Oviedo, 25 ene (EFE).- Veinte años después de que el hermano de Sheila Barrero, de 22 años, localizase el cadáver con un disparo en la nuca en el interior de su vehículo, aparcado en un área recreativa de la carretera entre la localidad leonesa Villablino, donde había trabajado esa madrugada como camarera, y la asturiana de Degaña, donde vivía su familia, el asesinato sigue sin resolver.
El crimen conmocionó a las despobladas comarcas del suroccidente asturiano y del noroeste leonés y a lo largo de los años, y ante su falta de resolución, se sucedieron las movilizaciones de familiares y vecinos ante el Ayuntamiento de Degaña o los juzgados de Oviedo donde permaneció acampada durante 18 días la madre de la joven, que protagonizó también una huelga de hambre.
Después de que el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Cangas del Narcea la sobreseyera ya en 2007 por falta de pruebas, la causa fue reabierta en 2015 para la práctica de nuevas diligencias para aplicaron los técnicas de investigación más novedosas.
Pese a la reapertura del caso y la detención de un exnovio de Sheila, la única persona investigada por el crimen, los tribunales volvieron a cerrarlo en septiembre de 2020 al estimar que los indicios apuntados por la familia sobre la presunta autoría del único investigado eran "meras sospechas" e "insuficientes" para una condena y para la continuación del procedimiento contra el investigado.
La familia mantenía que existían indicios de criminalidad contra el exnovio basados en los informes que determinaron que los residuos que presentaba en su mano derecha y en la chaqueta que entregó en la Guardia Civil solo podían provenir de un disparo y que la composición de las partículas coincidía con los residuos de disparo hallados en el casquillo analizado aparecido en la escena del crimen.
A juicio del tribunal, no se podía establecer que ambas partículas pertenezcan a ese casquillo y ve como la hipótesis más probable que el hallazgo se deba a "una transferencia" y no a haber disparado el arma y no descartaron que la prenda que el exnovio entregó a los investigadores como la que vestía el día de los hechos se encontrase "contaminada" y advertían de que, en caso de ser la misma cuando se disparó, "el número de residuos encontrados en ella habría de ser mayor".
Así, argumentó que los indicios perdían consistencia cuando no se desmontó la coartada del investigado, al no haber ningún testigo que lo sitúe fuera del domicilio familiar en la hora del crimen, ni se le pudiese relacionar con un arma corta, ni se hallasen restos biológicos suyos ni en el vehículo de Sheila ni de ésta en la ropa que aquél entregó a la Guardia Civil.
Para la Audiencia Provincial de Oviedo, los datos objetivos no permitían concluir "siquiera de forma provisoria" que el investigado tuviera participación alguna en los hechos delictivos y consideró que la resolución de la juez instructora de "prolija, minuciosa y completa" y que la investigación llevada a cabo hasta entonces había sido "exhaustiva, meticulosa y amplia".
No obstante, meses antes del archivo de la causa en 2020 la fiscal superior de Asturias, Esther Fernández, admitió desconocer por qué motivo en la investigación inicial no se habían practicado una serie de diligencias y si, recurriendo a otras tecnologías, podría haberse dado otro resultado.
Veinte años después del asesinato, el crimen prescribirá a partir de hoy aún en el caso de que se pudiese identificar al culpable aunque para el único investigado todavía habrá que esperar unos meses para se aplique esa circunstancia una vez que se cumplan las dos décadas desde que se practicó la última diligencia con el exnovio de Sheila como detenido. EFE
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