
Según los datos recientes de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), más de un tercio de los adultos en 23 estados de Estados Unidos padece obesidad. El informe evaluó los números obtenidos en 2023 y mencionó que, antes de 2013, ningún estado del país registraba una tasa de obesidad superior al 35%, pero el problema ha crecido de forma sostenida en la última década. Actualmente, al menos el 20% de los adultos en cada estado vive con esta condición, una cifra preocupante debido a sus implicaciones en la salud pública.
Según el informe de los CDC, los estados con las tasas de obesidad más altas (35% o más) son Alabama, Alaska, Arkansas, Delaware, Georgia, Illinois, Indiana, Iowa, Kansas, Luisiana, Míchigan, Misisipi, Misuri, Nebraska, Nuevo México, Dakota del Norte, Ohio, Oklahoma, Carolina del Sur, Dakota del Sur, Tennessee, Virginia Occidental y Wisconsin. Además, Guam y Puerto Rico también superan este umbral.
Tres estados presentan cifras aún más alarmantes: Arkansas, Misisipi y Virginia Occidental, donde la prevalencia de obesidad alcanza el 40% o más. En contraste, Colorado y el Distrito de Columbia tienen las tasas más bajas del país, con niveles entre el 20% y el 25%.
El CDC también señala diferencias geográficas en la distribución de la obesidad. El Medio Oeste lidera con una prevalencia del 36%, seguido del Sur con 34.7%, el Oeste con 29.1% y el Noreste con 28.6%. Estos datos reflejan patrones regionales relacionados con el acceso a alimentos saludables, los niveles de actividad física y la disponibilidad de atención médica.
Desigualdad racial y social en la obesidad

El informe destaca que la obesidad afecta de manera desigual a distintos grupos raciales y étnicos. Ningún estado tiene una tasa de obesidad del 35% o más entre los adultos asiáticos, mientras que 16 estados presentan estos niveles entre adultos blancos. La prevalencia es significativamente mayor en otros grupos: 30 estados registran tasas superiores al 35% entre nativos americanos o nativos de Alaska, 34 estados entre adultos hispanos y 38 estados entre adultos negros.
Además de la etnicidad, la educación y la edad también influyen en la prevalencia de obesidad. Según el CDC, el 36.5% de los adultos sin diploma de secundaria vive con obesidad, mientras que la cifra disminuye al 27.1% entre los graduados universitarios. En términos de edad, los adultos jóvenes (18-24 años) presentan la menor tasa de obesidad (19.5%), mientras que el grupo de 45-54 años registra la más alta (39.2%).
Causas y factores contribuyentes

Contrario a la creencia popular de que la obesidad es solo cuestión de hábitos personales, el CDC enfatiza que se trata de una enfermedad multifactorial. Ruth Petersen, directora de la División de Nutrición, Actividad Física y Obesidad del CDC, explica que “hay una idea errónea de que la obesidad se debe a la falta de fuerza de voluntad para comer bien y hacer ejercicio. Sin embargo, factores como la genética, ciertos medicamentos, el sueño deficiente, el estrés, la microbiota intestinal y el acceso a la atención médica también desempeñan un papel clave”.
Además, la disponibilidad de alimentos saludables y espacios seguros para la actividad física varía según el entorno socioeconómico. En muchas comunidades de bajos ingresos, las opciones de alimentación nutritiva son limitadas y los costos de los productos saludables son más altos que los de comida ultraprocesada. Asimismo, la falta de infraestructura para el ejercicio y la inseguridad en ciertos barrios reducen las posibilidades de mantener un estilo de vida activo.
Impacto en la salud pública y perspectivas futuras

La obesidad está vinculada con múltiples enfermedades crónicas, incluyendo diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, algunos tipos de cáncer y asma. Además, quienes tienen obesidad presentan un mayor riesgo de complicaciones graves en enfermedades respiratorias y otros problemas de salud. A esto se suman las consecuencias sociales y psicológicas, como el estigma y la discriminación, que pueden derivar en ansiedad, depresión y baja autoestima.
Los expertos coinciden en que abordar la obesidad requiere un enfoque integral, que combine políticas de salud pública, acceso equitativo a recursos y educación sobre nutrición y actividad física. La prevención en la infancia es clave para reducir la obesidad en la edad adulta. Karen Hacker, directora del Centro Nacional de Prevención de Enfermedades Crónicas y Promoción de la Salud del CDC, señala que “la prevención de la obesidad en edades tempranas es fundamental, ya que sabemos que los niños con obesidad suelen convertirse en adultos con obesidad. Por eso priorizamos inversiones en programas de peso saludable para familias y centros de cuidado infantil”.
El tratamiento de la obesidad también ha evolucionado en los últimos años. El CDC menciona que las opciones incluyen medicamentos específicos aprobados por la FDA, como los agonistas de GLP-1, que han demostrado eficacia cuando se combinan con cambios en el estilo de vida y el comportamiento de salud.
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