
El titular de este artículo se basa en un tecnicismo: Durbuy es una localidad de Luxemburgo con cerca de 11.000 habitantes —aunque solo 500 en su centro histórico—, pero tiene el ‘título’ de ciudad porque, en el año 1331, Juan I de Bohemia, entonces conde de Luxemburgo, se lo concedió para contentar a los habitantes del lugar, que tenía un gran carácter estratégico. Y es que Durbuy no se convirtió en ciudad porque se hubiera convertido en un centro importante de población, sino porque era un centro clave de comercio, al estar situado justo en la frontera norte, y por tanto expuesto a sufrir ataques extranjeros. Y como solo una ciudad podía disponer de un ejército, Juan I de Bohemia le concedió el título para reducir los desplazamientos de tropas en el norte.
Gracias a esta anécdota, que tiene casi 700 años, hoy Durbuy se considera “la ciudad más pequeña del mundo”. Este destino medieval, de solo dos hectáreas, combina rutas de senderismo, actividades de aventura y edificios medievales integrados en un paisaje formado por el río Ourthe y los bosques de las Ardenas. Hoy es un destino singular para quienes buscan naturaleza, patrimonio y ocio.
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La conservación de la trama urbana medieval se refleja en sus calles empedradas y peatonales, flanqueadas por casas de piedra de los siglos XVII y XVIII, creando un entorno que le valió la distinción EDEN de la Comisión Europea en 2007 como uno de los destinos rurales de excelencia en Europa.
El casco antiguo de Durbuy se recorre fácilmente a pie gracias a su reducido tamaño y a la organización de rutas señalizadas, como la rue Daufresne de la Chevalerie, la más antigua y adoquinada con guijarros del Ourthe. Los paseos conducen tanto a parajes fluviales como a bosques de las Ardenas, permitiendo itinerarios de senderismo y ciclismo, además de rutas urbanas entre callejuelas y plazas.
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Qué ver en Durbuy
El patrimonio de la ciudad tiene en el castillo de los Condes de Ursel su principal exponente, erigido en un promontorio sobre el Ourthe en los siglos medievales y reconstruido en el XVII. De carácter privado, solo es posible admirar su presencia exterior como figura dominante del paisaje urbano desde la Edad Media.
Cerca del castillo se encuentra la iglesia de San Nicolás, levantada en el emplazamiento de la antigua capilla del convento de los Récollets (fundado en 1632) y destacable por su combinación de estilos arquitectónicos. El edificio de la Halle aux Blés, con referencias desde el siglo XIV, alberga en la actualidad el Museo de Historia y Arte de Durbuy. Por lo que respecta a elementos naturales singulares, el anticlinal de Omalius o La Roche-à-Frêne constituye un fenómeno geológico de más de 300 millones de años y treinta y siete metros de altura, documentado en 1807 por el geólogo Jean-Baptiste d’Omalius d’Halloy y apreciado tanto por especialistas como por turistas por la visibilidad de los pliegues geológicos.
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La oferta culinaria de Durbuy aúna tradiciones valonas y productos regionales. En sus brasseries y restaurantes del centro se sirven especialidades como quesos de leche cruda, cangrejos del Ourthe, truchas frescas, foie gras y una selección de cervezas artesanas.
El mercadillo navideño, celebrado del 22 de noviembre al 5 de enero, es otro de los principales atractivos: instala más de cien puestos que ofrecen productos artesanales, gastronomía y una pista de hielo al aire libre, junto a actividades para todos los públicos.
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