
(Desde Palm Beach, Estados Unidos) La cita era las 11 AM (hora del este) de ayer en un hotel tres estrellas cerca de Palm Beach. Juan Orlando Hernández llegó puntual con un café en la mano. Nos acomodamos en un salón en las entrañas del hotel, justo al lado de una pileta repleta de turistas. Hacía calor, y no había ni una simple brisa.
El expresidente de Honduras, condenado a 45 años por narcotráfico e indultado por Donald Trump, se acomodó a un costado de una mesa de directorio frente al corresponsal de Infobae. Cada uno encendió el grabador del celular, y Hernández reiteró que iba a contestar todas las preguntas y que no había tiempo límite.
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A continuación los tramos más importantes del reportaje de sesenta minutos que el expresidente Hernández concedió a Infobae:
—Usted siempre ha hablado de que la sentencia que derivó en los cuarenta y cinco años de prisión en su contra fue una conspiración y que usted siempre se declaró inocente. ¿Podría explicar por qué fue una conspiración?
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—Al principio, cuando los narcotraficantes arrepentidos empezaron a colaborar con la DEA en diciembre de 2013, jamás me mencionaron. Pero en 2015, cuando ya estaban trabajando para la DEA, es un testigo en contra en mi juicio.
—Entonces...
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—Aparece un video, hace poco, que lo tiró al público el periodista Jeff Ernst, donde los líderes de la izquierda radical de Honduras están pactando, tres o dos semanas antes de mi elección, el 2013, con ese mismo tipo y otros líderes de la droga, cómo van a apoyar a ese partido, que se llama Libre, porque es la única opción que tienen. Y a cambio de ese apoyo, ellos esperan el eliminar la extradición, la ley de incautación de bienes, toda mi legislación en contra del narcotráfico.
—No entiendo esta parte. Desde su perspectiva, ¿la conspiración fue ejecutada por el partido de izquierda Libre o por Joe Biden, Kamala Harris y el Deep State, como sostuvo en su momento?
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—Viene la conspiración así: entre los que son los narcotraficantes, a quienes nosotros destruimos todos sus imperios, y que habían crecido durante la época de Mel Zelaya. Y fue cuando Honduras se convierte en el principal paso de la droga. Y eso es lo que nos trae más violencia. Entonces, ellos comienzan a interactuar con los narcotraficantes, semanas antes de mi elección para darles plata y ganar.
—Entonces...
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—Aun así ganamos. Luego entran en juego los venezolanos, que eran muy afines, el régimen de Nicolás Maduro, con la presidenta Xiomara Castro, que es la esposa de Mel Zelaya. Y después entran los radicales de izquierda del Partido Demócrata.
—¿Usted está diciendo que la conspiración fue de la izquierda de Honduras con Nicolás Maduro y con Joe Biden?
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—Estoy diciendo con gente del Partido Demócrata radical de izquierda. Usted puede ver en Internet. o váyase al Senado, váyase a la Cámara de Representantes.
—Es que me parece muy peculiar que una red de narcotraficantes, donde también está Maduro, diseñe una conspiración para ir contra un futuro presidente respaldado por la Casa Blanca donde está Biden.
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—Es que es bien sencillo. La izquierda del Partido Demócrata. Quería apoyar la llegada de sus socios ideológicos en Honduras, llámese el partido Libre ahora. Y para eso había que atacar a Juan Orlando Hernández, a su partido y a otras instituciones.

—Entiendo su descripción. Después a usted lo llevan a Nueva York, ¿no?
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—Sí.
—Ahí empieza el juicio. En el juicio se eligen a doce miembros de un panel de al menos 60 ciudadanos de New York. De esos doce miembros, antes de llegar a su composición, la defensa de usted impugnó por lo menos diez casos. Y esos doce ciudadanos votan por unanimidad la condena contra usted en los tres casos presentados. Uno de ellos era por narcotráfico.
—Sí.
—¿Los 12 miembros del jurado también formaron parte de la conspiración política que usted denuncia?
—El problema es que la Fiscalía le pidió al juez constantemente que evitara que yo presentara evidencia que era clave.
—Lo que pasa que después los doce miembros, por unanimidad, descartan esa evidencia y dicen que usted es culpable.
—No, no, no, no es que descartan la evidencia. Permítame corregirlo ahí. Es que el juez no permitió que la evidencia clave fuera escuchado por los jurados.
—Se lo tomo. Pero los doce miembros del tribunal dicen que usted es responsable por los tres delitos que le imputan.
—Yo le contesto con una pregunta...
—Claro.
—¿Es válido que un jurado, o llámese todos los jurados, sabiendo ellos que viven en Nueva York, conocen muy poco de Honduras, no les presenten esa evidencia clave para deslindar mi responsabilidad penal?
—Le voy a responder su pregunta: Si su defensa trató de impugnar y el juez no le dio la razón, y después los miembros del jurado aseguran que usted es culpable, esa instancia usted la perdió. Por más que usted pueda argumentar que no presentaron las evidencias, que no se cumplió su principio de defensa en juicio, los doce miembros jurados, por unanimidad, al margen que no conozcan dónde queda Honduras o cómo es Tegucigalpa, dijeron: hay que condenarlo. Eso es un hecho.
—Si me permite.
—Sí, claro.
—Ese hecho que usted refiere, es un hecho basado en una información muy limitada, que la limitó a propósito la fiscalía y el juez le siguió el juego.
—Para usted, el juez y los fiscales también formaban parte de la conspiración...
—El juez le hizo caso el noventa y cinco por ciento de las solicitudes que le hizo la fiscalía. Y le puedo dar otro dato...
—Por supuesto.
—Cualquier hondureño sabe que quien promovió la extradición, quien promovió la ley de incautación de bienes, quien promovió la reforma policial, quien promovió el uso de los militares en tareas de seguridad, porque la policía estaba corrupta y tuvimos que eliminar casi sesenta por ciento, ese fui yo
—El argumento suyo que me presenta fue el argumento que replicó el propio juez Kevin Castel al anunciar su pena de cuarenta y cinco años. Castel dijo que usted tiene dos caras, que por un lado empujaba una política de lucha contra el narcotráfico y, por otro lado, permitía a otros narcotraficantes operar en Honduras. La impresión, en definitiva, es que su defensa no sirvió para evitar su condena.

—Yo tuve un problema con mi defensa.
—Y ¿cómo lo resolvió?
—El juez me nombró al abogado Renato Stabile. Faltaban tres semanas para el juicio, y le mandó una carta al juez.
—¿Qué decía la carta?
—Qué postergue la decisión.
—¿Y?
—Le dice a mi abogado que es imposible.
—Usted dice que en realidad Kevin Castell, el juez en la primera instancia, ¿no fue independiente?
—No fue un juez que actuó correctamente, y él lo sabe.
—Tras la sentencia en su contra por 45 años de prisión, a usted lo envían a la cárcel de USP Hazelton (United States Penitentiary Hazelton), ubicada en Bruceton Mills, Virginia Occidental, Estados Unidos. ¿Correcto?
—Una de las cárceles más peligrosas del sistema federal. Lo extraño es que me mueven faltando cinco días de que el presidente Trump inicie su segundo mandato.
—¿Cómo fue su vida allí?
Al llegar ahí, el oficial que me recibe me dice: “Eh, ¿y usted con qué carro camina?”
—¿Carro?
—Carro significa a qué grupo pertenece.
—A qué grupo pertenece dentro de la comunidad carcelaria.
—Así es.
—Si es narcotraficante, violador, asesino, ladrón...
—No. Son grupos por región, raza...
—Entendí.
—Y le digo: “No, no, no sé de qué me habla”. Claro, yo había estado en Brooklyn en una unidad especial de protección.
—¿Entonces?
—Entonces, me dice: “Porque usted no puede caminar solo en la yarda. Tiene que estar bajo el ala de un grupo, porque con el récord que usted trae...”. Le digo: “Pues no sé”.
—El oficial que lo recibió le dice: “Usted tiene que integrarse a un grupo, a uno de los grupos que están en prisión para formar parte”.
—El oficial me dice: “Porque si no”, me dice, “es altamente riesgoso”. Desde ahí comenzó un problema.
—¿Para su vida?
—Para mi vida.
—Entonces...
—Entonces, mi abogado comenzó a enviar cartas y a hacer llamadas para decir: “Mi cliente corre un enorme riesgo ahí”.
—¿A quién le mandaba las cartas?
—Al buró de prisiones, ahí de esa cárcel. Pero el tema es que presos con los que ya iba teniendo yo algún nivel de relación me decían: “Presidente, vos no tenés que estar aquí, porque vos perteneciste a lo que se llama Law Enforcement.
—Claro.
—Y aquí la mayoría de los grupos no toleran eso. En cualquier momento, o te acuchillan o te matan. Pero además estaban representantes de los carteles de México que se vieron afectados.
—¿Y qué resultó?
—Hicimos una serie de diligencias internas y al final no se pudo. Lo único que logramos fue que yo entrara a un programa especial donde había una unidad con mayor seguridad. Casi no salía de esa unidad.
—¿Y la idea del indulto cuando aparece?
—Mi abogado Renato, me dice: “Juan Orlando, la apelación va a durar un buen tiempo. La pregunta que yo te hago es: ¿Irás a resistir ahí? ¿Vas a estar vivo todavía cuando llegue ese momento? Porque no te van a mover de ahí”.
—¿Y usted qué le respondió?
—Entonces, le digo yo: “No me gusta la idea del indulto, porque estoy seguro que en la apelación vamos a ganar. Si no es por los errores del juicio, va a ser por el tema de la ineffective assistance of counsel (Asistencia legal ineficaz, NdR).
—Entendí.
—Entonces empecé a conversar con mi familia. Más o menos unos seis meses estuve platicando.
—¿Su familia lo iba a ver a la prisión?
—No, nunca permitieron. A mi familia le quitaron las visas.
—¿Cuando usted fue juzgado en New York tampoco estuvieron?
—No.
—¿Y cuando fue trasladado de New York a West Virginia tampoco estuvieron?
—Tampoco. A ese nivel llega la crueldad de esta persecución. Cuando verdaderos capos han tenido a su familia ahí. Y mi familia ha sido mi principal soporte.
—En este contexto, decide pedir el indulto al presidente Donald Trump...
—Lo que ocurre es que decimos nosotros: “Okey, voy a pedir el indulto argumentando lo que siempre he argumentado”.
—El presidente Trump ya estaba ejerciendo su segundo mandato.
—Sí. Y le escribí una carta al presidente Trump.
—Y la carta, ¿qué decía?
—Soy inocente. Usted tiene el poder constitucional para poder revertir esta injusticia. Y le dejo estos datos aquí para que pueda poner a su equipo a investigar mi caso. Y mi abogado elaboró un documento mucho más completo.
—¿Se acuerda cuando fue enviada la carta?
—El día de mi cumpleaños.
—¿Qué día?
—28 de octubre del año pasado.
—28 de octubre del 2025.
—Sí.
—Fue muy rápido.
—Sí. Pero quiero precisarle que en la carta le digo: “Le estoy pidiendo este indulto porque soy inocente y porque usted puede comprobar con su equipo, con toda la información que está ahí. Pero además, fíjese bien”, le digo, “presidente, en mi caso no hay un solo agente de Estados Unidos declarando en mi contra. Y, sin embargo, va a haber en toda la información que le estoy citando, que son estadounidenses que lucharon en Honduras junto con mi, mi equipo, o desde Estados Unidos o desde Key West.
—¿Y qué más dice?
—Yo concluí que “fue una cacería de brujas”.
—El indulto de Trump es completo.
—Completo e incondicional.
—Sí, exacto.
—Y aprovecho para decirle, a mí no me pidieron que hiciera absolutamente nada a cambio.
—Ahora, desde su perspectiva, entonces, gracias a la decisión política de Trump de indultarlo, se terminó toda esta trama.
—Yo voy más allá de eso. Si no hubiera sido por miles de hondureños que con sus buenos deseos, sus oraciones y sus cartas al presidente Trump,
—Cuando Trump le dio el indulto, ¿lo llamó por teléfono para agradecerle?
—No. Intenté, pero no he podido. Le mandé agradecer a través de una persona.
—¿Podemos saber quién es?
—Roger Stone.
—¿Lo fue a visitar a la cárcel?
—No, no. Yo nunca conocí a Roger Stone hasta después de que salí.
—Pero le agradeció a Trump vía Roger Stone.
—Sí. Además, yo lo he dicho en cada entrevista, que le estoy agradecido a él.
—¿A Roger Stone?
—A él y al presidente Trump porque él tomó la decisión. Y a los miles de hondureños que siempre me apoyaron...
—Una conclusión es que gracias a Trump y a los hondureños que lo quieren, usted está en libertad...
—Y gracias a Dios. Que él escuchó esas plegarias y obviamente instrumentalizó al presidente Trump. Y creo que Trump siempre fue enfático. Hay una parte de su discurso en este segundo mandato que dijo: ‘Y que nunca más el poder del Estado sea utilizado para perseguir a los oponentes políticos’. Y yo soy un típico caso de eso.
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