
Con más de 3.000 kilómetros distribuidos por todo el territorio nacional, las vías verdes se alzan como una de las mejores opciones para los amantes del senderismo y la naturaleza. Estos recorridos son antiguos trazados ferroviarios en desuso que han sido recuperados y acondicionados para el cicloturismo y el excursionismo. Estas rutas ofrecen una experiencia única, combinando naturaleza, historia y accesibilidad, al permitir que cualquier persona, independientemente de su nivel físico, disfrute de paisajes espectaculares mientras recorre caminos cargados de memoria histórica.
De este modo, la Vía Verde del Renacimiento es uno de los itinerarios más especiales que se pueden disfrutar en Albacete. Este sendero, de alrededor de 77 kilómetros de longitud, permite descubrir un paisaje sorprendente a través de túneles, viaductos y pasarelas que unen Albacete con Alcaraz. Además, sus tramos son ideales para hacer en bicicleta o caminando gracias a sus infraestructuras y buen acondicionamiento.
Un ferrocarril inacabado
La Vía Verde del Renacimiento corresponde al antiguo trazado ferroviario que debía unir ir las localidades de Linares (Jaén) y Utiel (Valencia). Aunque popularmente conocido como el ferrocarril Baeza-Utiel, la denominación correcta sería Linares-Baeza–Utiel, ya que su origen se situaba en el enclave jienense de Linares-Baeza. Este ramal debía formar parte de un itinerario aún más ambicioso que se extendería hacia el norte, atravesando Teruel y Lleida, hasta conectar con la red ferroviaria francesa en Saint-Girons. Sin embargo, de todo ese vasto proyecto solo llegó a inaugurarse el tramo entre Lleida y Pobla de Segur. El resto de la infraestructura quedó inconclusa, con explanaciones dispersas a lo largo de su recorrido.

En el sector que comprendía Linares y Albacete, los avances fueron significativos. En el tramo albaceteño, los raíles llegaron a tenderse por completo, quedando pendiente únicamente la instalación de la señalización. Durante un tiempo, los convoyes utilizados para la propia construcción circularon sobre esas vías, alimentando la expectativa de que el proyecto culminaría. Sin embargo, la realidad fue otra. Varias circunstancias se conjugaron para sellar el destino del ferrocarril: el retraso en su ejecución, que coincidió con el auge del transporte por carretera; el impacto de la Guerra Civil, que paralizó numerosos proyectos; y la progresiva despoblación de los territorios que debía atravesar, acentuando su inviabilidad.
El golpe definitivo llegó en 1963, cuando un informe del Banco Mundial desaconsejó la puesta en marcha de esta y otras líneas ferroviarias consideradas deficitarias. El diagnóstico fue tajante: su explotación sería ruinosa y pondría en riesgo la estabilidad del conjunto del sistema ferroviario español. En Albacete, los raíles quedaron abandonados durante décadas hasta que, a finales de los años ochenta, fueron retirados. En el tramo jienense, las estaciones, los viaductos y los túneles quedaron sumidos en el olvido. Hoy, parte de aquel proyecto frustrado ha sido recuperado en forma de vías verdes, recordando el sueño inacabado de un ferrocarril que nunca llegó a partir.
Un viaje por la provincia de Albacete
La ruta de la Vía Verde de la Sierra de Alcaraz arranca en el parque de la Fiesta del Árbol, en Albacete, siguiendo los caminos del Canal de María Cristina y enlazando con la Ruta de Don Quijote, hasta alcanzar el inicio oficial de la vía verde, a 6,5 kilómetros. El recorrido avanza por una extensa llanura agrícola sembrada de maíz, trigo y patatas, atravesando antiguas estaciones como la de San Jorge y Santa Ana, silenciosos vestigios de un tren que nunca llegó a circular. A la altura del kilómetro 25, una interrupción obliga a abandonar el trazado ferroviario y transitar durante unos kilómetros junto a la carretera N-322, acercándose a Balazote.

Esta localidad de raíces antiguas es donde se halló la célebre bicha de Balazote, escultura íbera conservada hoy en el Museo Arqueológico Nacional. Retomando el antiguo ferrocarril, el camino bordea la vega del río Jardín, donde los campos de cultivo conviven con bosques de encinas y matorrales. El paisaje cambia con la aparición de túneles y trincheras excavadas en tierras rojizas, preludio de la entrada en un entorno montañoso que exige esfuerzo, pero recompensa con vistas sobre valles agrícolas y pinares. Tras cruzar varias veces el río Jardín, la ruta se interna en los márgenes más abruptos de la cuenca, donde la naturaleza marca su dominio entre túneles curvos y zonas perfumadas de pino.
En la pedanía de El Jardín, un área de descanso ofrece servicios antes de continuar entre túneles más largos, hasta llegar a la estación de Robledo, hoy convertida en alojamiento rural. Desde la estación de Salinero, ya en altura, se avistan por primera vez las sierras de Alcaraz. El descenso final discurre entre encinas, túneles y viaductos como el de Solanilla, que ofrecen panorámicas sobre la villa de Alcaraz y el Santuario de la Virgen de Cortes. Tras cruzar la carretera N-322, el recorrido culmina en Alcaraz, puerta de entrada a un patrimonio histórico que cierra esta primera etapa de la antigua línea ferroviaria Linares-Baeza–Utiel, convertida en un corredor natural para el senderismo y el cicloturismo.
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