
Las temperaturas ya empiezan a aumentar. Así, los calendarios escolares dan tregua y, con ello, son muchos los que buscan escapadas para poder disfrutas de los primeros días de las esperadas vacaciones de verano. O al menos para simular que estas ya han comenzado.
En este contexto, la comunidad castellanoleonesa se presenta como el mejor destino para este tipo turismo: ciudades pequeñas, pero con mucho encanto, gastronomía inmejorable y un ambiente rural que ofrece oportunidades de todo tipo. Sobre este último caso, quizá, para muchos, Zamora es el lugar perfecto, ya que su abanico de posibilidades es más que amplio.
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El pueblo de Abelón, situado a 38 kilómetros de la ciudad de Zamora y perteneciente al término municipal de Moral de Sayago, cuenta con un impresionante paisaje tanto urbano como natural. Así, pasear por el pueblo constituye todo un viaje en el tiempo que precisa parada obligada en la Iglesia de San Martín, un enclave románico del siglo XIII.
Ahora bien, el atractivo turístico por excelencia de este pueblo nada tiene que ver con la arquitectura. Y es que el espectacular salto de agua de la casaca de Abelón es la joya de la corona. Para llegar a ella es obligatorio recorrer una ruta a orillas del río Duero. Ahora, se advierte que los meses de invierno son los mejores para visitarla, ya que el agua de las lluvias aumenta aún más su categoría.

Cómo hacer la ruta de Abelón
Abelón apenas llega a los 100 habitantes. Sin embargo, está dividido en dos barrios. En el primero, el más extenso, se encuentra la iglesia. Siguiendo la carretera hacia Moral de Sayago, se llega al segundo barrio, que cuenta con algunas casas y la báscula. En este punto, un panel informativo será el encargado de dar indicaciones sobre esta ruta.
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En última calle del pueblo se indica el inicio de la ruta de Abelón. Así, y aunque hay opciones para todos los gustos, uno de los caminos más habituales es el que empieza en la calle del barco. Las señales blancas y amarillas indican que se trata de una ruta de pequeño recorrido.
En este punto, y teniendo en mente a la cascada como la línea de meta, el camino no estará exento de paradas únicas, tales como la desembocadura del río Esla en el río Duero y la ermita de San Vicente. El camino, una pista ancha y en buen estado, está bordeado por grandes encinas que brindan sombra y cobijo a los viajeros.
El camino no tiene mucha pérdida, en la primera bifurcación hay que girar a la izquierda y en la segunda, localizada apenas unos metros más adelante a la derecha. Fuera del camino, pero en una zona cerca, se encontrará un mirador con vistas a la desembocadura del Esla en el Duero. Una vez se haya disfrutado de estas vistas, hay que volver al camino para disfrutar de la cascada. Para ello, sólo hay que seguir la gran bajada.
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