
Perder un vuelo siempre sale caro. Aunque en caso de cancelación o retrasos significativos son las aerolíneas las que cubren el gasto, si la responsabilidad es de los viajeros todo tendrá que salir de sus propios bolsillos.
Este caso no es menos. Un joven francés de Niza (una ciudad francesa situada en el departamento de los Alpes Marítimos, en la región de Provenza-Alpes-Costa Azul) tenía ya pagado su asiento en un vuelo con destino Ginebra (Suiza) para la mañana del pasado 27 de junio. Sin embargo, fue notificado de su cancelación el día anterior, y, al ser el último vuelo del día, por sus circunstancias personales no pudo -o no quiso- esperar al siguiente.
Seguramente barajase varias posibilidades. Un tren, un autobús, algo, cualquier cosa, lo más importante siendo que pudiera llevarle a su destino ese mismo día. La distancia entre su punto de partida y su destino es de nada menos que unos 600 km, aproximadamente lo mismo que entre Cádiz y Salamanca.
Existen varias combinaciones de transporte que realizan este trayecto, entre trenes, tranvías y autobuses, pero el viaje más corto es de alrededor de unas 8 horas, lo cual, en cualquier circunstancia, es bastante inmanejable. Si se tienen en cuenta, además, todos los transbordos entre un medio y otro, es suficientemente trabajoso como para espantar a cualquiera.
La última alternativa: un Uber de 1.246 euros
Al final, el joven francés tuvo que optar por pedir un Uber. Si, normalmente, este tipo de transporte personal ya duele en la cartera para viajes cortos, uno se puede imaginar la tajada que le supuso. Teniendo en cuenta que Uber cobra 1,20 euros por cada kilómetro recorrido con el añadido de un cargo adicional de 0,10 euros por cada minuto... hasta los ineptos en las matemáticas pueden adivinar que fue, con toda probabilidad, el viaje más caro de su vida.
Un trayecto de 600 kilómetros en un mínimo de 6 horas de viaje (sin incluir las paradas para estirar las piernas). Debía estar desesperado por llegar a su destino, porque eligió gastar 1.246 euros en 6 horas, en lugar de esperar a que la aerolínea le asignase un nuevo vuelo libre de costo, además de ingresarle una “compensación adicional”, según la normativa europea.
La compensación que, según la ley en la Unión Europea, debió recibir en un plazo de siete días tras la cancelación de su vuelo, es de 250 euros (ya que el vuelo era de menos de 1.500 kilómetros), porque la cancelación se produjo menos de catorce días antes de la fecha del viaje.
El viaje fue tan largo y tan caro que ganó un “premio”: Uber lo reconoció como el viaje más caro del año. Según Amine, el conductor, el viaje “fue bien, fueron unas seis horas de camino, con descansos de vez en cuando para poder estirar las piernas”. Además, comparte cómo “el pasajero fue muy amable y se ofreció a ayudarme a encontrar un hotel, pero preferí ir a Annecy a dormir allí, antes de volver a bajar a Niza al día siguiente”.
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