
La historia de Carlos Alcaraz es bien sabida por todos. Los aficionados al mundo del deporte de raqueta saben que fue el tenista más joven de la historia en convertirse en número uno del ranking de la ATP, con tan solo 19 años. Es bien conocido que cuenta en su palmarés con cuatro Grand Slams (dos Wimbledon, un US Open y un Roland Garros) y seis Masters 1000 (Miami, dos Mutua Madrid Open, dos Indian Wells y un Montecarlo). Lo que mucha gente no sabrá es cómo empezó Carlitos en el tenis, quién fue el entrenador que forjó al campeón, que le dio forma, le cinceló para que se convirtiera en lo que hoy es. Carlos Santos fue ese hombre y en el libro Alcaraz, la forja de un campeón cuenta cómo fue todo el proceso. “Era un niño que hacía cosas diferentes, era magia”, afirma Carlos Santos a Infobae España.
En septiembre de 2008, Santos conoció por primera vez a Carlos Alcaraz, Carlitos, como le llama. Él había decidido mudarse a Murcia para estudiar y Alcaraz padre le explicó que tenía un grupo de niños pequeños (entre los que estaba su hijo) a los que podía entrenar. “Hicimos un entrenamiento de prueba, donde estuvimos 30 min peloteando y tanto Carlos como Pedro (otro de los niños) tenían algo especial, pasaban la pelota de derecha, de revés. Mostraban mucha habilidad”, recuerda. Ya por entonces se dio cuenta de que Carlitos tenía algo especial. “Intuía por dónde iba a ir la bola, tenía recursos que yo no había visto nunca en un niño. Pasaba la pelota por debajo de las piernas, tenía la muñeca relajada, las dejadas que hacía. Tenía mucha imaginación”, destaca.
Cuando Santos empezó a entrenar a Carlitos, este tan solo tenía cinco años, y ya vio en él algo especial, pero fue a los 10 cuando se dio cuenta de que llegaría a profesional: “Se le veía que tenía todo para ser profesional. Golpes, habilidad, creatividad... Destacaba siempre, hasta con niños de un año más. Era muy difícil que ese niño no llegara, solo podía impedírselo una lesión. Siempre tuve claro que era un niño precoz, conseguía las cosas mucho antes que niños de su edad”. Respecto a esta precocidad, destaca que puede tener también su inconveniente: “Conseguir todo tan rápido puede hacer que se pierda la ilusión o el hambre de ganar títulos, y para ello necesitas madurez”.

Ese afán por ganar estuvo muy presente en Carlitos desde que era pequeño. En los torneos, en los partidos, mostraba esa hambre de victoria, pero nunca en forma de nervios. “No era un niño que se pusiera nervioso, o no lo demostraba. Sí es verdad que antes del partido se perdía, iba de un lado a otro a ver otros partidos, a otros jugadores. Era un niño muy movido”. Sin embargo, como llegaron a sospechar tanto Santos como el padre del joven tenista, esos nervios afloraban en forma de lesión en el abdomen, una molestia que siempre pensaron que estaba provocada por los nervios.
Lo que no gestionaba tan bien era la derrota: “Se cabreaba mucho y era mejor dejarlo solo y que se perdiera y se fuera a llorar o lo canalizara de alguna forma. Luego, a las dos horas, se le pasaba, pero le dolía bastante. Sobre todo sentía impotencia cuando le ganaban por fuerza”, destaca Santos. A lo largo de las líneas del libro, el entrenador de Carlitos recuerda que Alcaraz se desarrolló más tarde que algunos niños de su edad y a nivel físico estaba por detrás de ellos, pero aprendió a compensarlo con otros recursos.
Los viajes, los hoteles y las napolitanas en el desayuno
Con 10 años, los viajes se volvieron un continuo en la vida de Carlitos. Recorrieron toda España y Europa, pasando de un torneo a otro. Esos viajes, como afirma Santos, fueron todo un “aprendizaje”, donde pudieron conocer a entrenadores y jugadores. “No echaban de menos a sus padres. Nunca se quejaban. Dormíamos y comíamos donde tocaba. Era como viajar con niños adultos”. Aunque reconoce que tenía que estar “encima de ellos para que se lavaran los dientes o comieran”, eran “muy obedientes”. Quizá el más pillo en estas tareas rutinarias era Carlitos, quien en los buffets, donde Santos les obligaban a comer bien, buscaba la forma de poder desayunar napolitanas de chocolate. “En el desayuno siempre quería pecar con una napolitana. Se levantaba y escondía el bollo. No se le puede prohibir todo”.

Para Santos, que Carlos Alcaraz padre confiara en él como formador y educador fue “una cosa muy importante”. “Muchas personas lo podían haber hecho, pero yo me he formado mucho y creo que veía en mí una persona con muchas inquietudes. Él buscaba un padre más un entrenador, que le transmitiera a su hijo valores, el saber estar en pista, ser perfeccionista”, considera. Fue él quien convenció a Carlitos de que continuara en el tenis gracias a sus entrenamientos, cuando el fútbol entró en su vida.
“Su padre estaba preocupado, se lo pasaba muy bien en el fútbol y en casa decía que se le daba bien. Su padre me comentó que iba algunos días a entrenar después de las sesiones de tenis. Le preocupaba que lo dejara porque los partidos de fútbol coincidían con los de tenis”, recuerda. Fue en ese momento cuando Santos tuvo que redoblar esfuerzos. “Lo más importante es que fueran motivados y les gustara. Se pueden desenganchar muy fácil a los 12 años, por eso es fundamental entrenar con niños de su nivel o superior. También es crucial pasárselo bien, que las clases sean dinámicas y divertidas”. El fútbol acabó cayendo en saco roto en su vida y fue el tenis el que se impuso.
Sus semejanzas con Federer
Muchos de los golpes que hoy Alcaraz luce sobre la pista se los enseñó Santos, así como los videos de Roger Federer que el entrenador le ponía, cuyos golpes replicaba con gran facilidad. “Se parecía mucho a Federer, aunque Carlos con algo más de magia”. Pero no era el único tenista del que le ponía videos para que aprendiera. “A nivel mental, le ponía muchos vídeos de Rafa Nadal”. De esta forma, Carlitos aprendió viendo a dos de los grandes tenistas mundiales.
Ahora que Alcaraz ya sabe lo que es ser número uno del ranking mundial y lo que es codearse con los mejores tenistas del mundo, hay pocas cosas a mejorar a nivel técnico, pero sí hay algunas a nivel de gestión. “Tiene que saber usar los golpes, los recursos. Tiene que tener un orden. Si le sale una cosa, cambiar y tener un plan B, saber ponerse el mono de trabajo, aguantar las bolas y sufrir”, explica.
El libro recoge la historia de cómo se forjó Carlos Alcaraz, pero es también “una guía para que los padres sepan qué hacer con sus hijos, a qué edad apuntarles, cuándo hacer unas cosas u otras, cómo encontrar patrocinador, si tienen acceso a psicólogos. Todo está en el libro”, asegura Carlos Santos. Fue él quien cinceló a Alcaraz y quien a lo largo de estas líneas enseña a los padres, y a quien quiera escucharle, cómo gestionar ciertos aspectos con otros jóvenes aspirantes a tenistas.
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