
En el interior de Portugal, entre montañas, bosques y valles, se localizan las conocidas como las aldeas históricas de Portugal. Se tratan de un total de 12 villas ubicadas en el interior del país y donde perdura todavía la esencia medieval de antaño, pues mantienen su carácter rural, histórico y tradicional. En su mayoría acogen un gran patrimonio arquitectónico y cultural, pues se erigieron alrededor de imponentes castillos, cuentan con numerosas iglesias y capillas, y además, acogen misteriosas leyendas. A esto se le suma una tradición ancestral muy arraigada que hace de ellas toda una maravilla.
Se encuentran distribuidas a lo largo de las comarcas de Guarda y Castelo Branco y de todas ellas, Belmonte es una de las más singulares. Esta localidad es el punto de partida de la ruta de más de 600 kilómetros de longitud y destaca por su gran influencia judía, los cuales formaron un importante asentamiento en esta villa tras su expulsión en 1492 por los Reyes Católicos. Igualmente, ha sido lugar de nacimiento de uno de los navegantes más ilustres de Portugal, Pedro Álvares Cabral.
Pedro Álvares Cabral y el castillo de Belmonte
Belmonte se asienta en las laderas de la Serra da Estrela, la cordillera más alta de Portugal continental. La historia de la villa está íntimamente ligada a la figura de Pedro Álvares Cabral, el navegante portugués que en 1500 descubrió Brasil. Cabral nació en Belmonte en 1467, y su casa natal, ahora convertida en un museo, es uno de los principales puntos de interés de la localidad. El Museo de los Descubrimientos, ubicado en el centro de la villa, ofrece una visión completa de la era de los descubrimientos portugueses, con especial énfasis en la expedición de Cabral.

Otro sitio emblemático es el castillo de Belmonte, que se erige como testimonio de las luchas medievales que definieron la frontera entre Portugal y Castilla. La localidad formaba parte de la línea defensiva que, antes de la firma del Tratado de Alcañices en 1297, protegía el Alto Côa Construido en el siglo XIII, el castillo ha sido testigo de numerosos conflictos y, a lo largo de los siglos, ha sufrido varias modificaciones.
De hecho, después del establecimiento de la frontera, la fortaleza fue perdiendo importancia estratégica y la población se extendió por fuera de las murallas. Hoy en día, es una atracción turística importante, que ofrece vistas panorámicas del valle del río Zêzere y del paisaje montañoso circundante. A su vez, otros puntos de interés en la localidad son sus numerosos museos como el Judaico o el del Aceite; y la iglesia de Santiago y el Panteão dos Cabrais.
Por no hablar de su judería, con la sinagoga y el cementerio judío, una parada imprescindible en la villa. A su vez, la proximidad a la Serra da Estrela, con sus rutas de senderismo y oportunidades para deportes de invierno, ha convertido a Belmonte en un destino ideal para los amantes de la naturaleza.
La comunidad judía: una historia de resistencia

no de los aspectos más fascinantes de Belmonte es su comunidad judía, que ha sobrevivido a siglos de persecución. Durante la Inquisición, muchos judíos en Portugal fueron forzados a convertirse al cristianismo, pero en Belmonte, una comunidad de “cristianos nuevos” continuó practicando su fe en secreto durante generaciones. Conocidos como los “marranos”, estos judíos cripto-judíos mantuvieron vivas sus tradiciones en la clandestinidad, hasta que finalmente pudieron practicar su religión abiertamente a partir del siglo XX.
En 1971, se inauguró en Belmonte la primera sinagoga en Portugal desde la expulsión de los judíos en 1496. La sinagoga Bet Eliahu se convirtió en un símbolo del renacimiento judío en la región. Además, en 2005, se inauguró el Museo Judío de Belmonte, el primero de su tipo en Portugal, que documenta la historia y las tradiciones de esta comunidad única. Este museo es fundamental para comprender la resistencia y la tenacidad de los judíos de Belmonte, quienes han logrado preservar su identidad cultural a lo largo de los siglos.
Cómo llegar
Desde Valverde del Fresno (España), el viaje es de alrededor de 1 hora por la carretera EX-205. Por su parte, desde Castelo Branco el trayecto tiene una duración estimada de 50 minutos por la vía A23.
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