
Como si de una pareja real se tratase, Al Bano y Romina Power se convirtieron en uno de los matrimonios más famosos del mundo gracias a su personalidad y, por desgracia, a uno de los sucesos que más traumáticos de la prensa del corazón de la década de los 90. Tras separar sus caminos en 1999, la expareja se volverá a reencontrar en El Hormiguero para presentar su próximo concierto en el Movistar Arena después de más de una década sobre un escenario español.
Aunque muchos lo han intentado, pocos dúos musicales han sabido equilibrar con tanta armonía la melodía y la vida privada como lo hicieron Al Bano y Romina Power. Y es que, su historia no fue solo un amor de voces: fue la confluencia de dos mundos, dos culturas y dos corazones que, durante décadas, cantaron a la pasión desde la complicidad y la emoción.
El destino los reunió en los años sesenta, cuando el joven italiano Albano Carrisi, hijo de campesinos de Apulia y con un talento vocal inconfundible, ya comenzaba a abrirse camino en la música. Ella, Romina Power, hija de los actores de Hollywood Tyrone Power y Linda Christian, había crecido entre luces de estudio y guiones, cargando tanto con el glamour como con las sombras del apellido.
El primer cruce entre ambos se dio en el set de una película, en un momento de la historia en que los caminos del cine y la música aún se entrelazaban con frecuencia. Fue en ese ambiente creativo donde surgió la chispa inicial. “Ella era la típica americana y yo un chico del sur de Italia”, explicó el de San Marco en el plató de ¡De Viernes!. El amor floreció rápidamente, y en 1970 sellaron su unión con matrimonio. Fue entonces cuando la fusión artística se volvió inevitable. Romina, que hasta entonces no se había dedicado profesionalmente al canto, encontró en Al Bano no solo un compañero sentimental, sino también un guía musical. Juntos, comenzaron a construir una identidad sonora que combinaba la intensidad melódica italiana con un aire internacional.
Su carrera como dúo arrancó con fuerza en los años setenta, pero fue realmente durante los ochenta cuando su popularidad alcanzó dimensiones internacionales. Temas como Felicità, Sharazan y Ci sarà no solo encabezaron listas de éxitos, sino que se convirtieron en himnos para todas las generaciones. Su estilo melódico, cargado de romanticismo y armonías dulces, evocaba un tipo de amor idealizado, casi de cuento. Esa aura se reforzaba con la imagen que proyectaban: un matrimonio feliz, en sintonía en lo personal y lo profesional.

Una gran tragedia que rompió con todo
Sin embargo, como dicen, no es oro todo lo que reluce, y mantener el equilibro entre la vida familiar y la exposición pública no debe de ser tarea fácil, además que las exigencias del mundo del espectáculo y las diferencias personales fueron sumando tensiones.
Pero la tragedia más dolorosa llegó en 1994, cuando su hija mayor, Ylenia, desapareció sin dejar rastro en Nueva Orleans. Ese hecho, marcado por el misterio y el dolor profundo, y que empapeló todas las portadas de la prensa internacional, supuso un antes y un después para ambos. Aunque nunca se confirmó qué ocurrió con Ylenia, su ausencia dejó una huella imborrable en la familia. El impacto emocional afectó no solo su vida privada, sino también su dinámica como dúo artístico.
“Romina se marchó de la casa en la que habíamos vivido. Una casa que estaba llena de vida. De un día para otro se llenó de tristeza y de fantasmas que te perseguían de noche. Era una casa que parecía una tumba. Yo siempre he respetado a Romina porque es la madre de mis hijos. Sobre el asunto de mi hija Ylenia tenemos ideas diferentes. Yo respeto sus ideas. Romina ha vivido sueños. Cada uno tiene derecho de vivir la vida como desea. La pérdida de un hijo nunca termina, solo cuando uno se muere", recordó él en el programa de Telecinco.

A fines de los años noventa, Al Bano y Romina decidieron poner fin a su colaboración profesional. Y poco después, también se disolvió su matrimonio. Durante años, cada uno siguió caminos separados: él continuó su carrera como solista, ella optó por alejarse del escenario por un tiempo. Aunque seguían compartiendo el amor por sus hijos y el recuerdo de una vida compartida, el vínculo artístico parecía cosa del pasado.
Sin embargo, la historia aún tenía un giro más. A partir de 2013, sorprendieron al mundo con su reencuentro musical. Lo que se pensó irrepetible volvió a cobrar vida sobre los escenarios. Conciertos multitudinarios en Rusia, Polonia y, por supuesto, en Italia, mostraron que el público aún los recibía con el mismo entusiasmo de antaño. Ya no eran la joven pareja romántica, sino dos artistas maduros que habían atravesado tormentas y regresaban con una nueva oportunidad emocional.
Sobre los escenarios no volvió a haber promesas sentimentales, ni insinuaciones de reconciliación amorosa: fue, más bien, una celebración del pasado compartido, una muestra de respeto mutuo y del valor de la historia común. Romina y Al Bano, ahora convertidos en leyenda, demuestran que el amor también puede subsistir en formas distintas: como recuerdo, complicidad y arte.
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