Madrid, 13 feb (EFE).- Tessa Hulls es una artista y escritora estadounidense de madre china que profundiza en sus ancestros en el premiado cómic 'Alimentar a los fantasmas', donde describe el desgarro para su familia de la llegada del Partido Comunista al poder y de una manipulación de la historia, advierte, como la que ejecuta hoy Donald Trump.
"Hay un problema existencial en mi país y lo que estamos viendo ahora es algo muy parecido a lo que hizo el Partido Comunista: intentar imponer por la fuerza una historia que no existía", ha asegurado este jueves en un encuentro online con periodistas españoles desde Alaska, donde se ha ido a trabajar como cocinera para despejarse tras nueve años volcada en contar la historia de su familia en cómic.
"Alimentar a los fantasmas", que ahora traduce al español Reservoir Books, es una obra magna considerada cómic del año 2024 por medios como Time, The Guardian o la radio pública de Estados Unidos, NPR. En ella Hulls recupera la historia de su abuela, Sun Yi, una periodista que escapó de Shanghai y escribió unas exitosas memorias sobre lo que estaba pasando en China que precedieron a su caída en la enfermedad mental, de la que ya no salió.
Su hija, la madre de Tessa Hulls, se encargó desde niña del cuidado de Sun Yi hasta su muerte en EE.UU., donde vivían estas tres generaciones de mujeres junto a sus traumas silenciados y con unos hombres que apenas aparecen como personajes lejanos.
Prohibido en China, aunque va a salir una edición en ese idioma en Taiwán, Hulls es consciente de haber hecho un trabajo de "excavación en la memoria" en el que ha entrevistado a cientos de personas y ha visitado su país de origen varias veces, donde pudo conocer a sus familiares lejanos, además de encargar la traducción al inglés de las memorias de su abuela.
Su tarea, de la que se había pasado toda la vida escapando hasta los 30 años, dice, ha sido "guardar la memoria de la familia", para lo que contó con la ayuda de una madre con la que solo se atrevía a compartir partes del proceso creativo con la idea de darle una copia una vez finalizado, aunque finalmente esto ha sido imposible por la demencia que empezó a sufrir.
El proyecto ha sido tan largo que Hulls siguió el consejo de un amigo novelista gráfico y no empezó a dibujarlo hasta el final para conseguir que fuera coherente, aunque sí iba definiendo cada página con el texto y el espacio que sería necesario para sus ricas ilustraciones, en ocasiones surrealistas.
"La libertad y la paz que siento ahora es algo que creo que no habría sido posible alcanzar de ningún otro modo. Creo que lanzarme a la aventura de este libro ha sido casi una tarea, porque ahora mis fantasmas y yo tenemos una relación distinta en la que puedo decirles, 'necesitabais que hiciera algo y lo he hecho'. Ahora dejadme que viva mi vida", ha concluido la autora. EFE
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