga y otros delitos.

Cada vez que recuperaba la libertad, su permanencia en las calles era breve. En 2004, trabajaba en un depósito de chatarra y vivía en una casa en esa misma ciudad, relató una asociada al FBI.

La dueña de la vivienda no le cobraba alquiler, y el camión que conducía había sido un regalo. “La gente le daba cosas porque era una buena persona”, declaró la mujer a los agentes federales.

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La organización, nacida en el sistema penitenciario de California en la década de 1950, opera a través de pandillas callejeras afiliadas que le tributan desde el exterior (AP/J.C.Hong)

El caso que lo envió a prisión de por vida

El caso que determinó su encierro de por vida involucró a una guardia penitenciaria corrupta.

Ernesto Torres, un recluso que cumplía una sentencia corta por violencia doméstica, entabló una relación con Jessica Chavez, oficial del Centro Correccional Richard J. Donovan. Tras su liberación, Torres y Chavez mantuvieron un vínculo sentimental, pero la guardia le pidió que se alejara cuando él se volvió posesivo.

Torres amenazó con exponer la relación ante el empleador de Chavez. “Todo tu mundo se va a derrumbar”, le dijo en un mensaje de voz, según los registros del tribunal de apelaciones. La oficial contactó entonces a un recluso que operaba bajo las órdenes de Buchanan.

Buchanan advirtió a Torres que dejara en paz a la guardia. “Estás metiéndote con algo que está ahí y está ahí con un propósito”, le dijo en una llamada grabada, en alusión a que Chavez participaba en otros actos de corrupción. La guardia llamó a Buchanan para agradecerle. “Quiero llevarlos a tomar algo o a cenar”, le ofreció.

Pero Torres no se detuvo. Dejó otra grabación a Chavez: “Me contactaron. El gran homie Richie acaba de hablar conmigo para que te deje en paz. Te han estado vigilando un buen rato”.

El complejo carcelario colinda con la frontera entre Estados Unidos y México y fue escenario de múltiples investigaciones por corrupción interna (REUTERS/Mike Blake)
El complejo carcelario colinda con la frontera entre Estados Unidos y México y fue escenario de múltiples investigaciones por corrupción interna (REUTERS/Mike Blake)

Buchanan y su subordinado Steve “Spanky” Parraz se presentaron en el domicilio de Torres. “Si tu familia no estuviera aquí, te mataría”, le espetó Parraz, de acuerdo con la documentación del caso. Buchanan le entregó un teléfono y le ordenó que llamara a Chavez para decirle que nunca más la molestaría.

Buchanan quería dinero. Torres, aún bajo coacción, aseguró que no tenía, pero ofreció el dato de un narcotraficante al que podían “cobrarle impuestos”. Mientras los tres se dirigían a una taquería de Chula Vista para encontrarse con el distribuidor, la policía detuvo el vehículo y los arrestó.

Torres entró en estado de pánico. “No puedo volver a prisión. Estoy muerto. Van a matar a mi familia”, dijo a los oficiales, conforme a un informe policial.

Chavez terminó por renunciar al CDCR y se declaró culpable de amenazas criminales, según el relato del Los Angeles Times. Durante el juicio, testificó que había mantenido relaciones sexuales con el asociado encarcelado de Buchanan porque estaba “agradecida” por su ayuda.

Fila de oficiales uniformados con camisas beige, corbatas oscuras y parches del Departamento de Correcciones sentados en un recinto cerrado
El Departamento de Correcciones y Rehabilitación de California administra el sistema penitenciario estatal más grande de Estados Unidos, con más de 30 prisiones en funcionamiento (CDCR)

Un imperio criminal que funcionó desde la celda

Tras la condena, Buchanan no perdió su influencia. Conservó el dominio sobre pandillas de la zona sur de San Diego, afirmó un informante del FBI en un reporte de la agencia.

El recluso dividía con los hermanos Ayala el dinero de extorsión recaudado en las cárceles del condado, un fondo conocido como “the light bill” (la cuenta de la luz), aseguró la misma fuente. También operaba casas de apuestas ilegales en sociedad con ellos.

Pese a las restricciones del sistema penitenciario, la comunicación entre reclusos y el exterior permitió a líderes de organizaciones criminales mantener cadenas de mando operativas durante décadas (Stephen Lam/Reuters)
Pese a las restricciones del sistema penitenciario, la comunicación entre reclusos y el exterior permitió a líderes de organizaciones criminales mantener cadenas de mando operativas durante décadas (Stephen Lam/Reuters)

Desde la prisión, Buchanan autorizó a pandilleros del condado de Imperial a cobrar “impuestos” en las ciudades de El Centro, Brawley, Holtville, Calipatria y Niland, según una acusación federal. Sus subordinados secuestraron y torturaron a un distribuidor de drogas que se negó a pagar, añadió el documento.

En 2024, una escucha telefónica captó a Buchanan en conversación con Ronaldo Ayala y Frank “Chino” Madriaga, otro miembro de la mafia mexicana que había sido liberado de una prisión federal. Los tres buscaban localizar a un desertor de una pandilla que había sido visto en San Diego, de acuerdo con una denuncia penal consultada por el diario.

Ayala cumple una condena a muerte por un triple homicidio cometido en 1985. Madriaga fue declarado culpable en septiembre de conspiración para cometer asesinato, informó el diario.

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