
Carolina Marín es mucho más que una deportista. La onubense, tres veces campeona del mundo y campeona olímpica en Río 2016, lleva el nombre de Huelva tatuado en su identidad de una forma que va más allá de los títulos. Criada en una ciudad que mira al Atlántico y a los humedales del Parque Nacional de Doñana, la campeona ha hablado en numerosas ocasiones de su tierra como el lugar donde recarga energías, donde vuelve a ser simplemente Carolina.
Y en esa Huelva que la vio crecer, hay una playa que ocupa un lugar especial en su memoria: El Portil, un arenal de arena fina entre Punta Umbría y Cartaya donde el Atlántico se encuentra con la laguna de agua dulce más singular de la provincia. Un rincón que combina naturaleza, tranquilidad y ese carácter atlántico que distingue la costa onubense del resto del litoral andaluz.
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Una playa de cuatro kilómetros entre dos municipios
La playa de El Portil se extiende a lo largo de unos cuatro kilómetros y unos 40 metros de ancho entre los términos municipales de Punta Umbría y Cartaya, cerca de la desembocadura del río Odiel. Aunque el nombre puede generar confusión, la distinción es sencilla: la zona perteneciente a Punta Umbría se conoce como playa de El Portil, mientras que la parte correspondiente a Cartaya recibe el nombre de playa de Nuevo Portil. En la práctica, ningún indicador separa ambos tramos y forman un continuo de arena sin interrupciones.
Las diferencias entre los dos tramos son sutiles, pero relevantes a la hora de elegir. El Portil es más urbano y concentra la mayor parte de las tiendas, bares y servicios. Nuevo Portil, más próximo a la desembocadura del río Piedras, tiene un carácter más salvaje y menos infraestructura. Son solo cuatro kilómetros de playa, pero la elección de uno u otro determina el tipo de experiencia.
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En cualquier caso, las características son las propias de la costa atlántica onubense: arena fina, gran amplitud tanto en longitud como en anchura, aguas tranquilas y viento moderado. Es apta para toda la familia y cuenta con instalaciones náutico-deportivas. Desde varios puntos del litoral salen ferris hacia la Flecha del Rompido, una lengua de arena al otro lado del río Piedras que en los últimos años se ha convertido en uno de los litorales vírgenes más buscados de Andalucía, con zonas donde se practica el naturismo.
La Laguna de El Portil y los búnkeres de Franco
A escasos 300 metros de la playa hacia el interior, al otro lado de las urbanizaciones y de la carretera A-5052, se encuentra la Laguna de El Portil, uno de los parajes naturales más singulares de la provincia. Su origen está en las dunas: la acumulación progresiva de arena fue taponando los arroyos de la zona hasta crear un cierre que dio lugar a la laguna tal como se conoce hoy.
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Junto a las Marismas del Odiel, el río Piedras y la Flecha del Rompido, la laguna forma parte de un sistema de humedales que actúa como parada esencial para las aves migratorias que cruzan la Península Ibérica desde África cada año. Además, la vegetación que rodea la laguna varía a medida que se avanza por el sendero.
Pero esto no se queda aquí, pues una de las curiosidades más llamativas de El Portil son los búnkeres que el régimen de Franco mandó construir durante la Segunda Guerra Mundial, en previsión de una posible invasión aliada por la costa onubense. Todavía es posible encontrar algunos rastros de estas estructuras en la zona, un testimonio histórico que contrasta con el ambiente familiar y deportivo del arenal.
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Igualmente, las aguas de El Portil son también un escenario habitual para la práctica del kitesurf, gracias a las condiciones que ofrece este tramo del Atlántico. El litoral combina así la tranquilidad del baño familiar con la actividad de quienes buscan aprovechar el viento y las corrientes para practicar deportes acuáticos.
Un paseo entre dunas y naturaleza
La laguna cuenta con un sendero circular que comienza en el mirador de El Portil, desde el que se obtienen vistas panorámicas del entorno. El primer tramo discurre sobre el cordón de dunas que originó la laguna, por una tarima de madera que facilita el paseo. El camino sube serpenteando hasta coronar las dunas y desciende después en paralelo a la valla de delimitación de la reserva natural hasta cerrar el círculo.
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El recorrido completo puede hacerse en poco menos de una hora y no requiere condición física especial. Es una opción ideal para combinar con la jornada de playa, especialmente en las horas centrales del día, y permite observar de cerca la fauna y la flora de uno de los humedales más ricos de la costa atlántica andaluza. Un plan que Carolina Marín, como tantos onubenses, conoce bien desde pequeña.
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