Jose Oliva
Barcelona, 17 feb (EFE).- La exposición 'La cámara doméstica', que se puede ver en el centro KBr de la Fundación Mapfre en Barcelona hasta el próximo 12 de mayo, recorre la evolución de la fotografía amateur en Cataluña desde la década de 1880 hasta el estallido de la Guerra Civil española en el verano de 1936.
Esta exposición recorre su evolución a través de un recorrido temático que presenta cerca de 300 piezas, entre fotografías, objetos y documentos de época, reunidos a partir de la colaboración de diecisiete instituciones públicas (entre archivos, museos, bibliotecas y centros de investigación), y nueve colecciones privadas.
La comisaria de la muestra, Núria F. Rius, aclara que con la expresión 'cámara doméstica' se hace referencia "al uso amateur de la cámara fotográfica y a las imágenes obtenidas con ella, creadas fuera de las lógicas productivas profesionales, sin que ello suponga que no se comerciara con ella en algún momento o que no participara ocasionalmente en otros mercados, como el del arte".
La exposición distingue el 'aficionado' del 'amateur', pues, como apunta Rius, "el aficionado común suele utilizar la cámara de manera ocasional y, a menudo, estacional, por ejemplo, en vacaciones, mientras que el amateur actúa como un profesional sin profesionalizar, dedica tiempo y esfuerzo a la fotografía, proyecta en su afición un cierto anhelo de progreso y mejora y ocasionalmente participa en actividades que implican cierto reconocimiento, como concursos y exposiciones".
La fotografía doméstica disfrutó, según la comisaria, de una extrema popularidad, "como sucede hoy, cuando casi todo el mundo dispone de una cámara fotográfica en sus móviles", y su práctica abarcó no solo a las distintas clases sociales, sino que atravesó géneros (hombres y mujeres) y fue patrimonio de todas las edades.
Este tipo de fotografía amateur fue evolucionando a la par que lo hacía la cultura visual, y si en sus comienzos acusó la influencia de la pintura, sobre todo del paisajismo, pronto los medios de comunicación de masas, como el cine o la prensa, ejercieron un influjo cada vez mayor sobre los fotógrafos amateurs, cuya mirada evolucionó bajo la imparable y pujante influencia de estos nuevos lenguajes visuales, destaca Rius.
Según la comisaria, el acceso en masa a este medio no fue efectivo hasta finales de siglo XIX, cuando las mejoras técnicas introducidas en los aparatos, así como la aparición de la nueva emulsión de plata en gelatina, más estable, rápida y económica, facilitaron el acceso a esta disciplina a un público muy amplio, al tiempo que se abandonó su uso meramente artesanal para entrar en la dinámica de la producción industrial y de consumo.
La cámara fotográfica, sin necesidad ya de trípode, se convirtió en un accesorio más de los tiempos modernos.
La cámara se introdujo en el espacio doméstico de miles de personas y, en adelante, contribuyó a moldear formas de aprehender la realidad y a expresar aspiraciones sociales y culturales de su tiempo.
Las imágenes realizadas con la cámara doméstica, lejos de ser una forma cultural popular poco sofisticada y carente de interés, condensaron innumerables signos sociales, objetivos prácticos y referentes estéticos.
Con el aumento de población inmigrante, en ciudades como Barcelona se desarrolló una mirada "miserabilista" sobre el otro, caracterizada por la insistencia en fotografiar a obreros, vendedores ambulantes, personas de etnia gitana, sobre todo mujeres, o a los niños de las barracas en las playas de la ciudad.
Los entornos rural y urbano compartieron algunos temas reiterativos, como las multitudes en las calles y en los mercados, y celebraciones como las fiestas mayores o ferias.
A finales del siglo XIX, los nacionalismos europeos convergieron con la difusión del excursionismo científico, deportivo y turístico y la popularización de la fotografía, en este caso relacionada con la observación de la naturaleza y el entorno rural.
En ese período entre siglos el viaje se convirtió en una experiencia más para el nuevo ciudadano cosmopolita, acompañado por la cámara, que captaba los destinos más frecuentes: las costas del norte de España o Andalucía y las islas Baleares, pero también los viajes por Europa y Estados Unidos y, en ocasiones, por motivos de negocios, Asia y Oriente Próximo.
En la recta final de la exposición, se pueden contemplar los retratos familiares; las fotografías de "momentos felices" de ocio de la familia y los amigos, especialmente a raíz de la aparición del negativo de plata en gelatina, que permitió la obtención de instantáneas; o la fotografía como juego y teatro.
El recorrido expositivo se cierra con 'La cámara (in)discreta', un apartado que incluye desnudos femeninos en formato estereoscópico en representaciones visuales muy próximas al género pictórico, en los que la mujer se sabe observada. EFE.
jo/hm-srm
(foto)

