Pamplona, 27 abr (EFE).- La localidad navarra de Burgui ha vivido un año más la esperada bajada de las almadías, una fiesta que homenajea al ya desaparecido oficio de los almadieros que durante décadas transportaron río abajo, convertidos en precarias balsas, los troncos de madera talados en el Pirineo.
El descenso de las dos almadías, fabricadas con troncos ligados entre sí y conducidas por almadieros y almadieras que por un día reviven esta extinta profesión, se ha producido en una jornada en la que la lluvia ha respetado el momento del paso de las almadías por el pueblo.
De nuevo, ante los centenares de personas que se habían distribuido a lo largo del recorrido, especialmente en la presa, las balsas han transitado como antaño por el Esca, aunque tan solo por un reducido trayecto hasta el puente medieval de Burgui, y no por cientos de kilómetros como antaño, cuando la madera era llevada hasta Zaragoza e incluso Tortosa (Tarragona) para viajar a otros lugares ya en barco.
Declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, el Día de la Almadía esconde meses de preparación en los que la Asociación Cultural de Almadieros Navarros se encarga de fabricar varias almadías para que en esta jornada los visitantes puedan apreciar lo que fue este oficio, arraigado en los valles de Roncal, Salazar o Aezcoa.
La Asociación organizadora del Orhipean, la fiesta de oficios de Ochagavia, y Xabier Agote, impulsor de la reconstrucción del ballenero San Juan en el centro Albaola de Pasaia, han sido los homenajeados en esta edición, en la que ha estado presente la consejera de Cultura, Deporte y Turismo del Gobierno de Navarra, Rebeca Esnaola.
Como todos los años, la pequeña localidad de Burgui disfruta este día de un mercado medieval, con puestos de alimentos y oficios artesanos, bailes y actuaciones musicales. EFE
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