
La incidencia de tos ferina en Estados Unidos ha alcanzado niveles preocupantes, con cifras que superan las registradas en los últimos años. De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), los casos notificados semanalmente se han incrementado de manera sostenida desde junio, con al menos 259 nuevas infecciones reportadas en la primera semana de agosto.
Los datos revelan que Pensilvania encabeza la lista con un total de 1.489 casos en lo que va del año, seguido de cerca por Nueva York con 1.266 infecciones. El resurgimiento de la tos ferina ha sido atribuido, en parte, al retorno de las tendencias previas a la pandemia de COVID-19, cuando la movilidad y las interacciones sociales eran más comunes.
Factores contribuyentes
Uno de los principales factores detrás de este aumento es la relajación de las medidas de mitigación implementadas durante la pandemia de COVID-19. Según los CDC, el uso de mascarillas y el distanciamiento social contribuyeron a una notable disminución en la transmisión de enfermedades respiratorias, incluida la tos ferina. Sin embargo, con el levantamiento de estas medidas, la transmisión ha vuelto a incrementarse.
El uso de vacunas acelulares desde la década de 1990, que ofrecen una protección disminuida con el tiempo, también es un factor importante. La epidemióloga de los CDC, Tami Skoff, explicó que aunque estas vacunas son más seguras, la disminución de la protección contribuye al aumento gradual de casos, incluso antes de la pandemia, según la Fundación Nacional de Enfermedades Infecciosas.

Síntomas de la tos ferina
Los síntomas de la tos ferina se dividen en tres etapas principales. Inicialmente, los pacientes experimentan síntomas similares a los de un resfriado común, como tos y secreción nasal, que suelen aparecer una semana después del contagio. A medida que la enfermedad progresa, la tos se vuelve más intensa y persistente, caracterizada por episodios violentos que pueden durar hasta seis semanas. Esta tos puede ir acompañada del característico sonido de “silbido” cuando el paciente trata de respirar después de un ataque de tos, de acuerdo con información de la CDC.
La falta de oxígeno durante estos episodios puede provocar que la piel adquiera un tono azulado o púrpura y, en algunos casos, se puede llegar a vomitar después de cada ataque. Los bebés son los más vulnerables a las complicaciones graves, como neumonía y problemas neurológicos, siendo este grupo el que presenta las tasas más altas de hospitalizaciones.

Diagnóstico y tratamiento
Para diagnosticar la tos ferina, los médicos suelen recurrir a pruebas realizadas con un hisopo nasal, las cuales son más precisas cuando se realizan en las primeras tres semanas de la tos. Sin embargo, un diagnóstico temprano no siempre es necesario para iniciar el tratamiento, especialmente en pacientes con riesgo de enfermedad grave.
Los antibióticos, como la azitromicina, se utilizan para reducir la gravedad de la tos ferina si se administran en las etapas iniciales de la infección. También pueden ser administrados a contactos cercanos del paciente para prevenir la propagación de la enfermedad. No obstante, se ha demostrado que estos antibióticos no acortan la duración de la enfermedad ni mejoran significativamente los síntomas. Su principal función es prevenir la transmisión a otras personas, de acuerdo con la Academia Estadounidense de Médicos de Familia.

Proyecciones futuras
Skoff mencionó que los expertos en vacunas de los CDC no tienen previsto reconsiderar las recomendaciones actuales sobre las dosis de refuerzo, a pesar del incremento en los casos. Sin embargo, se están desarrollando nuevas vacunas que podrían ofrecer una protección más duradera. Esto podría llevar a cambios en las directrices futuras de la agencia, según la información de Fundación Nacional de Enfermedades Infecciosas.
Dado el contexto de inmunidad menguante y el resurgimiento de casos en personas mayores, se ha observado que muchos profesionales médicos no consideran la tos ferina como una enfermedad prevalente en adultos, lo cual puede retrasar el diagnóstico y tratamiento adecuados. Este desfase en la atención médica subraya la necesidad de mejorar la concienciación y la vigilancia de la salud pública para abordar el creciente número de infecciones.
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