
A 54 kilómetros de Toledo, se encuentra la vieja villa de Escalona. Un lugar en el que retrocedemos en el tiempo hasta situarnos en la Edad Media. Su casco antiguo vive en el interior de un recinto amurallado del que hoy se conserva un 70%. El trazado de sus calles y la mayor parte de sus accesos son los mismos que se diseñaron en esta época.
Su conjunto urbano destaca por las construcciones populares a lo largo de su arteria principal, la calle San Miguel. Un paseo por esta vía nos permite observar las casas porticadas y otras con corredores o rejas trabajadas con maestría. Su desembocadura es la Plaza Mayor, famosa por ser el escenario de una de las aventuras del Lazarillo de Tormes y su amo, el Ciego.
Esta plaza rectangular de estilo castellano destaca por dar cobijo al antiguo Ayuntamiento y a unos tradicionales soportales sostenidos por vigas de madera vista. Este lugar ha sido testigo de uno de los mercados semanales más antiguos de la provincia. El Convento de la calle Santa Beatriz de Silva, catalogado como Bien de Interés Cultural, es otra pieza clave en la historia de la plazuela. Este edificio, que muestra una transición entre el gótico y el renacimiento, alberga una pequeña congregación de monjas.
Sin embargo, ese atractivo que ofrece Escalona, por su esencia medieval, siempre ha quedado un poco a la sombra de la imponente fortaleza que vigila al pueblo desde lo alto de la meseta que borde el río Alberche entre Ávila y Toledo. Hablamos del majestuoso castillo de Escalona.
Un castillo con mil años de historia
El castillo de Escalona fue inicialmente una fortaleza romana, pero su historia comienza hace casi 1.000 años, cuando el rey de Castilla, Alfonso VI, le arrebató estas tierras que formaban parte del reino árabe de Toledo. Como la nueva frontera había quedado a apenas una decena de kilómetros, el monarca ordenó fortificar este cerro sobre el Alberche. Durante los 200 años siguientes, el castillo pasó a ser una atalaya militar.
En 1212, tras la Batalla de las Navas de Tolosa, la frontera se trasladó cientos de kilómetros al sur. En ese momento, el castillo dejó atrás sus cualidades militares y se reveló como una pieza valiosa para controlar políticamente al reino. En este contexto, otro monarca, Alfonso X “el Sabio” tomó una decisión clave respecto a la fortaleza. Se lo cedió a su hermano para que trasladara su residencia aquí.
Ubicado estratégicamente sobre una meseta

El edificio está ubicado estratégicamente sobre una meseta que bordea el río Alberche, entre Ávila y Toledo. Este complejo se compone de dos elementos arquitectónicos distintivos: una fortaleza y un extenso palacio mudéjar. Su zona interior está dividida en dos partes diferenciadas: la Plaza de Armas, rodeada por la fortaleza, y el Palacio de forma cuadrada, que se ubica más al sur. Estas dos zonas están separadas por el Patio del Honor.
Sin duda, la estructura que más destaca es la torre del homenaje del palacio, con sus 22 metros de altura. Su planta es cuadrada y está cerrada por un rastrillo y buharda. La componen diversos pisos y un sistema de acceso muy complicado que imposibilitaban la entrada al recinto.
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