
A principios de 2020, cuando el coronavirus confinó a buena parte de la población mundial, muchos predijeron que tarde o temprano llegarían las películas sobre la pandemia. Hay pocas cosas que gusten más a Hollywood (y también al cine español, para que nos vamos a engañar) que un thriller apocalíptico con un virus mortal como telón de fondo. Desde entonces han aparecido títulos como Eddington (2025), de Ari Aster; Host (2020), Sick (2022) o las españolas Ego (2021), protagonizada por María Pedraza; e Infiesto (2023), con Luis Zahera.
Seis años después, la realidad vuelve a poner un virus en un barco. El crucero MV Hondius permanece aislado tras un brote sospechoso de hantavirus, una familia de virus que, según recoge el Ministerio de Sanidad, puede causar enfermedades graves y que suele transmitirse a través de roedores, aunque la variante Andes también permite el contagio entre personas. Por el momento, las autoridades llaman a la calma y aseguran que el riesgo de pandemia es muy bajo.
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Aun así, la mezcla entre un crucero y una amenaza sanitaria activa automáticamente un imaginario que el cine y la literatura llevan décadas explotando: el barco de lujo convertido en una comedia negra satírica.
‘Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer’ (1997)

La primera recomendación se acerca más al ensayo que a la ficción propiamente dicha. El escritor estadounidense David Foster Wallace, finalista del Premio Pulitzer y autor de La broma infinita, considerada una de las cien mejores novelas escritas en lengua inglesa por la revista Time, publicó en 1997 Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, una colección de ensayos y de textos no-ficción que radiografían la cultura americana de fin de siglo.
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Compuesto por siete ensayos, es en el último donde Foster Wallace aborda una postal gigantesca basada en su experiencia en un crucero de lujo por el Caribe. Este relato, publicado originalmente en la revista Harper’s en 1996 bajo el título Shipping Out, comienza como un encargo periodístico para relatar sus impresiones del viaje.
Wallace rebautiza irónicamente a su barco, el Zenith de la compañía Cruceros Celebrity, con el nombre de Nadir y utiliza su estancia para hacer una disección hilarante, filosófica y mordaz de la industria del turismo de masas estadounidense, exponiendo los cruceros como una experiencia tortuosa y en realidad nada divertida.
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“Hay algo insoportablemente triste en los Cruceros de Lujo masivos. Como la mayoría de las cosas insoportablemente tristes, resulta increíblemente elusivo y complejo en sus causas y simple en sus efectos: a bordo del Nadir —sobre todo de noche, con toda la diversión organizada, la amabilidad y el ruido del jolgorio— me sentí desesperar”, escribió.
‘El triángulo de la tristeza’ (2022)
Posiblemente la cinta por antonomasia que se viene a la cabeza al pensar en un crucero convertido en una pesadilla sea la del director sueco Ruben Östlund. Ganadora de la Palma de Oro en Cannes en 2022, El triángulo de la tristeza utiliza un yate de lujo habitado por multimillonarios, influencers y traficantes de armas para construir una sátira salvaje sobre los ricos. Un eat de rich de manual.
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La cinta sigue a la pareja de influencers y modelos Carl (Harris Dickinson) y Yaya (Charlbi Dean), que embarcan en este crucero de lujo. Sin embargo, una tormenta y una intoxicación alimentaria pondrán del revés esta comedia negra sobre el dinero, la sociedad capitalista y el ansia de belleza de la sociedad actual -el título, de hecho, hace referencia al gesto tan temido en el mundo del modelaje, responsable de las arrugas de expresión en el entrecejo-.
El reparto lo completan Woody Harrelson como un capitán marxista y alcohólico que pasa más tiempo encerrado en su camarote que gobernando el barco; Zlatko Burić en el papel de un oligarca ruso obsesionado; o Dolly de Leon, la empleada de limpieza que termina invirtiendo por completo las jerarquías sociales cuando la situación se descontrola.
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‘La mujer en el camarote 10’ (2025)

Más recientemente tenemos La mujer en el camarote 10, cinta estrenda en Netflix en octubre del año pasado que protagoniza Keira Knightley. La película sigue a la periodista Laura “Lo” Blacklock en un lujoso yate, donde se embarca en un viaje exclusivo organizado por el personaje de Guy Pearce, un magnate que reúne a celebridades y figuras influyentes para una gala en los fiordos noruegos. Sin embargo, la protagonista presencia lo que parece ser la caída de una mujer al mar desde el camarote contiguo al suyo, un hecho que nadie más parece corroborar y que la deja aislada y desacreditada ante el resto de los pasajeros y la tripulación.
El guion, firmado por Joe Shrapnel, Anna Waterhouse y el propio director Simon Stone y basado en la novela homónima de Ruth Ware, publicada en 2016, mantiene una estructura clásica de misterio al estilo de Agatha Christie, con un elenco de personajes que incluye a figuras como Hannah Waddingham, Gugu Mbatha-Raw, David Morrissey, Kaya Scodelario y Art Malik.
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A pesar de que fue masacrada por la crítica al tacharla de “torpe” y “bizarra”, la cinta se colocó número 1 en la plataforma.
Dos películas de supervivencia que no son ‘Titanic’
El cine de catástrofes lleva en auge desde los 70. Ya por aquel entonces, el cineasta británico Ronald Neame dirigió La aventura del Poseidón, película que convirtió un crucero de lujo en una ratonera después de que una ola gigante volcara el barco en mitad del océano.
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Décadas después, en 2006, el alemán Wolfgang Petersen retomó la historia con Poseidon, remake protagonizado por Kurt Russell, Josh Lucas y Richard Dreyfuss. La película arranca durante una fiesta de Nochevieja a bordo de un gigantesco transatlántico cuando una ola monstruosa vuelca completamente la embarcación.
Por si fuera poco, mucho antes de que los cruceros de lujo se convirtieran en objeto de sátira, el thriller australiano Calma Total (Dead Calm) ya había explorado otra de las grandes obsesiones del cine marítimo: el aislamiento en medio del mar.
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Dirigida por Phillip Noyce y protagonizada por Nicole Kidman, Sam Neill y Billy Zane, la película sigue a una pareja que se embarca en su pequeño yate de vela con la intención de olvidar la pérdida de su hijo, fallecido en un accidente de tráfico. Sin embargo, la travesía se complica cuando divisan un bote neumático que escapa de una goleta. El único ocupante del bote, un asustado joven estadounidense (Billy Zane), les explica que es el superviviente de una intoxicación alimentaria que ha acabado con todos sus acompañantes.
El brote del MV Hondius, de momento, pertenece más al terreno de la prevención epidemiológica que al del cine de catástrofes. Y confiamos en que siga siendo así.
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