
Las islas Azores son un paraíso natural. Este archipiélago portugués sorprende al viajero gracias a sus playas paradisíacas, paisajes de ensueño e impresionantes monumentos naturales, pero sobre todo, por su terreno volcánico. Esta es la seña de identidad de estas islas y permiten contemplar enclaves únicos en el mundo que son difícil de olvidar. De todas ellas, la isla de São Miguel es la que cuenta con los rincones más mágicos, como es el caso del Lago das Furnas o el mirador de Santa Iria, pero sobre todos ellos destaca uno en especial.
Se trata de la Lagoa de Sete Cidades (Laguna de las Siete Ciudades), uno de los monumentos naturales más espectaculares de Portugal, de hecho, tal y como indica la web de Turismo de las Azores, es el “lugar más conocido, famoso y visitado de la isla de São Miguel y de todo el conjunto del archipiélago de las islas Azores”. Este impresionante paraje está formado por dos lagunas de diferentes colores, una de un profundo azul y la otra de un verde esmeralda, y se encuentra en el cráter de un volcán inactivo, lo que le confiere una atmósfera mística y única.
Un lugar de leyenda
La Laguna de las Siete Ciudades debe su nombre a las leyendas medievales anteriores a la época de los descubrimientos atlánticos de los portugueses y españoles. Este tiene su origen en el latín, Insula Septem Civitatum, que significa Isla de las Siete Tribus, y la historia cuenta como un reino perdido de siete ciudades quedó sellado bajo las aguas tras un cataclismo volcánico. Pero, en realidad, el origen de este enclave se debe al colapso y erupción en el año 1439 de uno de los volcanes de Sete Cidades, concretamente en el cono de piedra pómez de Caldeira Seca. De hecho, todo el conjunto engloba una cadena volcánica de alrededor de 250 volcanes.

Este acontecimiento dio lugar a la formación de dos grandes lagunas: la Lagoa Azul y la Lagoa Verde. Estas se caracterizan por su marcado color azul y verde respectivamente, que las otorga una apariencia única. Se cree que esto se debe a los diferentes organismos que viven en sus aguas y la profundidad de ambas zonas. “Mientras que la verde tiene menos profundidad, y es el tono verdoso de la vegetación marina el que se refleja, la lagoa más grande tiene un color azulado, causado por el reflejo del cielo”, explican desde Turismo de las Azores.
Sin embargo, la creencia popular radica en la historia que engloba a la princesa Antília, una isla fantasma mencionada por navegantes, marinos y exploradores del siglo XV, y el pastor. Según cuenta la leyenda, siete obispos cristianos visigodos que, huyendo del avance musulmán, zarparon hacia el oeste y llegaron a una isla mítica llamada Antilha. Allí, según el relato, fundaron siete asentamientos, aunque no existen pruebas arqueológicas de su existencia.
De estos asentamientos surge la leyenda de una princesa de ojos azules llamada Antília. La historia cuenta que la princesa se enamoró de un pastor de ojos verdes, pero su amor fue prohibido por el padre de la joven, el rey. Cuando la princesa le comunica al pastor que no pueden seguir juntos, ambos derraman tantas lágrimas que forman dos lagunas en el fondo de una caldera volcánica: una de color azul, reflejando los ojos de la princesa, y otra verde, reflejando los del pastor. Un puente que separa las dos lagunas fue construido, según la leyenda, para impedir que incluso sus lágrimas se mezclaran.
Un pueblo, lagos y miradores

Para explorar Sete Cidades y no perderse ningún detalle de este impresionante paraje se recomienda comenzar la ruta en coche, tomando la carretera principal y haciendo paradas estratégicas en los puntos más destacados. La primera parada debe ser en el pueblo de Sete Cidades, situado en el corazón de la caldera y donde se pueden admirar casas tradicionales construidas con piedra y techos a dos aguas, reflejando la arquitectura típica de la región. Un punto de interés esencial es la iglesia Parroquial de San Nicolás (Igreja de São Nicolau), un edificio neogótico erigido con piedra volcánica que destaca por su imponente estructura y su valor histórico.
Igualmente, en sus alrededores son numerosos los miradores que se pueden disfrutar. Uno de los primeros es el mirador Pico do Carvão, que permite obtener una vista panorámica del entorno natural. Siguiendo la ruta, se llega al miradouro da Boca do Inferno, un punto imprescindible si las condiciones meteorológicas lo permiten, ya que la presencia de nubes bajas puede obstaculizar la visibilidad. Desde este mirador se pueden observar cuatro lagos, entre ellos el Lagoa de Santiago y el de Rasa. Para acceder, se recomienda estacionar el coche en el parking de la Lagoa do Canário y caminar unos 15 o 20 minutos hasta llegar al lugar.
Otro mirador clave es el Vista do Rei, desde donde se aprecia en toda su magnitud la belleza de las lagunas azul y verde de Sete Cidades, que contrastan de manera espectacular con el paisaje volcánico circundante. Por su parte, desde el miradouro da Lagoa de Santiago se puede contemplar la laguna rodeada por frondosos árboles, ofreciendo un cuadro natural impresionante. Otros miradores recomendables, aunque un poco más alejados, son el miradouro das Cumeeiras y el miradouro da Lomba do Vasco. Este último, en particular, ofrece vistas a la costa, añadiendo otra dimensión al recorrido paisajístico.
Senderismo y otras actividades

Por si fuera poco, Sete Cidades es un lugar perfecto para el turismo activo. Gracias a su rico entorno natural brinda una red muy extensa de senderos que recorren todos sus rincones. Así, uno de los recorridos más famosos es la discurre a través de Vista do Rei – Sete Cidades – São Miguel (PR03 SMI).
Este sendero se inicia en el mirador de Vista do Rei y en dos horas conduce hasta el pueblo de Sete Cidades, rodeando parcialmente la caldera. Otra, algo más larga, pero muy interesante, es la PR04 SMI desde la Lagoa do Canário. Por otro lado, las diferentes lagunas permiten también alquilar kayaks y algunas embarcaciones para disfrutar del entorno desde otra perspectiva, así como alquilar bicicletas y recorrer sus orillas o subir hasta lo alto de las montañas.
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