
Entre la naturaleza y el misterio, la ermita de San Frutos se impone sobre la provincia de Segovia. Se localiza en el mismo corazón del parque de las Hoces del río Duratón. Así, entre el verde de sus prados y la propia altura del monte, sus vistas son un auténtico privilegio.
A lo largo de los siglos, la construcción ha sido objeto de diversas reformas, consolidándose como un testimonio del patrimonio cultural y espiritual de la región. Declarada Monumento Nacional en 1931, la ermita es un punto de interés imprescindible para los visitantes.
La historia de la ermita de San Frutos
La construcción de la ermita de San Frutos se inició en 1093 y se consagró en 1100 bajo la dirección del arzobispo de Toledo, Bernardo de Sedirac. Edificada sobre restos de construcciones romanas, se atribuye su creación a un monje.
Arquitectónicamente, la ermita presenta una sola nave con dobles arquerías y pequeñas columnas. Está cubierta por una bóveda de cañón y el acceso al interior se realiza a través de dos puertas, de las cuales solo la principal, situada en el lado norte, permanece en uso, mientras que la otra está tapiada. Construida en sillería, la ermita ha sido objeto de varias reformas a lo largo del tiempo.
En el siglo XII, se añadieron tres ábsides, pero no fue hasta el siglo XVIII cuando se realizaron obras significativas en el interior. Entre estas, destaca la construcción de un nuevo retablo para el altar de San Frutos, que incluyó el traslado de sus reliquias. Posteriormente, se añadió una nueva capilla dedicada al santo.
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Cómo llegar a la ermita de San frutos
La ermita de San Frutos se encuentra en la provincia de Segovia, concretamente en la localidad de Carrascal del Río. Está ubicada a unos 17 kilómetros de Cantalejo y Sepúlveda, lo que la convierte en un punto de referencia para quienes visitan la región.
La ermita de San Frutos se inserta en el corazón del Parque Natural de las Hoces del río Duratón, así se presenta como destino emblemático. Para llegar a la ermita de San Frutos, es necesario dirigirse primero a la localidad de Villaseca, ubicada en la carretera SG-V2418. Desde allí, hay que llegar a la iglesia románica de Santo Tomás y tomar un camino de tierra que conduce al aparcamiento de San Frutos, donde es obligatorio dejar el vehículo y continuar a pie. El sendero es amplio y directo, por lo que la posibilidad de perderse es prácticamente mínima.
El recorrido alcanza su punto álgido en el mirador de la ermita de San Frutos, desde donde se puede disfrutar de vistas panorámicas de las Hoces, los meandros del río Duratón y observar numerosos buitres leonados en vuelo. Esta atalaya natural es de gran belleza y ofrece una experiencia visual impresionante.
Aproximadamente a 650 metros de la ermita, el paisaje evoca escenarios dignos de series como Juego de Tronos. Antes de ingresar al priorato de San Frutos, es necesario cruzar un pequeño puente de piedra sobre la brecha de La Cuchillada. Dentro del recinto religioso, destaca una gran cruz de hierro que alberga las siete llaves de la ciudad de Sepúlveda.
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