
Una confusión de embriones en el Centro de Fertilidad de Orlando desató una batalla legal y mediática que puso en el foco la falta de supervisión en la industria de la fecundación in vitro en Estados Unidos. La historia comenzó cuando Tiffany Score y Steven Mills, residentes de Florida, recurrieron a la clínica para cumplir su deseo de ser padres mediante fertilización in vitro. El proceso parecía transcurrir con normalidad: almacenaron tres embriones viables en las instalaciones y confiaron en que recibirían el tratamiento adecuado para formar una familia.
Sin embargo, pocos meses después del procedimiento, la pareja presentó una demanda contra la clínica, alegando graves irregularidades. Según los documentos judiciales obtenidos, Score y Mills afirmaron que el 11 de diciembre de 2025, tras el nacimiento de su hija Shea Score Mills, descubrieron que la bebé no estaba emparentada genéticamente con ellos. Ambos, de raza blanca, notaron que la apariencia física de la niña no coincidía con la suya, lo que encendió las alarmas y los llevó a solicitar pruebas genéticas inmediatas.
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El nacimiento de Shea Score Mills marcó un antes y un después para la pareja. Aunque el embarazo y el parto se desarrollaron sin complicaciones, desde el primer momento quedó patente una diferencia: la niña presentaba rasgos físicos que no correspondían a los de Tiffany ni Steven. La sospecha inicial se confirmó mediante pruebas genéticas, que revelaron que Shea no tenía vínculo biológico con ninguno de los dos. Este hallazgo desencadenó un proceso legal y emocional complejo, en el que Score y Mills exigieron a la clínica la identificación de los padres biológicos de la niña y la realización de pruebas genéticas a más familias que hubieran sido atendidas en el centro.

En abril de 2026, la pareja anunció que, gracias a las pruebas genéticas y al trabajo de sus abogados, se había logrado identificar a los padres biológicos de Shea. Los documentos judiciales presentados posteriormente revelaron que se alcanzó un “acuerdo de custodia mutuamente acordado” entre ambas partes. La identidad de los padres biológicos, mencionados solo como Paciente 004, se mantuvo confidencial por decisión judicial. Según el acuerdo, Score y Mills conservaron la custodia permanente de Shea, mientras que los padres genéticos quedarían autorizados a mantener una relación con la niña, aunque los detalles del régimen de visitas o participación permanecen en reserva.
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Este acuerdo puso fin, al menos en el aspecto legal, a una situación extraordinaria y de escasos precedentes. La jueza Margaret Schreiber, encargada del caso, expresó durante la audiencia judicial su satisfacción por el entendimiento logrado, subrayando que el arreglo se alcanzó mientras Shea aún es pequeña, lo que podría facilitar la adaptación de la menor. Por su parte, el abogado de los padres biológicos manifestó su intención de continuar formando parte de la vida de la niña, reconociendo que ambas familias enfrentan una situación “imposible” que no es responsabilidad suya.
El impacto emocional de esta experiencia ha sido profundo para Score y Mills. En reiteradas declaraciones, la pareja expresó el “vínculo emocional muy fuerte” que desarrollaron con Shea desde el embarazo, así como su “obligación moral” de buscar a los padres biológicos. En un comunicado, afirmaron: “Solo una cosa es tan absolutamente cierta como lo fue el día en que nació nuestra hija: la amaremos y seremos sus padres para siempre”. Esta declaración resume el eje de sus acciones: proteger el bienestar de Shea y garantizar que, pese a las circunstancias, seguirá siendo su hija en todos los sentidos legales y afectivos.
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Durante el proceso, la pareja agradeció el papel de los medios en la visibilización del caso, ya que permitió avanzar en la identificación de los padres biológicos y disipar temores sobre el futuro de Shea. También han reiterado su compromiso de respetar la privacidad de la otra familia implicada y de proteger a la niña ante cualquier posible intrusión mediática o social.
El caso adquirió mayor notoriedad cuando el Centro de Fertilidad de Orlando anunció su cierre definitivo el 20 de mayo de 2026. El comunicado publicado en su sitio web confirmó el cese de actividades, en medio de crecientes problemas legales y financieros. Además del caso de Score y Mills, la clínica enfrentaba otras demandas, como la presentada por negligencia médica en un proceso de gestación subrogada en 2024, que resultó en el fallecimiento del bebé poco después del nacimiento.
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La situación actual de los embriones restantes de Score y Mills sigue siendo incierta. De los tres embriones originales almacenados en la clínica, uno resultó en un aborto espontáneo, otro fue transferido a un nuevo centro y el tercero permanece desaparecido. Los documentos judiciales recientes indican que la pareja ha contratado otra clínica para el tratamiento y almacenamiento del embrión restante y que se realizarán pruebas de paternidad para determinar los pasos a seguir. Score y Mills declararon que, aunque muchas preguntas sobre el destino de sus embriones siguen sin respuesta, su prioridad absoluta es el bienestar de Shea, a quien consideran su hija en todos los aspectos.
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