
Uno de los mayores legados culturales de España son sus castillos y fortalezas. Se estima que son alrededor de 10.000 bastiones los que se pueden encontrar a lo largo de la península, los cuales son un testimonio vivo de la historia de nuestro país. A día de hoy, gracias a su buen estado de conservación, se han convertido en una de las atracciones turísticas más visitadas del panorama nacional, atrayendo a miles de visitantes que buscan contemplar los altos muros y su imponente arquitectura.
En este sentido, en el corazón de la provincia de Córdoba, la villa de Baena se erige como un enclave singular donde la historia y la arquitectura convergen en su majestuoso castillo. Este recinto fortificado, cuyos orígenes se remontan al siglo IX, no solo define el paisaje de la ciudad, sino que también relata algunos de los episodios más fascinantes de la historia de la Península Ibérica.
Una antigua fortificación árabe
El castillo de Baena tiene sus raíces en el antiguo hisn árabe conocido como Bayyana. Este asentamiento fortificado comenzó a destacar en el contexto de la rebelión muladí de Umar ibn Hafsun, a finales del siglo IX. Fue en el año 890 d.C. cuando el emir Abd Allah decidió fortalecer su posición en la región instalando un cuerpo de caballería en la alcazaba de Bayyana. Esta decisión transformó al enclave en una medina próspera, desplazando incluso la capital de la cora de Cabra a este lugar.

Durante el período califal, Baena floreció cultural y económicamente, aunque este auge se vio truncado por los saqueos de las tropas beréberes tras la caída del Califato de Córdoba. Posteriormente, las dinastías de los almohades y almorávides dejaron su impronta tanto en la arquitectura como en las crónicas de las batallas libradas en sus inmediaciones, como la acaecida en 1165 junto al río Marbella.
Los vestigios de estos enfrentamientos aún pueden apreciarse en los muros que sobreviven al paso del tiempo. Asimismo, la llegada de las tropas cristianas en 1241 marcó el inicio de una nueva etapa para Baena. La villa pasó a manos cristianas sin apenas resistencia, y su castillo fue objeto de importantes reconstrucciones durante el siglo XIV para adaptarse a los nuevos desafíos bélicos. Ya en el siglo XVI, bajo la dirección del III Conde de Cabra, Diego Fernández de Córdoba, el castillo experimentó una transformación radical, dejando atrás su función exclusivamente militar para convertirse en un palacio renacentista.
Este cambio incluyó la apertura de ventanas y puertas en las sólidas murallas, así como la construcción de patios porticados y estancias más acordes con la vida nobiliaria de la época. El castillo también se convirtió en un refugio para figuras históricas de gran relevancia. Entre sus muros se alojaron personajes como Enrique IV, Isabel la Católica y el Rey Católico, quienes encontraron en Baena un lugar estratégico durante los conflictos de la guerra de Granada. Asimismo, el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, pasó un tiempo en esta fortaleza como prisionero en 1473.
Un viaje al pasado de Baena

La época de mayor esplendor del castillo fue durante el reinado de Felipe II, cuando el estado de Baena fue elevado a ducado. Este título consolidó la importancia de la fortaleza como símbolo de poder y prestigio, marcando un capítulo crucial en su evolución.
Hoy en día, recorrer los muros y patios del castillo de Baena es como realizar un viaje en el tiempo. Desde las robustas murallas de origen árabe hasta los elegantes espacios renacentistas, este lugar ofrece una experiencia única para los amantes de la historia y la arquitectura. Cada rincón del castillo cuenta historias de resistencia, transformación y grandeza que han marcado el devenir de la villa.
Para quienes deseen explorar este tesoro histórico, la fortaleza abre sus puertas al público en horarios de mañana de martes a domingo y festivos, de 10:00 a 14:00, y por las tardes de jueves a sábado, de 16:30 a 18:30. En cuanto al precio, este es de 2,10 € para la tarifa general y de 1,05 € para la reducida.
Cómo llegar
Desde Jaén el viaje es de alrededor de 1 hora y 10 minutos por la carretera A-306. Por su parte, desde Córdoba el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora y 5 minutos por la vía A-4.
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