
Los meteorólogos federales continúan anticipando una temporada de huracanes en el Atlántico particularmente activa debido a las elevadas temperaturas de la superficie del mar y la posible aparición del fenómeno de La Niña. Según informó la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), estas condiciones están propiciando una dinámica que podría ubicar esta temporada entre las más intensas jamás registradas.
“La temporada de huracanes comenzó de manera temprana con el huracán Beryl, que se clasificó como el huracán de categoría 5 más temprano que se haya registrado en el Atlántico”, expresó Rick Spinrad, administrador de la NOAA en un comunicado. Esta declaración destaca la gravedad potencial de la situación a medida que la temporada se aproxima a su pico habitual, el cual suele ocurrir entre mediados de agosto y mediados de octubre, de acuerdo con la NOAA.
Según los pronósticos recientes actualizados por la NOAA, apenas hay cambios en comparación con las predicciones inicialmente publicadas en mayo. Los meteorólogos han ajustado el número esperado de tormentas con nombre de una estimación inicial de entre 17 y 25 a un rango de 17 a 24. Esto significa que se espera la formación de entre 17 y 24 tormentas con nombre durante la temporada. De entre estas tormentas, se pronostica que entre 8 y 13 evolucionarán hasta convertirse en huracanes, es decir, tendrán vientos sostenidos de al menos 121 kilómetros por hora. Además, se anticipa que entre 4 y 7 de estos huracanes alcanzarán la categoría de huracanes mayores, con vientos de al menos 179 kilómetros por hora.

Una temporada de huracanes en el Atlántico típica produce alrededor de 14 tormentas con nombre, de las cuales siete llegan a convertirse en huracanes y tres en huracanes importantes, según los registros históricos. La temporada actual, que se extiende oficialmente desde el 1 de junio hasta el 30 de noviembre, ya ha visto formarse dos tormentas tropicales y dos huracanes hasta la fecha. La tormenta más reciente, el huracán Debby, tocó tierra en la costa del Golfo de Florida el pasado lunes, y se reporta que se está desplazando a través de las Carolinas como tormenta tropical, de acuerdo con la NOAA.
Los nombres que se asignan a las tormentas tropicales se extraen de una serie de seis listas alfabéticas rotativas mantenidas por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), según esta entidad. Estas listas omiten las letras Q, U, X, Y y Z debido a la falta de nombres comunes que comienzan con esas letras. Los nombres rotan anualmente y alternan entre nombres masculinos y femeninos. Cuando una tormenta es significativamente destructiva, su nombre se retira y se reemplaza por uno nuevo en la lista.
En un cambio implementado a partir de la temporada de huracanes de 2021, se creó una lista complementaria de nombres para casos en que el número de tormentas con nombre exceda los 21. Previamente, se recurriría al alfabeto griego para nombrar tormentas adicionales, una práctica que se utilizó en 2005 y 2020 cuando el número de tormentas con nombre superó las expectativas básicas, de acuerdo con la OMM.

Los expertos señalan que dos factores son cruciales al evaluar la intensidad de una temporada de huracanes: las temperaturas oceánicas en el Atlántico y la presencia de fenómenos de La Niña o El Niño. Las temperaturas elevadas en el Atlántico proporcionan el calor necesario como combustible para las tormentas, mientras que La Niña y El Niño influyen en los patrones climáticos globales. La Niña tiende a potenciar la actividad de tormentas en el Atlántico al reducir los vientos de gran altitud que pueden desintegrar huracanes y al incrementar la inestabilidad atmosférica, condiciones que favorecen el desarrollo de huracanes. Por otro lado, El Niño provoca el efecto contrario, según la NOAA.
El más reciente período de El Niño, que finalizó en junio, estuvo asociado con temperaturas oceánicas récord e inhibe la formación de tormentas. Sin embargo, se espera la transición a condiciones de La Niña entre septiembre y noviembre, período que podría coincidir con el pico de la temporada de huracanes. Esto sugiere que, a pesar de los efectos inhibidores de El Niño durante la última temporada, la presencia de aguas oceánicas cálidas resultó en una actividad huracanosa superior al promedio normal. La temporada pasada registró 20 tormentas con nombre, marcándola como la cuarta más activa desde 1950, y una métrica combinada de la fuerza, duración y frecuencia de las tormentas reveló que la temporada fue un 17% más intensa de lo habitual, de acuerdo con la NOAA.
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